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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Epístola


Epístola



Una epístola es una escritura dirigida o enviada a una persona o un grupo de personas que habitualmente toma la forma de carta; tras el Humanismo del Renacimiento la epístola se transformó en un texto casi ensayístico dignificado por un estilo exigente y formal, muy a menudo provisto de intención didáctica o moral, pero otras veces consagrado a una mera función distractiva.

Las cartas de Apóstoles a Cristianos en el Nuevo Testamento son a menudo denominadas epístolas. Por otra parte, se entiende también como epístola una composición poética en la que el autor se dirige a un receptor bien determinado, real o imaginario, que se considera ausente; la forma métrica habitual de este tipo de poemas es el terceto encadenado o el verso blanco. En el contexto de una liturgia, "la epístola" puede referirse más expresamente a un paso particular de una epístola del Nuevo Testamento que es programada para ser leído durante un cierto día o en una cierta ocasión.

Las cartas o epístolas suelen reunirse en colecciones llamadas epistolarios; estos pueden ser de distintos tipos, según agrupen las cartas por autores, corresponsales, temas o fechas; los epistolarios más completos deben recoger también las epístolas que escriben los corresponsales, personajes que son habitualmente excluidos a causa de no ser tan famosos como el autor a quien están consagradas estas colecciones, aunque también porque es muy difícil que se conserve este tipo de literatura efímera; también puede utilizarse la epístola como mecanismo narrativo que enfoca un determinado punto de vista y escribir novelas en forma de cartas/epístolas, las novelas epistolares, como por ejemplo Proceso de cartas de amores de Juan de Segura, Pamela, o La virtud recompensada de Samuel Richardson, Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos o la primera parte de Pepita Jiménez de Juan Valera.

El Humanismo del Renacimiento prodigó las epístolas en prosa y en verso, en línea con el afán comunicativo y abierto que tenía el género y era afín a los ideales de esta estética, y no siempre tenían por qué tener un destinatario, éste podía ser muchas veces ficticio o un mero pretexto para el desahogo personal. Petrarca, aislado en los siglos oscuros, escribió cartas a escritores paganos y cristianos ya fallecidos para sentirse menos solo: a Cicerón y a San Agustín, otro ciceroniano, por ejemplo; Erasmo compuso asimismo cientos de epístolas; los humanistas españoles Hernando del Pulgar (con sus Letras) y fray Antonio de Guevara, con sus Epístolas familiares, contribuyeron también al género, que permitía libertades próximas al Ensayo; tal forma toman también ya en el siglo XVII las Cartas filológicas de Francisco Cascales. En el siglo XVIII fue un género muy cultivado; destan en especial las humorísticas (y un poco escabrosas y escatológicas) Cartas de Juan del Encina de José Francisco de Isla, o el Epistolario de Leandro Fernández de Moratín. En el siglo XIX el maestro indiscutible del género es Juan Valera, y Rafael Díez de la Cortina hizo una famosa gran colección, Modelos para cartas (1899) que ya iba por la vigésimo sexta impresión en 1908.
Estructura de la epístola

Según estudiosos del tema podemos distinguir una estructura que se encuentra en varias epistolas en las cuales se incluyen las siguientes partes:
Introducción
Primera parte, de carácter teórico-doctrinal
Segunda parte, exhortación moral
Conclusión
Véase también
Biblia
Carta
Epistolografía
Voto epistolar
Ensayo

Colección de cartas de distintos autores
Centro de documentación epistolar
El género epistolar en el siglo XXI: Querido Tom Waits, y Mario Vargas Llosa, por Carmen López García.

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