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lunes 2 de noviembre de 2009

Autobiografía - ALGUNAS NOTAS SOBRE ALGO QUE NO EXISTE - LOVECRAFT


Autobiografía
ALGUNAS NOTAS SOBRE ALGO QUE NO EXISTE
H. P. Lovecraft
(1890-1937)




Publicado de forma póstuma.
Título original en inglés: «Some Notes On A Nonentity»
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Para mí, la principal dificultad al escribir una autobiografía es encontrar algo importante que contar. Mi existencia ha sido reservada, poco agitada y nada sobresaliente; y en el mejor de los casos sonaría tristemente monótona y aburrida sobre el papel.
Nací en Providence, R.I. -donde he vivido siempre, excepto por dos pequeñas interrupciones- el 20 de agosto de 1890; de vieja estirpe de Rhode Island por parte de mi madre, y de una línea paterna de Devonshire domiciliada en el estado de Nueva York desde 1827.
Los intereses que me llevaron a la literatura fantástica aparecieron muy temprano, pues hasta donde puedo recordar claramente me encantaban las ideas e historias extrañas, y los escenarios y objetos antiguos. Nada ha parecido fascinarme tanto como el pensamiento de alguna curiosa interrupción de las prosaicas leyes de la Naturaleza, o alguna intrusión monstruosa en nuestro mundo familiar por parte de cosas desconocidas de los ilimitados abismos exteriores.
Cuando tenía tres años o menos escuchaba ávidamente los típicos cuentos de hadas, y los cuentos de los hermanos Grimm están entre las primeras cosas que leí, a la edad de cuatro años. A los cinco me reclamaron Las mil y una noches, y pasé horas jugando a los árabes, llamándome «Abdul Alhazred», lo que algún amable anciano me había sugerido como típico nombre sarraceno. Fue muchos años más tarde, sin embargo, cuando pensé en darle a Abdul un puesto en el sigloVIII y atribuirle el temido e inmencionable Necronomicon!
Pero para mí los libros y las leyendas no detentaron el monopolio de la fantasía. En las pintorescas calles y colinas de mi ciudad nativa, donde los tragaluces de las puertas coloniales, los pequeños ventanales y los graciosos campanarios georgianos todavía mantienen vivo el encanto del siglo XVIII, sentía una magia entonces y ahora difícil de explicar. Los atardeceres sobre los tejados extendidos por la ciudad, tal como se ven desde ciertos miradores de la gran colina, me conmovían con un patetismo especial. Antes de darme cuenta, el siglo XVIII me había capturado más completamente que al héroe de Berkeley Square; de manera que pasaba horas en el ático abismado en los grandes libros desterrados de la biblioteca de abajo y absorbiendo inconscientemente el estilo de Pope y del Dr. Johnson como un modo de expresión natural. Esta absorción era doblemente fuerte debido a mi frágil salud, que provocó que mi asistencia a la escuela fuera poco frecuente e irregular. Uno de sus efectos fue hacerme sentir sutilmente fuera de lugar en el período moderno, y pensar por lo tanto en el tiempo como algo místico y portentoso donde todo tipo de maravillas inesperadas podrían ser descubiertas.
También la naturaleza tocó intensamente mi sentido de lo fantástico. Mi hogar no estaba lejos de lo que por entonces era el límite del distrito residencial, de manera que estaba tan acostumbrado a los prados ondulantes, a las paredes de piedra, a los olmos gigantes, a las granjas abandonadas y a los espesos bosques de la Nueva Inglaterra rural como al antiguo escenario urbano. Este paisaje melancólico y primitivo me parecía que encerraba algún significado vasto pero desconocido, y ciertas hondonadas selváticas y oscuras cerca del río Seekonk adquirieron una aureola de irrealidad no sin mezcla de un vago horror. Aparecían en mis sueños, especialmente en aquellas pesadillas que contenían las entidades negras, aladas y gomosas que denominé «night-gaunts» [espectros nocturnos o alimañas descarnadas].
Cuando tenía seis años conocí la mitología griega y romana a través de varias publicaciones populares juveniles, y fui profundamente influido por ella. Dejé de ser un árabe y me transformé en romano, adquiriendo de paso una rara sensación de familiaridad y de identificación con la antigua Roma sólo menos poderosa que la sensación correspondiente hacia el siglo XVIII. En un sentido, las dos sensaciones trabajaron juntas; pues cuando busqué los clásicos originales de los cuales se tomaron los cuentos infantiles, los encontré en su mayoría en traducciones de finales del siglo XVII y del XVIII. El estímulo imaginativo fue inmenso, y durante una temporada creí realmente haber vislumbrado faunos y dríadas en ciertas arboledas venerables. Solía construir altares y ofrecer sacrificios a Pan, Diana, Apolo y Minerva.
En este período, las extrañas ilustraciones de Gustave Doré‚ -que conocí en ediciones de Dante, Milton y La balada del Antiguo Marinero- me afectaron poderosamente. Por primera vez empecé‚ a intentar escribir: la primera pieza que puedo recordar fue un cuento sobre una cueva horrible perpetrado a la edad de siete años y titulado «The Noble Eavesdropper» [El noble fisgón]. Este no ha sobrevivido, aunque todavía poseo dos hilarantes esfuerzos infantiles que datan del año siguiente: «The Mysterious Ship» [La nave misteriosa] y «The Secret of the Grave» [El secreto de la tumba], cuyos títulos exhiben suficientemente la orientación de mi gusto.
A la edad de casi ocho años adquirí un fuerte interés por las ciencias, que surgió sin duda de las ilustraciones de aspecto misterioso de «Instrumentos filosóficos y científicos» al final del Webster's Unabrigded Dictionary. Primero vino la química, y pronto tuve un pequeño laboratorio muy atractivo en el sótano de mi casa. A continuación vino la geografía, con una extraña fascinación centrada en el continente antártico y otros reinos inexplorados de remotas maravillas. Finalmente amaneció en mí la astronomía; y el señuelo de otros mundos e inconcebibles abismos cósmicos eclipsó todos mis otros intereses durante un largo período hasta después de mi duodécimo cumpleaños. Publicaba un pequeño periódico hectografiado titulado The Rhode Island Journalof Astronomy, y finalmente -a los dieciséis- irrumpí en la publicación real en la prensa local con temas de astronomía, colaborando con artículos mensuales sobre fenómenos de actualidad para un periódico local, y alimentando la prensa rural semanal con misceláneas más expansivas.
Fue durante la secundaria -a la que pude asistir con cierta regularidad- cuando produje por primera vez historias fantásticas con algún grado de coherencia y seriedad. Eran en gran parte basura, y destruí la mayoría a los dieciocho, pero una o dos probablemente alcanzaron el nivel medio del «pulp». De todas ellas he conservado solamente «The Beast in the Cave» [La bestia de la cueva] (1905) y «The Alchemist» [El alquimista] (1908). En esta etapa la mayor parte de mis escritos, incesantes y voluminosos, eran científicos y clásicos, ocupando el material fantástico un lugar relativamente menor. La ciencia había eliminado mi creencia en lo sobrenatural, y la verdad por el momento me cautivaba más que los sueños. Soy todavía materialista mecanicista en filosofía. En cuanto a la lectura: mezclaba ciencia, historia, literatura general, literatura fantástica, y basura juvenil con la más completa falta de convencionalismo.
Paralelamente a todos estos intereses en la lectura y la escritura, tuve una niñez muy agradable; los primeros años muy animados con juguetes y con diversiones al aire libre, y el estirón después de mi décimo cumpleaños dominado por persistentes pero forzosamente cortos paseos en bicicleta que me familiarizaron con todas las etapas pintorescas y excitadoras de la imaginación del paisaje rural y los pueblos de Nueva Inglaterra. No era de ningún modo un ermitaño: más de una banda de la muchachada local me contaba en sus filas.
Mi salud me impidió asistir a la universidad; pero los estudios informales en mi hogar, y la influencia de un tío médico notablemente erudito, me ayudaron a evitar algunos de los peores efectos de esta carencia. En los años en que debería haber sido universitario viré de la ciencia a la literatura, especializándome en los productos de aquel siglo XVIII del cual tan extrañamente me sentía parte. La escritura fantástica estaba entonces en suspenso, aunque leía todo lo espectral que podía encontrar -incluyendo los frecuentes sueltos extraños en revistas baratas tales como All-Story y TheBlack Cat-. Mis propios productos fueron mayoritariamente versos y ensayos: uniformemente despreciables y relegados ahora al olvido eterno.
En 1914 descubrí la United Amateur Press Association y me uní a ella, una de las organizaciones epistolares de alcance nacional de literatos noveles que publican trabajos por su cuenta y forman, colectivamente, un mundo en miniatura de crítica y aliento mutuos y provechosos. El beneficio recibido de esta afiliación apenas puede sobrestimarse, pues el contacto con los variados miembros y críticos me ayudó infinitamente a rebajar los peores arcaísmos y las pesadeces de mi estilo. Este mundo del «periodismo aficionado» está ahora mejor representado por la National Amateur Press Association, una sociedad que puedo recomendar fuerte y conscientemente a cualquier principiante en la creación. Fue en las filas del amateurismo organizado donde me aconsejaron por primera vez retomar la escritura fantástica; paso que dí en julio de 1917 con la producción de «La tumba» y «Dagon» (ambos publicados después en Weird Tales) en rápida sucesión. También por medio del amateurismo se establecieron los contactos que llevaron a la primera publicación profesional de mi ficción: en 1922, cuando Home Brew publicó un horroroso serial titulado «Herbert West - Reanimator». El mismo círculo, además, me llevó a tratar con Clark Ashton Smith, Frank Belknap Long, Wilfred B. Talman y otros después celebrados en el campo de las historias extraordinarias.
Hacia 1919 el descubrimiento de Lord Dunsany -de quien tomé la idea del panteón artificial y el fondo mítico representado por «Cthulhu», «Yog-Sothoth», «Yuggoth», etc.- dio un enorme impulso a mi escritura fantástica; y saqué material en mayor cantidad que nunca antes o después. En aquella época no me formaba ninguna idea o esperanza de publicar profesionalmente; pero el hallazgo de Weird Tales en 1923 abrió una válvula de escape de considerable regularidad. Mis historias del período de 1920 reflejan mucho de mis dos modelos principales, Poe y Dunsany, y están en general demasiado fuertemente inclinadas a la extravagancia y un colorismo excesivo como para ser de un valor literario muy serio.
Mientras tanto mi salud había mejorado radicalmente desde 1920, de manera que una existencia bastante estática comenzó a diversificarse con modestos viajes,dando a mis intereses de anticuario un ejercicio más libre. Mi principal placer fuera de la literatura pasó a ser la búsqueda evocadora del pasado de antiguas impresiones arquitectónicas y paisajísticas en las viejas ciudades coloniales y caminos apartados de las regiones más largamente habitadas de América, y gradualmente me las he arreglado para cubrir un territorio considerable desde la glamorosa Quebec en el norte hasta el tropical Key Westen el sur y el colorido Natchez y New Orleans por el oeste. Entre mis ciudades favoritas, aparte de Providence, están Quebec; Portsmouth, New Hampshire; Salem y Marblehead en Massachusetts; Newport en mi propio estado; Philadelphia; Annapolis; Richmond con su abundancia de recuerdos de Poe; la Charleston del siglo XVIII, St. Augustine del XVI y la soñolienta Natchez en su peñasco vertiginoso y con su interior subtropical magnífico. Las «Arkham» y «Kingsport» que salen en algunos de mis cuentos son versiones más o menos adaptadas de Salem y Marblehead. Mi Nueva Inglaterra nativa y su tradición antigua y persistente se han hundido profundamente en mi imaginación y aparecen frecuentemente en lo que escribo. Vivo actualmente en una casa de 130 años de antigüedad en la cresta de la antigua colina de Providence, con una vista arrobadora de ramas y tejados venerables desde la ventana encima de mi escritorio.
Ahora está claro para mí que cualquier mérito literario real que posea está confinado a los cuentos oníricos, de sombras extrañas, y «exterioridad» cósmica a pesar de un profundo interés en muchos otros aspectos de la vida y de la práctica profesional de la revisión general de prosa y verso. Por qué es así, no tengo la menor idea. No me hago ilusiones con respecto al precario estatus de mis cuentos, y no espero llegar a ser un competidor serio de mis autores fantásticos favoritos: Poe, Arthur Machen, Dunsany, Algernon Blackwood, Walter de la Mare, y Montague Rhodes James. La única cosa que puedo decir en favor de mi trabajo es su sinceridad. Rechazo seguir las convenciones mecánicas de la literatura popular o llenar mis cuentos con personajes y situaciones comunes, pero insisto en la reproducción de impresiones y sentimientos verdaderos de la mejor manera que pueda lograrlo. El resultado puede ser pobre, pero prefiero seguir aspirando a una expresión literaria seria antes que aceptar los estándares artificiales del romance barato.
He intentado mejorar y hacer más sutiles mis cuentos con el paso de los años, pero no logré el progreso deseado. Algunos de mis esfuerzos han sido mencionados en los anuarios de O'Brien y O. Henry, y unos pocos tuvieron el honor de ser reimpresos en antologías; pero todas las propuestas para publicar una colección han quedado en nada. Es posible que uno o dos cuentos cortos puedan salir como separatas dentro de poco. Nunca escribo si no puedo ser espontáneo: expresando un sentimiento ya existente y que exige cristalización. Algunos de mis cuentos involucran sueños reales que he experimentado. Mi ritmo y manera de escribir varían bastante en diferentes casos, pero siempre trabajo mejor de noche. De mis producciones, mis favoritos son «The Colour Out of Space» [El color que cayó del cielo] y «The Music of Erich Zann» [La música de Erich Zann], en el orden citado. Dudo si podría tener algún éito en el tipo ordinario de ciencia ficción.
Creo que la escritura fantástica ofrece un campo de trabajo serio nada indigno de los mejores artistas literarios; aunque uno muy limitado, ya que refleja solamente una pequeña sección de los infinitamente complejos sentimientos humanos. La ficción espectral debe ser realista y centrarse en la atmósfera; confinar su salida de la Naturaleza al único canal sobrenaturalelegido, y recordar que el escenario, el tono y los fenómenos son más importantes para comunicar lo que hay que comunicar que los personajes y la trama. La «gracia» de un cuento verdaderamente extraño es simplemente alguna violación o superación de una ley cósmica fija, una escapada imaginativa de la tediosa realidad; por lo tanto son los fenómenos más que las personas los «héroes» lógicos. Los horrores, creo, deben ser originales: el uso de mitos y leyendas comunes es una influencia debilitadora. La ficción publicada actualmente en las revistas, con su orientación incurable hacia los puntos de vista sentimentales convencionales, estilo enérgico y alegre, y artificiales tramas de «acción», no puntuan alto. El mejor cuento fantástico jamás escrito es probablemente «The Willows» [Los sauces] de Algernon Blackwood.
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23 de noviembre de 1933




sábado 31 de octubre de 2009

GANDHI (1869-1948)

GANDHI
(1869-1948)
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"Quizas las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre
semejante fuese una realidad
de carne y hueso en este mundo"
Albert Einstein
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Mohandas Karamchand Gandhi,
al que Tagore dió el calificativo de Mahatma (Alma Grande),
nació en Portadar (India) en 1869.
Cuando tenía 13 años de edad,
contrajo matrimonio con Kasturbai Nakanji.
Estudió leyes en Londres y posteriormente ejerció
la abogacia en su país.
Durante su prolongada estancia en Sudáfrica
intervino activamente contra las segregaciones raciales
y perfiló sus métodos de lucha no violenta,
fundando comunidades ergidas por principios tomados
de la tradición hindú y de algunos teóricos occidentales
.A su regreso a la India, en 1914,
adoptó el modo de vida y vestimenta hindúes,
organizó la resistencia pacífica
contra los colonizadores británicos
y fue encarcelado varias veces.
Elegido presidente del Partido del Congreso,
participó en la Conferencia de 1931
en la que se reclamaba la independencia de la India.
Desarrolló numerosas actividades de luchas pacíficas
y a favor de las comunidades más marginadas de su país.
Tras un prolongado ayuno,
fue excarcelado última vez en 1944
y participó en las negociaciones que condujeron a la independencia de la India,
aunque siempre se opuso a la separación de Pakistán.
Ghandi murió en Delhi,
asesinado por un fanático hindú,en 1948.
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OTRA BIOGRAFIA:
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Una de las personalidades más importantes y trascendentes del siglo XX,
Gandhi permanece en la memoria colectiva de la Humanidad
como símbolo de la acción política
y reivindicativa fundamentada en el espiritualismo
y en la resistencia pacífica.
Mohandas Karamchad era el hijo pequeño
de la familia Gandhi.
Su padre era un abogado de cierto prestigio
casado en cuatro ocasiones.
De la última de sus uniones, con Pulitnai,
fue fruto el que posteriormente sería denominado
"el Mahatma",
alma grande.
De su infancia y primera juventud sabemos
que no fue aplicado en los estudios
y que sentía verdadera devoción y respeto hacia sus padres.
Se trataba de un muchacho tímido,
retraído, característica que no abandonará
a lo largo de su vida.
A los siete años, conforme a la tradición hindú,
sus padres concertaron su matrimonio con una niña de su misma edad,
Kasturbai Makanji,
con quien se casará al cumplir trece años.
Ambos permanecerán unidos durante toda su vida,
siendo su reservada esposa el apoyo silencioso de las actividades de Gandhi.
A los dieciocho años Gandhi aprobó el examen
que le capacitaba para cursar estudios superiores.
Personalmente se inclinaba por la Medicina,
pero la opinión de sus familiares era que debía estudiar abogacía,
como su padre.
Había en su opinión razones para ello:
su padre hacía poco que había fallecido,
y seguir su carrera era la mejor manera de honrar su memoria;
además, un resultaría imposible para un seguidor de Visnu compaginar
sus creencias con prácticas médicas como la disección o la cirugía,
por más que los fines fueran la curación del paciente.
Así, encaminado al estudio del Derecho,
se decidió que el mejor lugar para hacerlo sería Inglaterra.
En Londres, Gandhi se esforzó por integrarse en una cultura
radicalmente diferente.
Se compró varios trajes,
tomó clases de baile e incluso aprendió a anudarse la corbata
. Sin embargo, lo más importante y decisivo fue la lectura de dos libros
que marcarán profundamente su existencia:
la Biblia y el Bhagavadgita.
Del primero le cautivaron ciertos pasajes en los que se postula el pacifismo a ultranza y la ausencia de respuesta a las agresiones:
"a quien te hiere en un mejilla, preséntale también la otra" (Sermón de la Montaña).
Del segundo, libró sagrado del hinduismo,
Gandhi extrajo avergonzado
-no en vano había tardado veinte años en leerlo-
enseñanzas acerca de la moral, la capacidad de esfuerzo
y la resistencia tenaz ante la adversidad.
Tras graduarse como abogado en 1891,
Gandhi regresó a la India para ejercer su profesión,
intentándolo en Bombay y Rajkot.
Sin embargo, dos problemas de complicada solución se cruzaron en su camino y le hicieron fracasar en su empeño:
su profundo retraimiento, que le dificultaba hablar en público,
y su ignorancia de las particularidades del derecho hindú.
De todas maneras, extrajo una enseñanza positiva de su experiencia,
pues halló que tenía habilidad para redactar escritos jurídicos y reclamaciones.
Gracias a esto consiguió empleo como consultor
en la empresa Daba Abdulla & Co,
que le destinó a su delegación en África del Sur.
En este país, la existencia de una gran comunidad hindú
era fruto de la emigración en busca de mejores condiciones económicas.
Sudáfrica era, como la India, colonia inglesa,
aunque en su suelo se observaban fuertes enfrentamientos entre ingleses y boers holandeses.
La situación de la minoría hindú era de marginación
y carencia de medios básicos de subsistencia,
lo que pronto pudo observar Gandhi.
Así, además de al ejercicio de la abogacía,
Gandhi se dedicó a la creación de un partido político
que aglutinara los intereses de los hindúes
y luchara por defenderlos: en 1894 nació el Natal Indian Congress,
órgano reivindicativo principal de la minoría hindú en Sudáfrica.
Al estallar la guerra entre boers e ingleses,
Gandhi tomó partido por los británicos
y reclutó voluntarios entre la comunidad hindú
para conducir ambulancias que atendieran a los heridos.
Sin duda en su decisión pesaron sus creencias y su educación en valores como la caridad
y la ayuda al prójimo,
así como el hecho de considerarse miembro del Imperio Británico.
No en vano, Gandhi vestía a la inglesa,
gozaba de altos ingresos y residía en una de las zonas más cotizadas de Durban.
También en Sudáfrica ocurrieron otros acontecimientos fundamentales
para la vida de Gandhi, como lo fue la lectura de textos
cuyas enseñanzas calarían hondo en su manera de pensar y actuar.
Gracias a la influencia de los textos de John Ruskin,
Gandhi pasó a valorar en primer término el trabajo manual,
es decir, lo conseguido por uno mismo mediante su propio esfuerzo;
de Henry David Thoreau extrajo el concepto de desobediencia civil
como modo de lucha y resistencia del individuo
frente a la injusticia de las instituciones;
por último, recibió la influencia del pensamiento de Tolstoi,
valorando el anarquismo pacifico como una opción transformadora de la realidad social.
La síntesis resultante fue una doctrina original en su conjunto,
que no en todos sus componentes, elaborada por Gandhi
utilizando todas las influencias recibidas.
Dos principios propios de la mística hindú fueron la base de su sistema de pensamiento:
la "satyagraha", "fuerza de la verdad", del que deriva el concepto de resistencia pasiva,
y la "ahimsa", "no violencia".
El primero supone la búsqueda de la verdad como camino de rectitud y virtud;
es, por tanto, una acción,
por más que su componente sea físicamente pasivo:
resistencia, vigor y fe son creencias que tienen su reflejo en los actos individuales.
El segundo, la "no violencia", deriva de la "satyagraha",
y es su consecuencia directa:
la fuerza de la verdad hará que se imponga por sí misma,
no mediante la violencia; por ello,
el daño que nos es infligido no ha de obtener una respuesta violenta por nuestra parte,
sino la confirmación de nuestra posición a modo de resistencia.
En 1906, los principios teóricos comenzaron a tener visos de practicidad.
Una orden del gobierno británico obligaba a censar a todos los asiáticos
en un registro aparte,
debiéndoles ser tomadas las huellas dactilares de los diez dedos de las manos.
Inmediatamente, Gandhi respondió con la resistencia pasiva,
lo que produjo su entrada en prisión junto con ciento cincuenta de sus seguidores.
Se producía así el acto inicial de un camino de lucha contra la opresión que se desarrollará a lo largo de toda su vida.
Cuatro años más tarde decide poner en práctica sus principios de austeridad
y espiritualidad.
Así, renuncia a su profesión de abogado y a todos sus bienes
y crea una comunidad autosuficiente que denominó Granja Tolstoi.
En ella se postulaba el trabajo individual en beneficio de la comunidad
y la reducción de lo considerado superfluo
y accesorio, como la ostentación en la vestimenta o en la alimentación.
El principio fundamental era que cada individuo pudiera crear
con sus propias manos todo aquello cuanto le fuera necesario,
siendo lo demás considerado banal.
Además, se hacía obligatorio el trabajo a diario en los cultivos
y la asistencia a las ceremonias religiosas
correspondientes a las creencias de cada integrante del grupo.
Con motivo de la I Guerra Mundial, Gandhi se propuso extender
sus creencias a su propio país.
Fue recibido con todos los honores, pues su fama de hombre sabio
y espiritual le precedía allá por donde fuera.
Tagore le impuso el sobrenombre de el "Mahatma", alma grande",
y para los hindúes se había convertido en un guía espiritual,
un "karmayogui", es decir, una persona rodeada de santidad
y despendedora de bondades.
En 1915 fundó una comunidad parecida a la de Durban,
la Ahmadabad el Sabarmati-Ashram,
desde donde irradió toda su doctrina por la India.
Pronto, su pensamiento y modo de vida fueron tomados como ejemplo
de lucha contra el Imperialismo británico.
Dolido por las condiciones de miseria en que debían vivir sus compatriotas,
Gandhi llevó sus actos aun hasta mayores extremos:
eliminó cualquier atisbo de ostentación de sus ropas
y se alimentó con lo estrictamente necesario.
Igualmente, rechazó sus antiguas convicciones occidentales
y asumió su propia cultura hindú,
en la creencia de que la opresión británica no sólo empobrecía
la economía del pueblo hindú sino también sus almas.
Acabada la I Guerra Mundial, Gandhi se aproximó en sus objetivos al nacionalista
Partido del Congreso, organizando una campaña de desobediencia civil en 1919,
protestando por el mantenimiento del estado
de excepción una vez finalizado el conflicto bélico.
Así, los hindúes fueron llamados a no pagar impuestos,
no participar en actos públicos y no consumir productos ingleses.
Su prestigio como hombre sabio y desinteresado se acrecentaba día a día,
contándose ya por millones sus seguidores.
En consecuencia, sus consignas tenían un peso fundamental y en nada desdeñable.
La respuesta británica se produjo en forma de juicio en 1922,
tras el que fue condenado a seis años de prisión.
No los cumplió, pues fue excarcelado por motivos de salud,
pasando desde ese momento a dirigir al Partido del Congreso.
La fuerza política de Ghandi se acrecentó aun más
con motivo de la "marcha de la sal",
organizada para romper simbólicamente el monopolio británico sobre este producto.
En ella, Gandhi y miles de seguidores caminaron
hasta el mar para recoger un puñado de sal.
Nuevamente pasó por la cárcel, lo que demostraba su peso en la sociedad hindú y el temor que procuraba a los británicos.
Pero también se hacía patente que se trataba de una figura de referencia,
con quien los administradores coloniales
deberían dialogar para lograr la normalización de la India.
Así, fue liberado en 1931 para poder participar
en la Round Table Conference de Londres,
reunión en la que se trató la independencia de la India.
El fracaso de la negociación propició que Gandhi fuera nuevamente encarcelado a su vuelta. Desde la cárcel comenzó una serie de huelgas de hambre,
en protesta por los malos tratos infligidos a los parias o intocables,
tenidos por impuros, por parte del resto de la comunidad hindú.
Con su esfuerzo logró en 1932 que se firmara el pacto de Yeravda,
mediante el cual los parias fueron admitidos a participar en los comicios electorales,
si bien su situación de marginación, fruto de la sociedad de castas,
aun permanece en buena medida.
Otro punto de inflexión en el proceso de independencia de la India
se produjo con motivo de la II Guerra Mundial.
Los británicos ignoraron a la comunidad hindú,
embarcándola en una guerra extraña y lejana.
En consecuencia, Gandhi y el Partido del Congreso extremaron sus posturas
y su campaña de desobediencia,
negándose a participar en cualquier actividad relacionada con la guerra
y exigiendo la independencia del país.
Preocupado por un conflicto que resultaría desastroso para la Humanidad,
Gandhi solicitó por carta a Hitler que parara las acciones bélicas, lo que evidentemente fue desoído por el dictador alemán.
Sus protestas le llevaron a la cárcel en 1942,
junto con su esposa y dirigentes del Partido.
En prisión, no comió durante 21 días.
Su esposa murió, encarcelada, un año más tarde,
mientras que Gandhi fue liberado en 1944.
Finalizada la guerra, Gran Bretaña planeaba dividir a su colonia en dos partes,
la India y Pakistán, a lo que Gandhi se opuso.
El proyecto británico planeaba la creación de dos países
en virtud de las religiones predominante en cada uno de ellos,
la hindú en la India y la musulmana en Pakistán.
Con motivo de la decisión, se produjeron fuertes enfrentamientos entre ambas comunidades.
Sin embargo, Gandhi no pudo evitar la decisión del Primer Ministro Atlee,
lo que le supuso una fuerte decepción,
pues siempre había soñado con una India unida
en la que tuviesen cabida todas las religiones conviviendo pacíficamente.
El 15 de agosto de 1947 la India y Pakistán son declarados independientes
del Imperio Británico.
Un año más tarde, tras cenar con el primer jefe de gobierno hindú,
Nehru, se retiró a orar junto con dos de sus seguidores.
Una multitud le esperaba congregada en el jardín de la Birla House,
deseosa de ver y tocar al Mahatma.
Entre ella estaba Hathuram Godse,
un fanático religioso que acusaba a Gandhi de traidor
por propugnar la convivencia con los musulmanes.
Era el 30 de enero de 1948, y Godse le disparó tres tiros a quemarropa.
Gandhi se sintió morir, pero aun tuvo tiempo de perdonar a su asesino.



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