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viernes, 2 de mayo de 2008

ESCRITO APOCALIPTICO -- APOCALIPSIS DE SAN JUAN

ESCRITO APOCALIPTICO -- APOCALIPSIS DE SAN JUAN
Apocalipsis
Análisis del libro


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La lectura del libro del Apocalipsis se debe hacer en varios planos (literal, simbólico, por su género literario, con el contexto histórico en que fue escrito, por el mensaje de fondo del que habla, etc.) Es necesario comprender todos estos niveles para entender el libro del Apocalipsis y para evitar interpretarlo solamente desde la perspectiva de actitudes de los movimientos apocalípticos que se centran únicamente en el terror que causaría un supuesto fin del mundo:

Una lectura literal del libro puede dejar distintas impresiones en el lector, pero es importante no quedarse solamente en este nivel, sino profundizar más para una mejor comprensión. Actualmente hay un enfoque hacia la interpretación de un tema y la metodología que hizo posible dicho texto interpretativo, dicho enfoque implica que cuando un comentarista expone sobre la revelación de Juan, tiene que exponer el criterio y la metodolgía usada.
- El Apocalipsis de Juan pertenece de hecho al género Apocalíptico, aunque presenta algunas características que lo diferencian del resto de la literatura apocalíptica.
-El nivel histórico permite también ubicar la época del autor, junto con las crisis y sucesos que podrían haber influido en la escritura tanto del libro en general, como de ciertos pasajes particulares .
-A nivel simbólico es posible entender también lo que para el autor representarían los numerosos símbolos que aparecen en el libro.
-Es importante no olvidar que, en último término, el libro es un escrito cristiano, y que como tal, lleva implícito el mensaje que se encuentra en los Evangelios, centrado en la figura de Jesucristo.



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APOCALIPSIS+

1,1 +Apocalipsis de Jesucristo.
Dios le confió esta revelación para que enseñara a sus servidores lo que va a suceder pronto.
El envió a su ángel para que se lo transmitiera en forma de visiones a su servidor Juan,
1,2 el cual dice lo que vio, afirmando que ésa es Palabra de Dios y Testimonio solemne de Jesucristo.
1,3 Feliz el que lea públicamente estas palabras proféticas, y felices quienes las escuchen y hagan caso de este mensaje, pues el tiempo está cerca.
1,4 +Juan a las siete Iglesias de Asia:
reciban gracia y paz de Aquel que Es, que era y que viene,
de parte de los Siete Espíritus que están delante de su trono,
1,5 y de parte de Cristo Jesús, el Testigo fiel, el primer nacido de entre los muertos, el rey de, los reyes de la tierra, el que nos ama,
1,6 el que nos purificó de nuestros pecados por su sangre, haciendo de nosotros un Reino y Sacerdotes de Dios su Padre. A él la Gloria y el Poder por los siglos de los siglos. ¡Amén!
1,7 Miren que viene entre las nubes, y todos lo verán, aun los que lo hirieron -y llorarán por su muerte todas las naciones de la tierra. Sí, así será.
1,8 Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, El que Es, el que era y el que ha de venir; el Señor del Universo.
1,9 +Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las pruebas, el reino y la perseverancia en Jesús, me encontraba en la Isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y por haber proclamado a Jesús.
1,10 Se apoderó de mí el Espíritu, el día del Señor, y oí a mis espaldas una voz que sonaba como trompeta:
1,11 «Escribe en un libro lo que veas, y manda ese libro a las siete Iglesias de Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatirá, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»
1,12 Me volví para ver quién me hablaba; detrás de mí había siete candeleros de oro,
1,13 y en medio de los candeleros vi a uno que es como Hijo de Hombre, con un vestido que le llegaba hasta los pies y un cinturón de oro a la altura del pecho.
1,14 Su cabeza y sus cabellos son blancos, como lana blanca, como nieve, y sus ojos parecen llamas de fuego.
1,15 Sus pies son semejantes a bronce pulido, cuando está en horno ardiente. Su voz es como estruendo de grandes olas.
1,16 En su mano derecha tiene siete estrellas, y de su boca sale una espada de doble y agudo filo. Su cara es como el sol cuando brilla con toda su fuerza.
1,17 Al verlo, caí como muerto a sus pies; pero me tocó con la mano derecha y me dijo: «No temas nada, soy Yo, el Primero y el Ultimo.
1,18 Yo soy el que vive; estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos, y tengo en mi mano las llaves de la muerte y del infierno.
1,19 Escribe, pues, lo que has visto, tanto lo presente como lo que debe suceder después.
1,20 Entiende el significado secreto de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias, y los siete candeleros son las siete Iglesias.»
Los siete mensajes a las Iglesias

2,1 +Al ángel de la Iglesia de Efeso, escribe: Esto te manda decir el que tiene las siete estrellas en su derecha y que camina en medio de los siete candeleros de oro:
2,2 +Yo conozco tus obras y tus trabajos y sé que sufres pacientemente. No puedes tolerar a los malos, sometiste a prueba a los que se llaman a sí mismos apóstoles y los hallaste mentirosos.
2,3 Tampoco te falta la constancia; has padecido por mi Nombre sin desanimarte.
2,4 Sin embargo, tengo en contra tuya el que has perdido tu amor del principio.
2,5 Mira, acuérdate de dónde has caído, y arrepiéntete, volviendo a hacer lo que antes sabías hacer. En caso contrario, iré a ti y removeré tu candelero de donde fue colocado: eso, si no te arrepientes.
2,6 Algo más: noto en tu favor que aborreces la conducta de los nicolaítas, que yo también aborrezco.
2,7 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las Iglesias: «Al vencedor yo le daré de comer del árbol de le Vida que se halla en el Paraíso de Dios.»
2,8 +Escribe el ángel de la Iglesia de Esmirna: Así habla el Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y volvió a la vida.
2,9 Yo sé que tú sufres y eres pobre. En realidad, eres rico. Yo sé cómo te calumnian los que pretenden ser judíos y que más bien son la sinagoga de Satanás.
2,10 No te asustes de lo que vas a padecer. El diablo meterá a la cárcel a algunos de ustedes para ponerlos a prueba. Serán diez días de prueba. Permanece fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la Vida.
2,11 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las Iglesias: «El vencedor no tiene nada que temer de la segunda muerte.»
2,12 +Escribe al ángel de la Iglesia de Pérgamo: Así habla el que tiene la aguda espada de doble filo.
2,13 Sé dónde vives: allí donde está el trono de Satanás. Pero firmemente te aferras a mi Nombre; no has renegado de mí, ni siquiera en los días en que fue muerto Antipas, mi fiel testigo, ahí donde vives, en esa tierra de Satanás.
2,14 Es poco lo que tengo en contra tuya: toleras a los que tienen la doctrina de Balaam, el que enseñó a Balac la manera de hacer tropezar a los israelitas, comiendo carnes sacrificadas a los ídolos, y se hicieron adúlteros.
2,15 Asimismo, soportas a los partidarios de la doctrina de los nicolaítas.
2,16 Por eso arrepiéntete; si no, iré pronto a ti para combatir a esa gente con la espada que sale de mi boca.
2,17 El que tenga oídos escuche este mensaje del Espíritu a las Iglesias: «Al vencedor le daré maná misterioso. Le daré también una piedra blanca que lleva grabado un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe:»
2,18 +Escribe al ángel de la Iglesia de Tíatira: Así habla el Hijo de Dios, cuyos ojos son llama ardiente y sus pies: semejantes a bronce brillante.
2,19 Conozco tu proceder: tu amor, tu fe, tu servicio, tu perseverancia y tus últimos trabajos más numerosos que los primeros.
2,20 Pero tengo en contra tuya que dejas actuar a tu Jezabel, esa mujer que se llama a sí misma profetisa y enseña engañando a mis servidores, y los lleva a la inmoralidad sexual y a comer carnes sacrificadas, a los ídolos.
2,21 Le he otorgado tiempo suficiente para que se arrepienta, pero no quiere salir de su prostitución.
2,22 Por eso ahora la voy a arrojar en un lecho, y a los que cometieron adulterio con ella, los arrojaré en una prueba terrible, a no ser que se arrepientan de sus maldades.
2,23 A sus hijos los heriré de muerte, y sabrán todas las Iglesias que Yo soy el que conoce hasta los rincones del corazón y de la mente; y a cada uno de ustedes le pagaré según como se porten.
2,24 Ahora escúchenme los demás de Tiatira, los que no siguen esa doctrina ni han conocido los «misterios de Satanás», como dicen ellos: para ustedes no habrá ningún castigo;
2,25 solamente conserven lo que tienen hasta que yo venga.
2,26 Al que venza y se mantenga en mis caminos hasta el fin, le daré poder sobre las naciones;
2,27 las dirigirá con vara de hierro, y las quebrará como vasos de barro, haciendo igual que yo, que recibí de mi Padre este poder.
2,28 Además le daré la Estrella de la mañana.
2,29 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las Iglesias.

3,1 +Escribe al ángel de la Iglesia de Sardes: Así habla el que tiene los Siete Espíritus de Dios y las siete estrellas. Yo sé lo que vales: te creen vivo, pero estás muerto.
3,2 Despiértate y reanima lo que todavía no ha muerto. En realidad, delante de mi Dios encuentro muy imperfectas tus obras.
3,3 Recuerda la enseñanza que recibiste; guárdala y cambia de conducta. Pues, si no estás despierto, vendré como un ladrón sin que tú sepas a qué hora.
3,4 Con todo, en Sardes quedan algunos que no mancharon sus ropas; éstos me acompañarán vestidos de blanco, pues ellos lo merecen.
3,5 El vencedor vestirá de blanco. Nunca borraré su nombre del libro de la Vida; más bien lo proclamaré delante de mi Padre y de sus ángeles.
3,6 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las Iglesias.
3,7 +Escribe al ángel de la Iglesia de Filadelfia: Así habla el Santo, el Verdadero, el que guarda la llave de David: si él abre, nadie cerrará, y si cierra, nadie abrirá.
3,8 Yo sé lo que vales; he abierto delante de ti una puerta y aunque eres débil nadie la podrá cerrar, porque has guardado mi Palabra y no has renegado de mí.
3,9 Obligaré a los de la Sinagoga de Satanás, a esos mentirosos que se llaman judíos y no lo son, los haré venir a postrarse a tus pies y reconocerán que yo te he amado.
3,10 Y porque guardaste con perseverancia mis palabras, yo por mi parte te protegeré en la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero, para probar a los habitantes de la tierra.
3,11 Yo vendré pronto, guarda lo que tienes, no sea que alguien te arrebate el premio.
3,12 Al vencedor lo pondré como columna en el Templo de mi Dios, de donde no saldrá nunca jamás. En él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la que viene del Cielo, obra de Dios, y mi propio nuevo nombre.
3,13 El que tenga oídos, que escuche este mensaje del Espíritu a las Iglesias.
3,14 +Escribe al ángel de la Iglesia de Laodicea: Así habla el Amén, el Testigo fiel y verdadero, el Principio de las obras de Dios.
3,15 Yo sé lo que vales: no eres ni frío ni caliente; ojalá fueras lo uno o lo otro.
3,16 Desgraciadamente eres tibio, ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca.
3,17 Tú piensas: soy rico, tengo de todo, nada me falta. ¿No ves cómo eres un infeliz, un pobre, un ciego, un desnudo que merece compasión?
3,18 Sigue mi consejo: cómprate de mí oro refinado para hacerte rico, ropas blancas para cubrirte y no presentarte más desnudo para tu vergüenza; por fin, pídeme un colirio que te pongas en los ojos para ver.
3,19 Yo reprendo y corrijo a los que amo. ¡Vamos!, anímate y conviértete.
3,20 Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entraré a su casa a comer, Yo con él y él conmigo.
3,21 Al vencedor le concederé que se siente junto a mí en mi trono, del mismo modo que yo, después de vencer, me senté junto a mi Padre en su trono.
3,22 El que tenga oídos escuche este mensaje del Espíritu a las Iglesias.


MIRADA ATRÁS: CRISTO E ISRAEL
El trono en el cielo

4,1 +Después de esto miré: había una puerta abierta en el cielo y la voz que antes había oído como una trompeta me decía: «Sube aquí y te mostraré los acontecimientos que vendrán en seguida.»
4,2 En ese mismo momento se apoderó de mí el Espíritu y estuve contemplando esto: En el Cielo había un trono colocado y en el trono Alguien estaba sentado
4,3 que tenía aspecto como de jaspe verde y de ágata.
Alrededor del trono un arco iris arroja reflejos de esmeraldas.
4,4 Veinticuatro sillones rodean el trono, en los que están sentados veinticuatro Ancianos con blancas vestiduras y coronas de oro en la cabeza.
4,5 Del trono salen relámpagos, voces y truenos. Siete antorchas arden ante el trono, que son los Siete Espíritus de Dios.
4,6 Ante el trono se extiende un mar como de cristal transparente. A los cuatro lados del trono permanecen cuatro Vivientes llenos de ojos, por delante y por detrás.
4,7 El primer viviente se parece a un león; el segundo, a un toro; el tercero tiene cara como de hombre, y el cuarto es como águila en pleno vuelo.
4,8 Cada uno de los cuatro Vivientes tiene seis alas llenas de ojos por ambos lados y no cesan de repetir día y noche:
Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el Señor del Universo, Aquel que era, que es y que viene.
4,9 Cada vez que los Vivientes rinden gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, y que vive por los siglos de los siglos,
4,10 los veinticuatro Ancianos se arrodillan ante él, adorándolo. Arrojan sus coronas delante del trono diciendo:
4,11 Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el horror y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

La entrada del cordero
5,1 +Vi entonces en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro en forma de rollo escrito por ambos lados, sellado con siete sellos.
5,2 En ese mismo momento un ángel poderoso exclamó a toda voz: «¿Quién es digno de abrir el libro y de romper los sellos?»
5,3 Y no se encontró a nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de ella (entre los muertos) que fuera capaz de abrir el libro y de leerlo.
5,4 Yo, me quedé llorando al ver que nadie había sido hallado digno de abrir el libro ni de leerlo.
5,5 Entonces uno de los Ancianos me dijo: «No llores más: mira, ha vencido el León de la tribu de Judá, el Brote de David; él abrirá el libro de los siete sellos.»
5,6 Miré entonces: entre el trono con sus cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos, un Cordero estaba de pie, a pesar de haber sido sacrificado. Se le veían siete cuernos y siete ojos, que son los Siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra.
5,7 El Cordero se adelantó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono.
5,8 Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes se postraron ante el Cordero. Lo mismo hicieron los veinticuatro Ancianos; que tenían en sus manos arpas y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos.
5,9 Este es el cántico nuevo que cantan ellos:
Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, ya que tú fuiste degollado y por tu sangre compraste para Dios a hombres de toda raza, de toda lengua, pueblo y nación.
5,10 Los hiciste reino y sacerdotes para nuestro Dios y dominarán toda la tierra.
5,11 Yo seguía mirando; se oía el clamor de una multitud de ángeles reunidos alrededor del trono, de los Vivientes y de los Ancianos. Se contaban por millones y millones,
5,12 que gritaban a toda voz;
Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza.
5,13 Entonces oí la voz de toda la creación, el cielo, la tierra, el mar y el lugar de los muertos. Todos los seres que están en el universo clamaban:
Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de dos siglos.
5,14 Y los cuatro Vivientes decían el Amén, mientras los Ancianos se postraban y adoraban.

Los siete sellos
6,1 +Vi cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, y oí al primero de los cuatro Vivientes gritar como con voz de trueno: «Ven.»
6,2 Se presentó un caballo blanco. El que lo montaba tenía un arco. Lo coronaron y partió como vencedor y para seguir venciendo.
6,3 Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo Viviente gritar: «Ven.»
6,4 Salió entonces otro caballo color fuego. Al que lo montaba le ordenaron que desterrara la paz de la tierra, y que hiciera que se mataran unos a otros; para esto se le dio una gran espada.
6,5 Cuando abrió el tercer sello, oí gritar al tercer Viviente: «Ven.» Esta vez el caballo era negro y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.
6,6 Entonces de en medio de los cuatro Vivientes una voz pronunció estas palabras: «Una medida de trigo por una moneda de plata, y tres medidas de cebada por una moneda también. Pero no dañes al aceite ni al vino.»
6,7 Cuando abrió el cuarto sello, oí el grito del cuarto Viviente: «Ven.»
6,8 Se presentó un caballo verdoso. Al que lo montaba lo llaman la Muerte, y detrás de él montaba otro: el Lugar de los Muertos. Se le dio permiso para exterminar la cuarta parte de los habitantes de la tierra por medio de la espada, del hambre, de la peste y de las fieras.
6,9 Cuando abrió el quinto sello, divisé bajo el altar de los sacrificios, las almas de los que fueron degollados a causa de la Palabra de Dios, por haberla proclamado.
6,10 Se pusieron a gritar muy fuerte: «Dominador Santo y Justo, ¿hasta cuándo estarás sin hacer justicia y pedir cuentas por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?»
6,11 Entonces les dieron a cada uno un vestido blanco, diciéndoles que esperaran todavía un poco, hasta que se completara el número de sus hermanos y compañeros de servicio, que deben ser muertos como ellos.
6,12 Y mi visión siguió. Cuando el Cordero abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto. El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna toda se volvió como sangre,
6,13 y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como higos pasmados que caen de una higuera agitada por el huracán.
6,14 El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla y no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar.
6,15 Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y los poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros,
6,16 diciendo: «Caigan sobre nosotros cerros y rocas, y escóndannos del que se sienta en el trono, y de la cólera del Cordero.
6,17 Porque «ha llegado el Día grande de su enojo, ¿y quién lo podrá soportar?»

Los 144.000 de Israel y la muchedumbre de las otras naciones

7,1 +Después de esto divisé cuatro ángeles de pie en las cuatro esquinas de la tierra; retenían los cuatro vientos para que no se desataran contra la tierra, el mar y los árboles.
7,2 Otro ángel vino del oriente llevando el sello del Dios vivo y gritó con voz poderosa a los cuatro ángeles autorizados para hacer mal a la tierra y al mar:
7,3 «No hagan mal a la tierra, ni al mar, ni a los árboles hasta que hayamos señalado en la frente a los servidores de nuestro Dios.»
7,4 Supe entonces el número de los señalados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israel:
7,5 De la tribu de Judá: doce mil señalados. De la tribu de Rubén: doce mil señalados. De la tribu de Gad: doce mil señalados.
7,6 De la tribu de Aser: doce mil señalados. De la tribu de Neftalí: doce mil señalados. De la tribu de Manasés: doce mil señalados.
7,7 De la tribu de Simeón: doce mil señalados.
De la tribu de Leví: doce mil señalados.
De la tribu de Isacar: doce mil señalados.
7,8 De la tribu de Zabulón: doce mil señalados.
De la tribu de José: doce mil señalados.
De la tribu de Benjamín: doce mil señalados.
7,9 Después de esto, vi un gentío inmenso imposible de contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua que estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de blanco. Llevaban palmas en las manos
7,10 y gritaban con voz poderosa: «¿Quién salva sino nuestro Dios que se sienta en el trono y el Cordero?»
7,11 Todos los ángeles permanecían en torno al trono, a los Ancianos y a los cuatro Vivientes; se postraron entonces ante el trono, con el rostro en tierra para adorar a Dios.
7,12 Decían:
Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
7,13 En ese momento, uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Estos que visten ropas blancas, ¿quiénes son y de dónde vienen?»
7,14 Yo contesté: «Señor, tú eres el que lo sabes.» El anciano replicó: «Son los que llegan de la gran persecución: lavaron y blanquearon sus vestiduras en la sangre del Cordero.
7,15 Por eso están ante el trono de Dios y le sirven de día y noche en su templo. El que se sienta en el trono extenderá su tienda sobre ellos.
7,16 Ya nunca más sufrirán ni hambre ni sed, ni se verán agobiados ni por el. sol ni por ningún viento abrasador.
7,17 Porque el Cordero que está junto al trono será su Pastor y los llevará a las fuentes de las aguas de la vida, y Dios enjugará sus lágrimas.

8,1 +Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el Cielo como de media hora.
8,2 Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, los que entregaron siete trompetas:
8,3 Entonces vino otro ángel y se paró delante del altar de los perfumes con un incensario de oro. Le dieron muchos perfumes para que los ofreciera con las oraciones de todos los santos, en el altar de oro colocado delante del trono,
8,4 y la nube de perfumes, junto a las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios.
8,5 Después, el ángel tomó su incensario y lo llenó con brasas del altar y las lanzó sobre la tierra: estallaron truenos tremendos, relámpagos y terremotos.

Las siete trompetas

8,6 +Los siete ángeles de las siete trompetas se prepararon para tocar.
8,7 Tocó el primero y se produjo granizo y fuego, mezclado con sangre, que fueron lanzados a la tierra. Y la tercera parte de la tierra se quemó con la tercera parte de los árboles y toda hierba verde.
8,8 Tocó el segundo ángel y algo así como un inmenso cerro ardiendo en llamas fue echado al mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.
8,9 De este modo perecieron la tercera parte de los seres que viven en el mar y el tercio de los navíos.
8,10 Tocó el tercer ángel; y cayó del cielo una estrella grande; como un globo de fuego, sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes.
8,11 La estrella se llama Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas.
8,12 Tocó el cuarto ángel y quedó afectada la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas: perdieron un tercio de su claridad y lo mismo la noche.
8,13 Y mi visión siguió: sentí un águila que volaba por lo más alto del cielo y que decía con voz potente: « ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Pobres de los habitantes de la tierra cuando resuene el sonido de las trompetas que los tres últimos ángeles van a tocar.»

9,1 Y tocó el quinto ángel. Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del Abismo.
9,2 Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso homo, que oscureció el sol y el aire.
9,3 De ese humo salieron langostas que se esparcieron por la tierra. Podían causar el mismo daño que los alacranes de la tierra.
9,4 Se les ordenó que no dañaran ni praderas, ni hierbas, ni árboles, sino sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios.
9,5 No podían matarlos, sino únicamente atormentarlos durante cinco meses. El dolor que producen se parece al de la picadura del alacrán.
9,6 En esos días los hombres buscarán la muerte sin hallarla: querrán morir, pero la muerte se les esconderá.
9,7 Al verlas, estas langostas se parecen a caballos equipados para la guerra. Parece que tuvieran coronas de oro en la cabeza y cara como de seres humanos.
9,8 Sus cabellos son como cabellos de mujer, y sus dientes, molares de león;
9,9 sus pechos parecen corazas de hierro; y el ruido de sus alas, la bulla de un ejército de carros con muchos caballos que corren al combate.
9,10 Tienen colas como de alacranes, y las colas, aguijones para torturar durante cinco meses a los hombres.
9,11 Al frente, como rey, llevan al ángel del Abismo, cuyo nombre hebreo es Abadón y en griego Apoljón (en castellano: Destrucción).
9,12 El primer ¡Ay! ha pasado. Vienen otros dos ayes después de éste.
9,13 Tocó el sexto ángel. Entonces oí una voz que venía de las cuatro esquinas del altar de oro colocado delante de Dios,
9,14 y que le dijo al sexto ángel: «Suelta a los cuatro ángeles encadenados a orillas del gran río Eufrates.»
9,15 Y soltaron a los cuatro ángeles que esperaban la hora, el día, el mes y el año, listos para exterminar a un tercio de los hombres.
9,16 El número de los soldados a caballo era de doscientos millones: es el número que oí. En mi visión, yo vi esos caballos y a quienes los montaban.
9,17 Estos llevan corazas color de fuego, de jacinto y de azufre. Las cabezas de los caballos son como cabezas de leones, y de sus bocas sale fuego, humo y azufre.
9,18 Entonces un tercio de los hombres fue exterminado por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre que los caballos lanzaban por el hocico.
9,19 Porque el poder de los caballos está en el hocico; pero también en sus colas. En efecto, éstas son como serpientes, y tienen cabezas con las que hacen daño.
9,20 Sin embargo, los demás hombres, que no fueron exterminados por estas plagas, no renunciaron a los falsos dioses que se habían hecho: no dejaron de adorar a los demonios, a esos ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera, incapaces de ver, de oír o de andar.
9,21 No, no se arrepintieron de sus crímenes, ni de sus brujerías, ni de su inmoralidad sexual, ni de sus robos.
Se ha cumplido lo anunciado por los profetas

10,1 +Vi después a otro ángel vigoroso que bajaba del cielo envuelto en una nube. El arco iris rodeaba su cabeza, su cara era como el sol, y sus piernas como columnas de fuego.
10,2 En la mano tenía un librito abierto. Colocó el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra;
10,3 y gritó su anuncio con voz tremenda, semejante al rugido del león. Y al momento los. siete truenos entregaron su propio mensaje.
10,4 Yo me preparaba a escribir lo que habían dicho los siete truenos, cuando una voz desde el cielo me dijo: «Guarda en secreto las palabras de los siete truenos y no las escribas.»
10,5 Entonces el ángel que yo había visto de pie sobre el mar y la tierra, levantó la mano derecha al cielo,
10,6 jurando por. el que vive por los siglos de los siglos y que creó el cielo, la tierra, el mar, y cuanto hay en ellos. Dijo: «Ya no habrá más demora,
10,7 pues en el momento en que se oiga, al séptimo ángel tocar la trompeta, entonces se habrá cumplido el plan misterioso de Dios, tal como lo había hecho esperar por medio de sus siervos los profetas.»
10,8 Y la voz que me había hablado del cielo se dirigió de nuevo a mí y me dijo: «Acércate al ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra, y toma el librito, que tiene abierto en la mano.»
10,9 Fui, pues, donde el ángel a pedirle que me lo pasara; él me respondió: «Tómalo y cómetelo; será amargo para tu estómago, aunque en tu boca sea dulce como la miel.»
10,10 Tomé el librito que me pasaba el ángel y me lo comí. En mi boca era dulce como la miel, pero, cuando terminé de comerlo, se volvió amargo en mi estómago.
10,11 Entonces me dijeron: «Tienes que transmitir de nuevo las palabras de Dios relativas a numerosos pueblos, naciones, lenguas y reyes.»
Los dos testigos

11,1 +Después me entregaron una caña como una vara de medir, diciéndome: «Ven a medir el Templo de Dios y el altar, y haz el censo de los que allí adoran;
11,2 No te, preocupes en medir el patio exterior, porque fue entregado a los paganos, los cuales pisotearán la Ciudad Santa; durante cuarenta y dos meses.
11,3 Mientras tanto, encargaré mi Palabra a mis dos testigos que la proclamarán durante mil doscientos sesenta días, vestidos con ropa de luto.
11,4 Estos son los dos olivos y las dos antorchas que permanecen ante el Señor del mundo.
11,5 Si alguien intenta maltratarlos, un fuego saldrá de sus bocas que devorará a sus enemigos; sí, así perecerá el que intente maltratarlos.»
11,6 Tienen el poder de cerrar el cielo para que no caiga lluvia mientras dure el tiempo de su misión profética; tienen también poder de cambiar las aguas en sangre y de castigar la tierra con mil plagas, cada vez que quieran.
11,7 Pero, cuando mis testigos hayan concluido su misión, la Bestia que sube del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.
11,8 Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la Ciudad Grande que los creyentes llaman Sodoma o Egipto, en la que también el Señor de ellos fue crucificado.
11,9 Y sus cadáveres quedarán expuestos a las miradas de los hombres de todos los pueblos, razas, lenguas y naciones durante tres días, y medio y no dejarán que los sepulten.
11,10 Los habitantes de la tierra se alegrarán y felicitarán por ello, y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas eran un tormento para ellos.
11,11 Pero, pasados esos tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos: estaban de pie; lo que provocó gran espanto entre los mirones.
11,12 Entonces una voz poderosa les gritó desde el cielo: «Suban: Subieron, pues, en la nube al cielo, en presencia de sus enemigos.
11,13 En ese momento se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad, pereciendo en el cataclismo siete mil personas. Los demás, sobrecogidos de espanto, reconocieron al Dios del cielo.
11,14 El segundo ¡Ay! ya pasó. El tercero llega pronto.
11,15 +Tocó el séptimo ángel: Entonces resonaron grandes voces en el cielo: «Ahora el mundo ha pasado a ser Reino de nuestro Dios y de su Cristo. Sí, reinará por los siglos de los siglos.»
11,16 Los veinticuatro Ancianos, que estaban sentados en sus sillones delante de Dios, se postraron para adorar a Dios,
11,17 diciendo:
Te damos gracias, Señor,
Dios y Todopoderoso,
que eres y que eras,
por haber empezado a reinar,
valiéndote de tu poder invencible.
11,18 Las naciones se habían enfurecido,
pero llegó tu enojo,
el momento de juzgar a los muertos,
de premiar a tus siervos los profetas,
a tus santos y a cuantos honran
tu Nombre,
ya sean grandes o pequeños,
y destruir a los que destruían la tierra.
11,19 En ese momento, se abrió en el cielo el Santuario de Dios: dentro del Santuario se pudo ver el Arca de la Alianza de Dios. Y se produjeron relámpagos, truenos y rumores, terremoto y, fuerte granizada.
EL PORVENIR: LA IGLESIA Y EL MUNDO
La mujer y el dragón


12,1 +Apareció en el cielo una señal grandiosa: una Mujer, vestida del sol; con la luna bajo los pies y en su cabeza una corona de doce estrellas.
12,2 Está embarazada y grita de dolor, porque llegó su tiempo de dar a luz.
12,3 Apareció también otra señal: un enorme Monstruo rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos.
12,4 En sus cabezas lleva siete coronas, y con la cola barre un tercio de las estrellas del cielo, precipitándolas a tierra.
El Monstruo se detuvo delante de la Mujer qué da a luz, para devorar a su hijo en cuanto nazca.
12,5 Y la Mujer dio a luz un hijo varón, que debe gobernar todas las naciones con vara de hierro. Pero el niño fue arrebatado y llevado ante Dios y ante su trono,
12,6 mientras que la Mujer huía al desierto, donde tiene el refugio que Dios le ha preparado. Ahí la alimentarán durante mil doscientos sesenta días.
12,7 +En ese momento empezó una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el Monstruo. El Monstruo se defendía apoyado por sus ángeles,
12,8 pero no pudieron resistir, y ya no hubo lugar, para ellos en el cielo.
12,9 Echaron, pues, al enorme Monstruo, a la Serpiente antigua, al Diablo o Satanás, cómo lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él.
12,10 Entonces resonó en el cielo un griterío inmenso:
«Ya llegó la liberación
por el poder de Dios:
reina nuestro Dios y su Cristo manda.
Fue arrojado él que acusaba
a nuestros hermanos,
el que día y noche los acusaba
ante nuestro Dios.
12,11 Mas ellos lo han vencido,
por la sangre del Cordero
y por la valentía con que lo proclamaron,
ya que despreciaron su vida
hasta sacrificarla por el.
12,12 Por eso, alégrense los cielos,
y ustedes que viven en ellos.
¡Ay de ustedes, tierras y mares!
porque el diablo ha bajado a ustedes
temblando de furor,
al saber que sus días están contados.»
12,13 +Al verse arrojado a la tierra, el Monstruo se lanzó en persecución de la Mujer que había dado a luz al Varón.
12,14 Pero a la Mujer le dieron las dos alas del águila grande para que volara al desierto, al refugio en que, lejos de la serpiente, debe ser mantenida por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo.
12,15 Entonces la serpiente vomitó detrás de la Mujer como un río de agua para que la arrastrara.
12,16 Pero la tierra vino en socorro de la Mujer, abrió la boca y se tragó el río vomitado por el Monstruo.
12,17 Entonces, el Monstruo se enfureció contra la Mujer y se fue a hacer guerra a sus demás Flijos, es decir, a los que guardan los mandatos de Dios y tienen el mensaje de Jesús.
12,18 Y se quedó a brillas del mar.

La Bestia y el falso profeta

13,1 +Entonces vi subir del mar a una Bestia con siete cabezas y diez cuernos, en los cuernos diez coronas, y en las cabezas títulos que desafiaban a Dios.
13,2 La Bestia que yo veía era semejante a una pantera, aunque tenía patas de oso y boca de león; el Monstruo le entregó su propio poder y su trono, con un imperio inmenso.
13,3 Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada. Entonces la tierra entera, maravillada, siguió detrás de la Bestia.
13,4 Adoraron al Monstruo porque había entregado el imperio a la Bestia y también adoraron a la Bestia, diciendo: «¿Quién es como la Bestia y quién podría competir con ella?»
13,5 Se le permitió hacer proyectos orgullosos y blasfemar en contra de Dios, y pudo actuar como quería durante cuarenta y dos meses.
13,6 Se puso, pues, a lanzar insultos contra Dios, insultando su Nombre y su santuario, es decir, a los que ya habitan en el cielo.
13,7 Se le concedió hacer la guerra contra los santos y vencerlos, y se le dio poder sobre toda raza, pueblo, lengua y nación.
13,8 Y todos la adoraron, todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no se halla escrito, desde el principio del mundo, en el Libro de Vida del Cordero sacrificado.
13,9 El que tenga oídos, que escuche
13,10 «Quien está destinado a ir a la cárcel, irá a la cárcel; quien está destinado a muerte de espada, perecerá por la espada. Para los santos, es la hora de la perseverancia y de la fe.
13,11 Después vi surgir del continente otra bestia que llevaba dos cuernos como los del Cordero, pero hablaba como el Monstruo.
13,12 Esta aprovecha todo el poder de la primera Bestia y está totalmente a su servicio. Ella ha logrado que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal fue sanada.
13,13 Ella hace prodigios maravillosos, hasta mandar que baje el fuego del cielo a la tierra en presencia de todos.
13,14 Por medio de esos prodigios que le fue concedido obrar en servicio de la Bestia, ella engaña a los habitantes de la tierra, aconsejándoles que hagan una estatua de esa Bestia que, herida a espada, volvió a vivir.
13,15 Se le concedió hasta dar vida a la estatua de la Bestia, la cual puede hablar, y ha logrado que quienes no adoren esa imagen sean muertos.
13,16 Ha logrado, asimismo, que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente:
13,17 ya nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre.
Aquí verán quién es sabio.
13,18 Si ustedes son entendidos, interpreten la cifra de la Bestia. Se trata de un hombre, y su cifra es 666.
Los 144.000 en el Cerro Sión

14,1 +Tuve otra visión: el Cordero estaba de pie sobre el Cerro Sión, acompañado de ciento cuarenta y cuatro mil personas que llevan su nombre, y el nombre de su Padre, escrito en la frente.
14,2 Un rumor retumbaba en el cielo como el ruido de torrentes caudalosos o de estruendosos truenos. Era como un coro de cantores que cantan acompañándose con arpas.
14,3 Es el Canto Nuevo que se canta delante del trono, en presencia de los cuatro Vivientes y de los veinticuatro Ancianos. Y nadie lo puede aprender sino los ciento cuarenta y cuatro mil que han sido rescatados de entre los de la tierra.
14,4 Estos no pecaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero adonde quiera que vaya; éstos fueron los primeros, rescatados de entre los hombres, para ser de Dios y del Cordero.
14,5 Su boca no supo de mentiras: son vírgenes.
14,6 +Después vi un ángel que volaba en lo más alto del cielo, portador de un mensaje de eterna felicidad para anunciarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo.
14,7 Clamaba con fuerza: «Rindan a Dios honor y gloria, porque llegó la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y las fuentes.»
14,8 Otro ángel lo siguió, gritando: «Cayó, cayó, Babilonia la grande, la prostituta que dio de beber a todas las naciones y las emborrachó con su vino.»
14,9 Un tercer ángel pasó después, clamando: «Si alguien adora la Bestia o su imagen o se hace marcar en la frente o en la mano,
14,10 éste también tomará el vino puro del furor de Dios, que ya está preparado en la copa de su enojo. Sufrirá el suplicio del fuego y del azufre, en presencia de los ángeles santos y del Cordero.
14,11 Por los siglos de los siglos se eleva el humo de sus suplicios. No, no hay reposo para ellos, ni de día ni de noche, tanto para los que adoraron la Bestia y su imagen como para el que lleva la marca de su nombre.»
14,12 Esta es la hora de la paciencia para los santos, para los que guardan los mandatos de Dios y la fe de Jesús.
14,13 Del cielo, alguien dijo: «Escribe esto: Felices desde ahora los muertos, si han muerto en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, pues sus obras los acompañan.
14,14 Yo miraba. Apareció una nube blanca y, sobre la nube, como un Hijo de Hombre sentado, llevando en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz afilada.
14,15 Entonces un ángel salió del Santuario y le habló bien fuerte al que estaba sentado en la nube: «Lanza tu hoz y cosecha, porque es el momento de cosechar, la cosecha de la tierra está madura.»
14,16 Y el que estaba sentado en la nube lanzó su hoz a la tierra e hizo la cosecha.
14,17 Un ángel, que también llevaba una hoz afilada, salió entonces del santuario celeste,
14,18 al mismo tiempo que del altar salió otro, el encargado del fuego. Este gritó al que llevaba la hoz afilada: «Lanza tu afilada hoz y cosecha los racimos en la viña de la tierra, porque ya están maduros:»
14,19 Entonces el ángel lanzó la hoz e hizo la vendimia, echando toda la uva en el gran lagar de la cólera de Dios.
14,20 Las uvas fueron exprimidas fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre que llegó hasta los frenos de los caballos, en una superficie de mil seiscientos estadios.

15,1 En el cielo vi después otro prodigio grande y maravilloso: siete ángeles que llevaban siete plagas, las cuales son las últimas, es decir, que con ellas habrá terminado la cólera de Dios.
15,2 Había un mar de cristal amasado con fuego, y sobre él estaban de pie los vencedores de la Bestia, de su imagen y de la marca de su nombre.
Acompañándose con las arpas celestiales,
15,3 ellos cantan el canto del servidor de Dios, Moisés, y el canto del Cordero:
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor y Dios, que todo lo gobiernas.
Justicia y Verdad guían tus pasos, oh Rey de las naciones. ¡Señor!
15,4 ¿Quién no daría honor y gloria a tu Nombre?
Porqué tú solo eres santo, y las naciones todas vendrán y se postrarán ante ti, pues ahora. han visto tus fallos

Las siete copas

15,5 +Después se abrió el Santuario de la Tienda del Testimonio,
15,6 y del Santuario salieron los siete ángeles portadores de las siete plagas, vestidos de lino limpio y brillante, con el pecho ceñido con cinturones de oro.
15,7 Uno de los cuatro Vivientes entregó a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios que vive para siempre.
15,8 Entonces el Santuario se llenó de humo por estar ahí la poderosa Gloria de Dios, de modo que nadie pudiera entrar hasta que se hubieran cumplido las siete plagas de los siete ángeles.

16,1 Oí que del Santuario se gritaba a los siete ángeles: «Vayan a vaciar sobre la tierra las siete copas del furor de Dios.»
16,2 Salió el primero a vaciar su copa sobre la tierra y se produjeron úlceras malignas y dolorosas en las personas que tenían la marca de la Bestia y que se postraban ante su imagen.
16,3 El segundo ángel vació su copa sobre el mar, el que se transformó en sangre como la de un muerto, y murió todo ser viviente del mar.
16,4 El tercer ángel vació su copa sobre los ríos y las fuentes, que se convirtieron en sangre.
16,5 Y oí al ángel de las aguas que decía: «Tú que eres y que eras, oh Santo, eres justo al castigarlos de este modo.
16,6 Puesto que ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, tú los hiciste beber sangre, bien se lo merecían.»
16,7 Oí a otro que decía desde el altar: «Sí, Señor y Dios, Señor del Universo, tus juicios son verdaderos y justos.»
16,8 El cuarto ángel derramó si copa sobre el sol y su calor comenzó a quemar a los hombres.
16,9 Pero los hombres que se quemaban empezaron a insultar a Dios, que tiene poder sobre estas plagas, en vez de reconocerlo.
16,10 El quinto ángel vació su copa sobre el trono de la Bestia, y de repente su reino se encontró en tinieblas y la gente se mordía la lengua de dolor.
16,11 Insultaron al Dios Altísimo a causa de sus dolores y de sus llagas; pero no dejaron de hacer el mal.
16,12 El sexto ángel derramó su copa en el gran río Eufrates; entonces sus aguas se secaron, dejando paso libre a los reyes de oriente.
16,13 Yo miré: de las bocas del Monstruo, de la Bestia y del Falso Profeta salieron tres espíritus impuros que tenían apariencia de ranas.
16,14 En realidad, son espíritus diabólicos que hacen cosas prodigiosas y se dirigen a los reyes del mundo entero; los van a reunir para la batalla del Día grande de Dios, Señor del Universo.
16,15 ––«Cuidado que vengo como un ladrón; feliz el que se queda despierto y no se quita la ropa; así no tendrá que andar desnudo, y no se verán sus vergüenzas.»––
16,16 Los reunieron entonces en el lugar llamado Harmaguedón, en hebreo (o sea, Cerro de Meguido).
16,17 El séptimo ángel vació su copa en el aire. Entonces se escuchó en el Santuario una palabra que venía del trono y que decía: «Ya está hecho.»
16,18 Y hubo relámpagos, retumbar de truenos y un violento terremoto. No, desde que existen hombres sobre la tierra, jamás se había visto terremoto tan violento.
16,19 La Ciudad Grande se partió en tres pedazos, mientras se derrumbaban las ciudades de las naciones. A Babilonia, la Grande, Dios la recordaba e iba a darle a beber la copa en que hierve el vino de su indignación.
16,20 Entonces los continentes desaparecieron, lo mismo que las cordilleras.
16,21 Enormes granizos, como de un quintal, cayeron del cielo sobre la gente, y los hombres insultaron a Dios a causa de esta desastrosa granizada; porque es una plaga realmente tremenda.

El juicio de Babilonia

17,1 +Entonces, uno de los siete ángeles de las siete copas vino a decirme: «Ven, voy a mostrarte el juicio de la famosa prostituta establecida al borde de las grandes aguas.
17,2 Con ella pecaron los reyes de la tierra, y con el vino de su idolatría se emborracharon los habitantes de la tierra.».
17,3 Dicho esto, me llevó al desierto: era una nueva visión. Ahí una mujer estaba montada en una bestia de color rojo. La bestia estaba cubierta de títulos y frases que insultaban a Dios y tenía siete cabezas y diez cuernos.
17,4 En cuanto a la mujer, vestía ropas de púrpura y rojo escarlata, y brillaba con el oro, las piedras preciosas y las perlas. Tenía en la mano una copa de oro, llena de las repugnantes impurezas de su prostitución.
17,5 En su frente uno leía su nombre, escrito en forma misteriosa: Babilonia la Grande, madre de las prostitutas y de los abominables ídolos de todo el mundo.
17,6 Y observé que esa mujer estaba ebria con la sangre de los santos y de los mártires de Jesús.
Esta visión me dejó muy sorprendido,
17,7 mas el ángel me dijo: «¿Por qué te extrañas? Yo te voy a explicar lo que representa esta mujer y la bestia que la lleva, la bestia de siete cabezas y diez cuernos.
17,8 La bestia que has visto era y no es; va a subir del abismo, pero marcha a su perdición. Y los habitantes de la tierra cuyo nombre no está escrito en el Libro de la Vida, desde la creación del mundo, quedarán asombrados al ver que la bestia era, no es y desaparecerá pronto.
17,9 ¡Que la gente entendida haga un esfuerzo! Las siete cabezas son las siete lomas en que la mujer está sentada.
17,10 Y también son siete reyes, de los cuales cinco han caído, uno está y el séptimo no ha venido todavía, pero cuando llegue durará poco tiempo.
17,11 La bestia que era y no es, ocupa el octavo lugar, a pesar de que se cuenta entre los siete, y va a su destrucción.
17,12 Los diez cuernos son diez reyes que todavía no han recibido el poder, pero lo han de tener una hora junto a la bestia.
17,13 Están todos de acuerdo para poner al servicio de la bestia su autoridad y sus fuerzas.
17,14 Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá porque es Señor de señores y Rey de reyes; y junto a él vencerán los suyos, los que fueron llamados y elegidos y le son fieles.»
17,15 El ángel prosiguió: «Aquellas aguas que has visto, a cuyo borde está sentada la prostituta, representan los pueblos, las multitudes y las naciones de todos los idiomas.
17,16 En cuanto a los diez cuernos, y a la misma bestia, cobrarán odio a la prostituta; la arruinarán hasta dejarla desnuda; comerán sus carnes y la consumirán por el fuego.
17,17 Dios se vale de ellos para lograr lo que él quiere; con esta intención les ha inspirado que pongan sus fuerzas al servicio de la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.
17,18 Esa mujer que has visto es la Ciudad Grande, la que reina sobre los reyes del mundo entero.»

18,1 +Después de esto, vi bajar del cielo a otro ángel muy majestuoso: su resplandor iluminó la tierra.
18,2 Gritó con voz poderosa: «Cayó, cayó Babilonia la Grande; ahora quedó transformada en guarida de demonios, en asilo de toda clase de espíritus impuros, en refugio de aves impuras y asquerosas.
18,3 Porque con el vino de sus idolatrías se emborracharon todas las naciones, y los reyes de la tierra pecaron con ella, y los comerciantes de la tierra se enriquecieron con su lujo desenfrenado.»
18,4 Después vino del cielo esta profecía:
«Pueblo mío, sal de ella, aléjate,
no sea que te hagas cómplice
de sus pecados, y tengas que sufrir sus castigos.
18,5 Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo
y Dios se ha acordado de sus maldades.
18,6 ¡Páguenle con la misma moneda!
Castíguenla doblemente por sus crímenes, denle a beber el doble de lo que preparó para otros.
18,7 Que sufra tantos tormentos y desdichas como fueron su orgullo y su lujo,
porque se sentía orgullosa:
“Domino como reina, y no soy viuda,
no conoceré jamás el luto.”
18,8 Por eso, en un solo día,
caerán sobre ella sus plagas:
muerte, duelo y hambre.
Al fin será quemada,
porque poderoso es el Señor Dios
que la ha condenado.»
18,9 Llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra que pecaron con ella y participaron en su lujo, al ver la humareda de su incendio.
18,10 Deteniéndose a distancia por el horror de su castigo exclamarán: «¡Ay, ay! Ciudad grande, Babilonia, ciudad poderosa, una hora bastó para castigarte.»
18,11 Llorarán y se lamentarán por ella los comerciantes de la tierra: porque ahora nadie les compra las mercaderías
18,12 que traen en sus barcos: oro, plata, piedras preciosas y perlas, telas de hilo y de púrpura, de seda y escarlata; maderas perfumadas, objetos de marfil y de maderas preciosas, bronce, hierro o mármol;
18,13 canela, perfumes, mirra e incienso, vino y aceite, harina y trigo, vacunos y corderos, caballos, carros y esclavos, mercadería humana.
18,14 «Ya no verás las frutas maduras que tanto te gustaban; se fueron lejos de ti. Has perdido los productos refinados y preciosos y ya no volverás a tenerlos.»
18,15 Los comerciantes que en ella se enriquecen con sus negocios, temerosos ante su castigo, se quedarán lejos, llorando y gimiendo: « ¡Ay, ay!
18,16 Ciudad inmensa, que te vestías de hilo, de púrpura y de escarlata, que te adornabas con oro, piedras preciosas y perlas,
18,17 en una hora se acabó tanta riqueza.» Los pilotos, los navegantes, los marineros y todos aquellos que trabajan en el mar, se detuvieron a distancia
18,18 y gritaron al contemplar el humo de su incendio: «¿Dónde hubo otra ciudad igual a ésta?»
18,19 Se echaban polvo en la cabeza, llorando y lamentándose. Decían: «¡Pobre, pobre! Ciudad grande, su lujoso vivir enriquecía a todos los que tenían barcos en los mares, y en una hora ha sido devastada.»
18,20 ¡Alégrate, cielo, por su ruina! ¡Alégrense, santos, apóstoles y profetas, porque al condenarla Dios les hizo justicia a ustedes!
18,21 Un ángel vigoroso tomó una piedra, una piedra de molino inmensa y la arrojó al mar, diciendo:
«Así, con igual violencia,
será arrojada Babilonia,
la Gran Ciudad,
y no se encontrará nunca jamás.
18,22 Ni nunca más se oirán en ti
ni arpas, ni cítaras, ni flautas, ni trompetas. Artesanos de diversos oficios no trabajarán,
ruido del molino no se oirá,
luz de lámpara no brillará,
18,23 y voz del esposo y de la esposa
no se oirá.
Es que tus comerciantes eran
los magnates de la tierra
y tus brujerías han seducido
a las naciones.
18,24 Miren que en esta ciudad se encontró
sangre de profetas y de santos;
sí, la sangre de todos
los que fueron muertos en la tierra.»

Cantos en el cielo

19,1 +Después, oí un rumor enorme; en el cielo un inmenso gentío clamaba:
¡Aleluya! ¿Quién salva, y quién tiene gloria y poder sino nuestro Dios?
19,2 Sus juicios son verdaderos y justos. Así condenó a la famosa prostituta que corrompía la tierra con su inmoralidad, y le hizo pagar la sangre de sus servidores.
19,3 Y volvieron a clamar:
Aleluya. De ella sube humo por los siglos de los siglos.
19,4 Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron para adorar a Dios, al que está sentado en el trono, diciendo:
Amén, aleluya.
19,5 En seguida se escuchó desde el trono una voz que decía: «Alaben a nuestro Dios, todos sus servidores, todos los que honran a Dios, grandes y pequeños:»
19,6 Y se oyó un rumor como de una multitud inmensa, como de rugientes olas, como de violentos truenos. Clamaban:
Aleluya. Ahora ha comenzado a reinar el Señor Dios, Dueño del universo.
19,7 Alegrémonos y regocijémonos y demos gracias a Dios, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa ya está lista;
19,8 la han vestido de lino radiante de blancura.
Este lino son las buenas acciones de los santos.
19,9 Después, él me dice: «Escribe: felices los que han sido invitados a las bodas del Cordero.» Y añadió: «Estas son palabras verdaderas de Dios.»
19,10 Entonces yo me iba a echar a sus pies para adorarlo, mas él me dijo: «Cuidado. No soy más que un servidor, como tú y tus hermanos que guardan la enseñanza de Jesús (Pues los profetas son los que guardan la enseñanza de Jesús.) A Dios debes adorar.»

El triunfo del Verbo de Dios

19,11 +Después, el cielo estaba abierto y pude ver un caballo blanco. El que lo monta se llama Fiel y Verdadero; es el que juzga y hace las guerras justas.
19,12 Sus ojos son llamas de fuego y en la cabeza lleva coronas numerosas. Tiene escrito un nombre que nadie comprende sino él.
19,13 Anda envuelto en una capa teñida de sangre. Su nombre es: El Verbo de Dios.
19,14 Los ejércitos del cielo lo seguían en caballos blancos, vestidos de lino de perfecta blancura.
19,15 Sale de su boca la espada afilada con la cual herirá a las naciones, ya que las ha de gobernar con vara de hierro; él es el que en el lagar exprime el vino de la ardiente cólera de Dios, Señor del universo.
19,16 Lleva escrito en la capa y en el muslo este título: «Rey de reyes y Señor de señores.»
19,17 También vi a un ángel que estaba de pie en el sol. Gritó con voz potente a todas las aves de rapiña que vuelan por el cielo: «Vengan acá, al banquete que les ofrece Dios.
19,18 Vengan a devorar carne de reyes, y de generales y de valientes; vengan a devorar al soldado y a su caballo, a hombres libres y esclavos, a pequeños y grandes.»
19,19 Entonces vi a la Bestia junto a los reyes de la tierra y sus ejércitos; estaban reunidos para combatir al que monta el caballo blanco y a los de su ejército.
19,20 Pero la bestia fue capturada y también el falso profeta. Este es el que hacía maravillas al servicio de la Bestia; con las cuales engañaba a los que recibieron la marca de la Bestia y a los que adoran su estatua. Los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego de azufre ardiente.
19,21 y todos los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo: y todas las aves se pudieron hartar con sus carnes.

Los mil años

20,1 +Después, un ángel bajó del cielo, llevando en la mano la llave del Abismo y además una enorme cadena.
20,2 Agarró al Monstruo, la serpiente antigua, o sea, Satanás, el diablo, y lo encadenó por mil años.
20,3 Lo arrojó al Abismo, y cerró su entrada con llave, y la aseguró con candados, para que en adelante ya no engañara a las naciones, hasta que pasen los mil años. Luego será dejado en libertad por un poco tiempo.
20,4 Después, había tronos y quienes se sentaron en ellos con poder de juzgar. Vi entonces las almas de aquellos a quienes les cortaron la cabeza por haber sostenido las enseñanzas de Jesús y a causa de la Palabra de Dios. Vi a todos los que se negaron a adorar a la Bestia o su imagen, o a recibir su marca en la frente o en la mano. Volvieron a vivir y reinaron mil años con Cristo.
20,5 Esta es la primera resurrección. Los demás muertos no volvieron a vivir antes del término de los mil años.
20,6 Feliz y santo el que participa en la primera resurrección; contra éstos la segunda muerte no tiene ningún poder y lo que es más, serán sacerdotes de Dios y de Cristo y con él reinarán mil años.
20,7 Y cuando se cumplan los mil años, Satanás será liberado de su prisión,
20,8 saliendo a engañar a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y Magog. Los juntará para la guerra y su número será tan grande como las arenas de la orilla del mar.
20,9 Invadieron el país y cercaron el campamento de los santos, la Ciudad muy amada. En ese momento, bajó el fuego del cielo y los devoró.
20,10 Entonces el diablo, el seductor, fue arrojado al lago de fuego de azufre, donde ya estaban la bestia y el falso profeta. Su tormento durará, día y noche, por los siglos de los siglos.

Ultimo juicio

20,11 +Después vi un trono espléndido, muy grande, y al que se sentaba en él, cuyo aspecto hizo desaparecer el cielo y la tierra sin dejar huellas.
20,12 Los muertos, grandes y chicos, estaban de pie ante el trono. Se abrieron unos libros, y después otro más, el Libro de la Vida. Entonces los muertos fueron juzgados, de acuerdo con lo que está escrito en los libros, es decir, cada uno según sus obras.
20,13 El mar devolvió los muertos que guardaba, y lo mismo la muerte y el Lugar de los Muertos, y cada uno fue juzgado según sus obras.
20,14 Entonces la Muerte y el Lugar de los Muertos fueron arrojados al lago de fuego. En esto consiste la segunda muerte: el lago de fuego.
20,15 Todos los que no se hallaron inscritos en el Libro de la Vida, fueron arrojados al lago de fuego::

El Cielo Nuevo y la Tierra Nueva

21,1 +Después tuve la visión del Cielo Nuevo y de la Nueva Tierra. Pues el primer cielo y la primera tierra ya pasaron; en cuanto al mar, ya no existe.
21,2 Entonces vi la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, del lado de Dios, embellecida como una novia engalanada en espera de su prometido.
21,3 Oí una voz que clamaba desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: fijará desde ahora su morada en medio de ellos y ellos serán su pueblo y él mismo será Dios-con-ellos.
21,4 Enjugará toda lágrima de sus ojos y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni penas porque todo lo anterior ha pasado.»
21,5 Entonces el que se sienta en el trono declaró: «Ahora todo lo hago nuevo», y me dijo: «Escribe que estas palabras son verdaderas y seguras.»
21,6 Y después me dijo: «Ya está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed yo le daré gratuitamente del manantial del agua de la Vida.
21,7 Esa será la herencia del que salga vencedor. Y yo seré Dios para él y él será para mí un hijo.
21,8 Pero a los cobardes, a los renegados, corrompidos, asesinos, impuros, hechiceros e idólatras, en una palabra; a todos los embusteros, la herencia que les corresponde es el lago de fuego y de azufre, o sea, la segunda muerte.»

La nueva Jerusalén

21,9 +Después se acercó a mí uno de los siete ángeles de las siete copas llenas con las siete últimas plagas. Me dijo: «Ven, que yo voy a mostrarte la novia, la esposa del Cordero.»
21,10 Entonces, en una visión espiritual, me colocó en un cerro grande y elevado y me mostró la Ciudad Santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, del lado de Dios,
21,11 y de la que irradiaba la Gloria de Dios. Su resplandor era el de una piedra preciosísima y su color se parecía al del jaspe destellante de luz.
21,12 La rodeaba una muralla ancha y alta con doce puertas, y en esas puertas doce ángeles, y escritos los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel.
21,13 Al oriente, tres puertas; al norte tres puertas; al sur, tres puertas; al occidente tres puertas.
21,14 La muralla de la Ciudad descansaba en doce piedras de cimientos en las que están escritos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.
21,15 El que me hablaba tenía como medida una caña de oro, con la que midió la Ciudad, sus puertas y su muralla.
21,16 La Ciudad es cuadrada: su ancho es igual a su largo. La midió con su caña: doce mil estadios. Su ancho, su largo y su alto son iguales.
21,17 Después midió la altura de la muralla: ciento cuarenta y cuatro codos. Usaba una medida ordinaria, que, en realidad, era más bien una medida de ángel.
21,18 Las murallas son de jaspe, y la ciudad, de oro fino como el cristal.
21,19 Las bases de las murallas están adornadas con toda clase de piedras preciosas: la primera base es de jaspe, la segunda de zafiro, la tercera de calcedonia, la cuarta de esmeralda,
21,20 la quinta de sardónica, la sexta de sardio, la séptima de crisólito, la octava de berilio, la novena de topacio, la décima de crisopraso, la undécima de jacinto, y la duodécima de amatista.
21,21 Las doce puertas son doce perlas, cada puerta formada por una sola perla: la avenida de la ciudad es de oro refinado, transparente como cristal.
21,22 No vi templo alguno en la Ciudad; porque el Señor Dios, el Dueño del universo es su Templo; lo mismo que el Cordero.
21,23 No necesita ni de luz del sol, ni de la luna, porque la Gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.
21,24 Las naciones caminarán hacia su luz, y los reyes de la tierra vendrán a traerle sus riquezas.
21,25 Sus puertas permanecerán abiertas todo el día, ya que allí no hay noche,
21,26 y vendrán a presentarle todo lo precioso y todo lo grande de las naciones.
21,27 En ella no entrará nada manchado. No, no entrarán los que cometen maldad y mentira, sino solamente los que están, escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

22,1 Después, el ángel me mostró el río de la Vida, puro como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero.
22,2 En medio de la avenida, a ambos lados del río, están los árboles de la Vida, que dan frutos doce veces, una vez por mes. Sus hojas son medicinales para las naciones
22,3 y ninguna maldición es allí posible. El trono de Dios y del Cordero estará en la Ciudad, y sus servidores le rendirán culto.
22,4 Verán su rostro y llevarán su nombre sobre sus frentes. Ya no habrá noche.
22,5 No necesitarán luz ni de lámparas ni del sol, porque el Señor Dios derramará su luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

Mira que vengo pronto

22,6 +Después me dijo el ángel: «Estas son palabras ciertas y verdaderas. El Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado a su ángel para que muestre a los servidores de Dios lo que pronto va a suceder.»
22,7 «Mira que vuelvo pronto. Feliz el que hace caso de las palabras proféticas de este libro.»
22,8 Yo, Juan, fui el que vio y oyó todo esto. Al terminar las palabras y las visiones, caí a los pies del ángel que me había mostrado todo esto para adorarlo.
22,9 Pero él me dijo: «No, ten cuidado, soy un servidor como tú y como tus hermanos los profetas y todos los que observan las palabras de este libro. A Dios es a quien debes adorar.»
22,10 Me dijo además: «No guardes en secreto los mensajes proféticos de este libro, porque pronto se cumplirán.
22,11 Que el pecador siga pecando, que el sucio siga ensuciándose, que el hombre de bien siga en el bien y que el santo se santifique más.»
22,12 «Fíjense que vengo pronto, llevando el pago que daré a cada uno, conforme a su trabajo.
22,13 Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin.
22,14 Felices los que lavan sus ropas; disfrutarán del árbol de la Vida y se les abrirán las puertas de la Ciudad.
22,15 Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras y todos aquellos que aman y practican la mentira.
22,16 Yo, Jesús, envié a mi ángel para decirles lo que se refiere a las Iglesias. Yo soy el brote y el descendiente de la familia de David, la Estrella brillante de la mañana.»
22,17 El Espíritu y la Esposa dicen: «Ven.» Que el que escucha diga también: «Ven.» Que el hombre sediento se acerque, y quien lo desee reciba gratuitamente el agua de la Vida.
22,18 Yo, por mi parte, declaro a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: a quien se atreva a añadirle algo, Dios añadirá sobre él todas las plagas descritas en este libro.
22,19 A quien quite algo de las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte del árbol de vida y de la Ciudad Santa, descritos en este, libro. El que da fe de estas palabras dice: «Sí, vengo. pronto.»
––Amén, ven, Señor Jesús.

22,20 Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.


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ENLACES:
http://es.wikipedia.org/wiki/Apocalipsis
Una exégesis de Ap 17,1-11
The Book of Revelation - Frederick Engels, 1883 (en inglés)
Experimentos en la enseñanza del Apocalipsis - Juan Stam, 2004
Papirología: El papiro Oxyrhynchus 4499 y el número de la Bestia - Gerargo Jofre, 2005
666 - La segunda bestia del Apocalipsis, Mauricio Pérez López, 2002
Un estudio sobre el Apocalipsis
Estudios sobre el Apocalipsis
El Apocalipsis, ¿catástrofe o bienaventuranza?
El Apocalipsis, ¿qué es y a qué se refiere?
Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea
Antilegomena de Lutero (en inglés)
Enciclopédia Católica: Apocalipsis, el Libro de las Revelaciones
El Apocalipsis y el Mileniarismo de los Padres de la Iglesia:
El milenio en la patrística
El nacimiento de los primeros centros de docencia teológica (siglo III)
Símbolos, "regulae fidei" y formación del canon bíblico
Un esquema cronológico sugerido (en inglés)
NOTA:TODO TEXTO, TIENE SU CONTEXTO, POR EJEMPLO, EL TEXTO, ES EL APOCALIPSIS, Y EL CONTEXTO, LA SITUACION BAJO LA QUE SE ESCRIBIO: ERA TIEMPO DE PERSECUCIONES DE CRISTIANOS, TOMADOS COMO SECTA, Y POR NO ADORAR LAS ESTATUAS DE LOS CESARES ROMANOS; JUAN, ESTABA EN LA ISLA DE PATMOS, DESTERRADO POR CRISTIANO; SE DICE QUE YA ERA MAYOR, QUE LA LOCURA ESTABA APODERANDOSE DE EL, QUE LO QUE ESCRIBIA, ERAN ALUCINACIONES QUE TENIA; SUS SEGUIDORES POR EL CONTRARIO DEFENDIAN SU SITUACION COMO QUE DIOS LE ESTABA REVELANDO EL FIN DE LAS PERSECUCIONES, Y POR LO TANTO, LO QUE ESCRIBIA, ERA LA LIBERACION DE LOS CRISTIANOS DE AQUELLA EPOCA, TOTAL, QUE DESDE ENTONCES SE ESTA PREPARANDO LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, Y CON ELLA, EL APOCALIPSIS, EL FIN DEL MUNDO...

martes, 29 de abril de 2008

El Corazón Delator -- EDGAR ALLAN POE

El Corazón Delator
Edgar Allan Poe
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¡ES VERDAD! nervioso, muy, muy terriblemente nervioso yo había sido y soy; ¿pero por qué dirán
ustedes que soy loco? La enfermedad había aguzado mis sentidos, no destruido, no entorpecido. Sobre
todo estaba la penetrante capacidad de oír. Yo oí todas las cosas en el cielo y en la tierra. Yo oí
muchas cosas en el infierno. ¿Cómo entonces soy yo loco? ¡Escuchen! y observen cuan
razonablemente, cuan serenamente, puedo contarles toda la historia.
Es imposible decir cómo primero la idea entró en mi cerebro, pero, una vez concebida, me acosó día y
noche. Objeto no había ninguno. Pasión no había ninguna. Yo amé al viejo. El nunca me había hecho
mal. Él no me había insultado. De su oro no tuve ningún deseo. ¡Creo que fue su ojo! Sí, ¡fue eso!
Uno de sus ojos parecía como el de un buitre -- un ojo azul pálido con una nube encima. Cada vez que
caía sobre mí, la sangre se me helaba, y entonces de a poco, muy gradualmente, me decidí a tomar la
vida del viejo, y así librarme del ojo para siempre.
Ahora éste es el punto. Ustedes me imaginan loco. Los locos no saben nada. Pero ustedes deberían
haberme visto. Ustedes deberían haber visto cuan sabiamente yo procedí --¡con qué cuidado! -- ¡con
qué previsión, con qué disimulo, yo me puse a trabajar! Nunca fui más amable con el viejo que
durante toda la semana antes de matarlo. Y cada noche cerca de la medianoche yo giraba el picaporte
de su puerta y lo abría, ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando había hecho una apertura suficiente
para mi cabeza, ponía una oscura linterna sorda todo cerrada, cerrada para que ninguna luz saliera, y
entonces metía mi cabeza. ¡Oh, ustedes habrían reído al ver cuan hábilmente la metía! La movía
lentamente, muy, muy lentamente, para no perturbar el sueño del viejo. Me tomó una hora poner mi
cabeza entera dentro de la apertura hasta poder ver como él yacía sobre su cama. ¡Ja! ¿habría sido un
loco tan inteligente como para hacer esto? Y entonces cuando mi cabeza estaba bien dentro del cuarto
abrí la linterna cuidadosamente -- oh, tan cuidadosamente -- cuidadosamente (ya que los goznes
crujían), la abrí apenas tanto como para que un único rayo delgado cayera sobre el ojo de buitre. Y
esto lo hice durante siete largas noches, cada noche sólo a la medianoche, pero encontraba el ojo
siempre cerrado, y así era imposible hacer el trabajo, porque no era el viejo quien me vejaba sino su Ojo Perverso. Y todas las mañanas, cuando el día irrumpía, iba con audacia a su cuarto y le hablaba
valientemente, llamándolo por su nombre en un tono cordial, y averiguando cómo había pasado la
noche. Entonces pueden ver que tendría que haber sido un viejo muy profundo, en verdad, para
sospechar que cada noche, cerca de las doce, yo lo observaba mientras dormía.
Hacia la octava noche fui más precavido que lo común en abrir la puerta. El minutero de un reloj se
mueve con más rapidez que mi propia mano. Nunca antes de esa noche había yo sentido el alcance de
mis propias facultades, de mi sagacidad. Apenas podía contener mis sentimientos de triunfo. Pensar
que allí estaba yo, abriendo la puerta poco a poco, y él ni siquiera soñaba con mis actos o
pensamientos secretos. Yo casi reí con la idea, y quizás él me oyó, ya que de repente se movió en la
cama como alarmado. Ahora ustedes pueden pensar que di marcha atrás -- pero no. Su cuarto era tan
como negro como la brea con la pesada oscuridad (las persianas estaban bien cerradas por el miedo a
los ladrones), y por eso sabía que él no podía ver que la puerta se abría, y seguí empujándola
constantemente, constantemente.
Entré mi cabeza, y estaba por abrir la linterna, cuando mi pulgar se resbaló sobre la lata que la
cerraba, y el viejo saltó en la cama, gritando, "¿Quién anda ahí?"
Me quedé muy quieto y no dije nada. Durante una hora entera no moví ni un músculo, y mientras
tanto no lo oí acostarse. Todavía estaba sentado en la cama, escuchando; al igual que yo lo he hecho
noche tras noche escuchando los relojes de la muerte en la pared.
En un momento, oí un suave gemido, y supe que era el gemido del terror mortal. No era un gemido de
dolor o de pena -- ¡oh, no! Era el sonido sofocado que se levanta desde el fondo del alma cuando ésta
se sobrecarga de temor. Yo conocía bien el sonido. Hace algunas noches, justo a medianoche, cuando
todo el mundo dormía, ha brotado de mi propio pecho, profundizando, con su tremendo eco, los
terrores que me enloquecían. Digo que lo conocía bien. Yo sabía lo que el viejo sentía, y lo compadecí
aunque en mi corazón riera. Sabía que él había estado despierto desde el primer ruido débil cuando se
había vuelto en la cama. Sus temores habían estado creciendo en él desde entonces. Había tratado de
imaginarlos sin causa, pero no podía. Se había estado diciendo a sí mismo, "No es nada, es el viento
en la chimenea, es sólo un ratón corriendo en el piso," o, "es un grillo que ha cantado sólo una vez."
Sí, se había tratado de confortar sí mismo con estas suposiciones; pero fue todo en vano. TODO EN
VANO, porque la Muerte aproximándose a él, lo había acechado con su sombra negra y había
envuelto a la víctima. Y era la influencia fúnebre de la sombra no percibida lo que le hizo sentir,
aunque no veía ni oía, sentir la presencia de mi cabeza dentro del cuarto.
Cuando hube esperado un largo tiempo muy pacientemente sin oír que se recostara, resolví abrir un
poco -- una muy, muy pequeña rendija en la linterna. Así la abría -- ustedes no pueden imaginar qué
tan sigilosamente, sigilosamente - - hasta que al fin un único rayo tenue como el hilo de una araña se disparó desde la rendija y cayó sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, bien, bien abierto, y me puse furioso al observarlo. Lo vi con perfecta precisión -- todo
un azul sombrío con un horrendo velo encima que heló la misma médula de mis huesos, pero no pude ver nada más de la persona o cara del viejo, ya que había dirigido el rayo como por instinto
precisamente sobre el punto maldito.
¿Y ahora, no les he dicho que lo que ustedes confunden con locura no es sino la hiperestesia de los
sentidos? ahora, digo, vino a mis oídos un sonido apagado, sordo, penetrante, así como el de un reloj
envuelto en algodón. Reconocí ese sonido también. Era el golpeteo del corazón del viejo. Aumentó mi furia como el golpeteo de un tambor estimula al soldado en el coraje.
Pero aún así me contuve y me quedé quieto. Apenas respiraba. Sostuve la linterna inmóvil. Traté de
mantener lo más firmemente que pude el rayo sobre el ojo. Mientras tanto el compás infernal del
corazón aumentó. Creció más rápido y más rápido, y más fuerte y más fuerte, cada instante. ¡El terror
del viejo debe haber sido extremo! Se hizo más fuerte, digo, más fuerte cada momento! -- ¿me
entienden bien? Les he contado que soy nervioso: y sí lo soy. Y entonces a la hora muerta de la noche,
en el silencio terrible de esa casa vieja, un ruido tan extraño como ése me excitó a un terror
incontrolable. Pero aún así, por algunos minutos más me contuve y me quedé quieto. Pero el golpeteo
se hizo más fuerte, ¡más fuerte! Pensé que el corazón iba a estallar. Y ahora una inquietud nueva se
apoderó de mí -- ¡el sonido sería oído por un vecino! ¡La hora del viejo había llegado! Con un gran
alarido, abrí la linterna y salté dentro del cuarto. Él gritó una vez -- solamente una vez. En un instante
lo arrastré al piso, y tiré la pesada cama sobre él. Entonces sonreí alegremente, al ver el acto tan bien
hecho. Pero por muchos minutos el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Esto, sin
embargo, no me molestó; no podría oírse a través de la pared. En algún momento cesó. El viejo estaba
muerto. Saqué la cama y examiné el cadáver. Sí, él estaba muerto, bien muerto como una piedra. Puse
mi mano sobre el corazón y la mantuve allí varios minutos. No había pulsación. Bien muerto como
una piedra. Su ojo ya no me molestaría más.
Si todavía me creen loco, ya no lo pensarán cuando describa las precauciones sabias que tomé para el
ocultamiento del cuerpo. La noche pasaba, y trabajé rápidamente, pero en silencio. Lo primero que
hice fue desmembrar el cadáver. Corté la cabeza. Después, los brazos. Después, las piernas.
Levanté tres de las tablas del piso del cuarto, y deposité todo entre las maderas. Luego reemplacé las
placas tan hábilmente tan hábilmente, que ninguno ojo humano -- ni siquiera el suyo -- podría haber
detectado algo fuera de lugar. No había nada para lavar -- ninguna mancha de ningún tipo -- ni un
rastro de sangre -. Había sido demasiado cuidadoso para que eso ocurriera.
Cuando había llegado al fin de estas labores, eran las cuatro en punto --aún oscuro como a
medianoche. Cuando la campanada señaló la hora, hubo un golpe en la puerta de calle. Bajé para abrir
con el corazón alegre, --porque ¿qué había de temer yo ahora? Entraron tres hombres, quienes se
presentaron, con perfecta suavidad, como oficiales de policía. Un grito había sido oído por un vecino
durante la noche; la sospecha de algún crimen se había despertado, la información había llegado a la
oficina de la policía, y ellos (los oficiales) habían sido enviados para investigar las propiedades.
Sonreí, -- ¿porque qué había yo de temer? Les di la bienvenida a los caballeros. El grito, dije, fue mío
en un sueño. El viejo, mencioné, había partido al campo. Llevé a mis visitantes por toda la casa. Los
invité a que buscaran --que buscaran bien. Los conduje, en un momento, a su habitación. Les mostré
sus tesoros, seguros, inalterados. Con el entusiasmo de mi confianza, traje sillas al cuarto, y les rogué
que descansaran aquí de sus fatigas, mientras yo mismo, con la osadía salvaje de mi triunfo perfecto,
coloqué mi propio asiento en el mismo lugar sobre el que descansaba el cadáver de la víctima.
Los oficiales estaban satisfechos. Mi COMPORTAMIENTO los había convencido. Yo estaba
particularmente tranquilo. Ellos se sentaron y mientras yo contestaba animadamente, charlaron de
cosas familiares. Pero, mientras tanto, sentí que me iba poniendo pálido y deseé que se fueran. La
cabeza me dolía, y me imaginé un zumbido en mis oídos; pero ellos aún estaban sentados, y aún
charlaban. El zumbido se hacía más claro: hablé desenfrenadamente para conseguir librarme de lo que
sentía: pero continuó y ganó carácter definitivo -- hasta que, en un momento, descubrí que el ruido
NO estaba dentro de mis oídos.
Sin duda que ahora me puse MUY pálido; pero hablé más fluidamente, y en voz más alta. Sin
embargo el sonido aumentó -- ¿y qué podía hacer? Era un sonido APAGADO, SORDO,
PENETRANTE -- MUY PARECIDO AL QUE HACE UN RELOJ ENVUELTO EN ALGODÓN.
Me costaba respirar, y sin embargo los oficiales no lo oían. Hablé más rápido, más vehementemente
pero el ruido constantemente aumentaba. Me levanté y argumenté sobre tonterías, en un tono alto y
con gesticulaciones violentas; pero el ruido constantemente aumentaba. ¿Por qué no se iban ellos?
Recorrí el piso de aquí para allá con pasos pesados, como si me excitaran a la furia las observaciones
de los hombres, pero el ruido constantemente aumentaba. ¡Oh Dios! ¿qué PODÍA yo hacer? ¡Lancé
espuma -- enloquecí -- maldije! Movía la silla en la que había estado sentado, y la hacía rechinar sobre
las tablas, pero el ruido se levantaba sobre todo y continuamente aumentaba. Se hizo más fuerte
--más fuerte --¡más fuerte! Y todavía los hombres charlaban gratamente, y sonreían.
¿Era posible que
no lo oyeran? ¡Dios Todopoderoso! -- ¿nada, nada? ¡Ellos oían! -- ¡ellos sospechaban! -- ¡ellos
SABÍAN! -- ¡ellos se estaban burlando de mi horror! -- esto pensé, y esto pienso. ¡Pero cualquier cosa
era mejor que esta agonía! ¡Cualquier cosa era más tolerable que este desprecio! ¡Ya no podía
soportar más esas sonrisas hipócritas! ¡Sentí que debía gritar o morir! -- y ahora --otra vez
--¡escuchen! ¡más fuerte! ¡más fuerte! ¡más fuerte! ¡MÁS FUERTE! --
"¡Villanos!" grité, "¡no disimulen más! ¡Admito el acto! -- ¡arranquen las tablas! -- ¡aquí, aquí! -- ¡es
el latir de su horrible corazón!"

lunes, 28 de abril de 2008

LA CAZA DEL SNARK -- LEWIS CARROLL

LA CAZA DEL SNARK
Lewis Carroll
LA CAZA DEL SNARK una Agonía en Ocho Espasmos

_
PREFACIO:

Si, y esto es algo desatinadamente posible, se acusara al autor de este breve, pero instructivo poema, de escribir tonterías, estoy convencido de que dicha acusación estaría basada en el siguiente verso:

Entonces el bauprés y el timón se confundían en ocasiones.

En vista de esta dolorosa posibilidad, no apelaré indignado (como podría hacer) a mis otros escritos para demostrar que soy incapaz de algo semejante; no aludiré (como podría hacer) al fuerte propósito moral de este poema, ni a los principios aritméticos tan precavidamente inculcados en él, ni a sus nobles enseñanzas de historia natural. Prefiero adoptar el procedimiento más prosaico de explicar simplemente cómo ocurrió todo.

El capitán, que era especialmente sensible en cuanto a las apariencias, solía hacer que el bauprés fuese desembarcado una o dos veces por semana para barnizarlo y en más de una ocasión, al llegar el momento de volverlo a poner en su sitio, no había nadie a bordo que supiese a qué extremo del barco pertenecía. Todos sabían que no servía de nada consultar al capitán, ya que éste simplemente se habría referido a su Código Naval y habría leído en voz alta y patética las Instrucciones del Almirantazgo, que nadie en el barco entendía, así que generalmente terminaban por sujetarlo, como podían, sobre el timón. El timonel solía observar todo esto con lágrimas en los ojos: él sabía que estaba mal hecho, pero, ¡ay!, el artículo 42 del Código: "Nadie hablará al Hombre del Timón", había sido completado por el mismísimo capitán con la palabras: "y el Hombre del Timón no hablará con nadie". Así que quejarse era imposible y hasta el siguiente día que tocase barnizar no podría realizarse ningún movimiento con el timón. Durante esos desconcertantes intervalos, el barco normalmente navegaba hacia atrás.

Como, de alguna forma, este poema está conectado con la balada de Jabberwock, dejadme aprovechar esta oportunidad para contestar a una pregunta que me han hecho a menudo: cómo pronunciar "deslizosos tovos". La "i" de "deslizosos" es como la "i"; de "amistosos", y "tovos" se pronuncia de manera que rime con "lodos". Así mismo, la primera "o" de "borogovos" se pronuncia como la "o" de "loro". He oído gente que trata de pronunciarla como la "o" de "ahoga". Tal es la perversidad humana.

Ésta también me parece una buena ocasión para llamar la atención sobre otras palabras difíciles del poema. La Teoría de Humpty-Dumpty, la de dos significados metidos en una sola palabra como en un maletín, me parece una buena explicación para todas ellas.

Por ejemplo, tomemos las palabras "humeante" y "furioso". Imaginad que deseáis decir las dos palabras, pero no sabéis cuál pronunciar primero Si vuestros pensamientos se inclinan, aunque sea levemente, hacia "humeante", diréis "humeante-furioso"; si por un pelo, se inclinasen hacia "furioso", diríais "furioso-humeante": pero, si tuvieseis el extraño don de una mente en perfecto equilibrio, diríais "humioso".

Supongamos que cuando Pistol pronunció la famosa frase:

¿Bajo qué rey bellaco? Habla o muere!

el juez Shallow hubiera sabido con certeza que se trataba de William o de Richard, pero, al no saber cuál de los dos exactamente, no podría decir primero uno y luego otro. No podemos dudar que para evitar morir habría exclamado: "¡Rilchiam!"



ESPASMO I

EL DESEMBARCO




"¡Éste es lugar del snark!", gritó el capitán,
mientras desembarcaba con cuidado a su tripulación,
manteniendo a cada hombre por encima de las olas
con la ayuda de un dedo enredado en su pelo.

"¡Éste es lugar del snark! Lo he dicho dos veces:
eso alentará a la tripulación.
¡Este es lugar del snark! Lo he dicho tres veces:
lo que yo diga tres veces es verdad."

La tripulación estaba completa. Incluía un limpiabotas,
un fabricante de gorras y bonetes,
un abogado, para que mediase en las disputas,
y un tasador, para que evaluase sus bienes.

Un jugador de billar, muy habilidoso,
que podría haberse hecho de oro,
de no ser por que un banquero, que resultaba un empleado muy caro,
cuidaba el dinero de todos.

También había un castor, que paseaba por la cubierta,
o que se sentaba en la proa a hacer encajes,
y que (según el capitán) les había salvado muchas veces de naufragar,
aunque ningún marinero sabía cómo.

Había uno que era famoso por el número de cosas
que se había olvidado al subir al barco:
su paraguas, su reloj, todas sus joyas y anillos,
y la ropa que había comprado para el viaje.

Tenía cuarenta y dos cajas, empaquetadas con gran cuidado,
con su nombre escrito claramente en ellas,
pero, como se le olvidaron,
todas se quedaron en la playa.

La pérdida de sus ropas no importaba casi nada, porque
cuando llegó al barco llevaba puestos siete abrigos
y tres pares de botas. Sin embargo, lo peor era
que había olvidado totalmente su nombre.

Contestaba a cualquier "¡Eh!" o a cualquier otro grito,
como "¡Morralla!" o "¡Buñuelo de pelos!",
o "¡Sea cual sea tu nombre!" o "¡Como te llames!",
pero, especialmente, a "¡Ese!".

Mientras de aquellos que preferían usar expresiones más enérgicas
recibía distintos nombres,
sus amigos íntimos le llamaban "Cabo de vela",
y sus enemigos, "Queso tostado".

"Su apariencia es desgarbada, su inteligencia poca"
(así decía a menudo el capitán),
"¡pero su coraje es perfecto! Y al fin y al cabo,
eso es lo que se necesita para cazar un snark."

Gastaba bromas a las hienas, devolviéndoles la mirada
con un descarado movimiento de cabeza,
y una vez fue a pasear, mano a mano, con un oso
"sólo para levantarle el ánimo", dijo.

Vino como panadero, pero admitió, demasiado tarde,
y esto volvió medio loco al capitán,
que sólo sabía hacer pastel de boda, para el que, yo aseguro,
no tenían ingredientes.

El último tripulante merece una observación especial.
Aunque parecía un increíble asno,
sólo tenía una idea, pero como ésta era el snark,
el capitán le contrató de inmediato

Vino de carnicero, pero gravemente. declaró,
cuando el barco ya llevaba una semana navegando,
que sólo era capaz de matar castores. El capitán se asustó
y tan asustado estaba que ni una sola palabra pudo articular.

Pero, más tarde, explicó, con voz temblorosa,
que había sólo un castor a bordo,
que estaba amaestrado y que era suyo,
por lo que su muerte sería profundamente lamentada.

El castor, que por casualidad escuchó esta observación,
protestó, con lágrimas en los ojos,
diciendo que ni el éxtasis producido por la caza del snark
podría compensarle este tremendo disgusto.

Pidió insistentemente que el carnicero viajara
en otro barco distinto.
Pero el capitán dijo que esto no concordaba
con los planes que había hecho para el viaje.

Navegar era siempre un arte muy difícil,
aunque fuese con un barro y una sola campana,
por tanto se temía que debía negarse
a contratar a otro.

Lo mejor que podía hacer el castor era, sin duda, buscarse
un abrigo de segunda mano a prueba de cuchillos.
Eso le aconsejó el panadero, y después debería
asegurar su vida en una compañía respetable

Esto le sugirió el banquero, quien se ofreció a alquilarle
(en buenas condiciones), o a venderle,
dos excelentes pólizas: una contra el fuego
y otra contra los daños producidos por el granizo.

Sin embargo, todavía, desde ese triste día,
pase por donde pase el carnicero,
el castor mira hacia otro lado
y se muestra inexplicablemente reservado.



ESPASMO II

EL DISCURSO DEL CAPITÁN


Al mismísimo capitán todos ponían por las nubes.
¡Qué porte, qué naturalidad y qué gracia!
¡Qué solemnidad, también! ¡Cualquiera podía ver que era un hombre sabio,
con sólo mirarle a la cara!

Había comprado un gran mapa del mar,
sin un solo vestigio de tierra.
Y toda la tripulación estaba encantada, al ver que era
un mapa comprensible para ellos.

"¿Qué utilidad tienen el Ecuador, el Polo Norte y las zonas de Mercator,
los Trópicos y las líneas de los Meridianos?"
Así decía el capitán. Y la tripulación contestaba:
"¡Son solamente signos convencionales!"

"Otros mapas tienen formas, con las islas y los cabos,
pero nosotros debemos agradecer a nuestro valiente capitán
(así hablaba la tripulación) que nos haya comprado el mejor...
¡un perfecto y absoluto mapa blanco!"

Esto era maravilloso, sin duda, pero pronto averiguaron
que el capitán, al que ellos tenían en tan buena estima,
sólo tenía una idea para cruzar el océano,
y ésta era tocar su campana.

Era pensativo y serio, pero las ordenes que daba
eran suficientes para desorientar a la tripulación.
Cuando gritaba "¡Girad a estribor, pero dejad la proa a babor!",
¿qué diablos podía hacer el timonel?

Entonces el bauprés y el timón se confundían en ocasiones,
algo que, como decía el capitán,
ocurre frecuentemente en climas tropicales,
cuando una nave está, por decirlo así, "snarkada".

Pero el fallo principal ocurrió durante la navegación,
y el capitán, perplejo y afligido,
dijo que él había esperado, al menos, que cuando el viento soplara
hacia el Este, el barco no fuese rumbo al Oeste.

Pero el peligro había pasado. Por fin habían desembarcado,
con sus cajas, maletas y bolsas.
Sin embargo, a primera vista, a la tripulación no le gustó el paisaje,
que estaba plagado de acantilados y rocas.

El capitán percibió que los ánimos estaban bajos
y contó, en tono melodioso,
algunas bromas que se había guardado para las ocasiones de aflicción.
Pero la tripulación no hacía más que gemir.

Les sirvió ponche con mano generosa
y les invitó a sentarse en la playa,
y ellos reconocieron que su capitán tenía un magnífico porte,
mientras permanecía de pie lanzándoles un discurso.

"¡Amigos, nobles y campesinos, prestadme atención!"
(A todos les gustaban las citas,
así que a su salud bebieron y gritaron tres hurras,
mientras él les servía otro vaso.)

"¡Hemos navegado varios meses, hemos navegado muchas semanas
(cuatro al mes, podéis anotar)
pero todavía, hasta este momento (y es vuestro capitán el que habla),
no hemos visto, ni por asomo, un snark!

¡Hemos navegado muchas semanas, muchos días
(siete por semana, lo reconozco),
pero nunca un snark, sobre el que nos encantaría poner la vista,
nos hemos encontrado hasta ahora!

Venid, escuchad, compañeros, mientras os vuelvo a decir
las cinco señas infalibles
por las que vosotros sabréis, donde quiera que vayáis,
que se trata de un genuino snark.

Vamos a conocerlas por orden. Primero, el sabor,
que es escaso y engañoso, pero crujiente,
como un abrigo que está demasiado ajustado a la cintura,
con un aroma a gusto de alfeñique.

Su hábito de levantarse tarde, estaréis de acuerdo conmigo
en que va demasiado lejos, cuando os digo
que normalmente desayuna a la hora del té
y cena al día siguiente.

Tercero, es lento para entender un chiste;
si os atrevéis, probad con alguno,
y suspirará como una criatura muy triste
y siempre estará serio ante un juego de palabras.

Cuarto, le encantan las cabinas de baño,
que constantemente lleva de uno a otro lado,
porque cree que le añaden belleza al paisaje...
Opinión que puede dudarse.

Quinto, es ambicioso. Pero debemos
describir dos grupos;
distinguir entre los que tienen plumas y pican,
y los que tienen bigote y arañan.

Porque, aunque normalmente un snark no hace daño,
es mi obligación deciros que algunos son boojums..."
El capitán, alarmado, se quedó de repente callado
al ver que el panadero se había desmayado.



ESPASMO III

LA HISTORIA DEL PANADERO


Le reanimaron con panecillos, le reanimaron con hielo.
Le reanimaron con mostaza y con berros.
Le reanimaron con mermelada y con consejos juiciosos,
y le pusieron enigmas que resolver.

Cuando por fin se sentó y pudo hablar,
su triste historia se ofreció a contar.
Y el capitán gritó: "¡Silencio! ¡Ni un ruido!",
y excitado su campana se puso a tañer.

¡Se hizo un completo silencio! Ni un ruido, ni una voz,
apenas un lamento o un gemido,
mientras el hombre al que llamaban "¡Eh!" contaba su desdichada
historia en tono antediluviano.

"Mi padre y mi madre eran honrados, aunque pobres..."
"¡Sáltate eso!", interrumpió el capitán.
"Si se hace de noche, no podremos divisar un snark
y no tenemos ni un minuto que perder."

"Me saltaré cuarenta años", dijo el panadero llorando,"
y seguiré, sin más dilación, contando
el día en que me admitisteis en vuestro barco,
para ayudaros a cazar un snark.

Un tío mío muy querido (que me dio su nombre)
observó, cuando fui a despedirme de él..."
"¡Oh, sáltate a tu querido tío!", exclamó el capitán,
tocando enfadado su campana.

"Él me dijo entonces", siguió en tono amable,
"si tu snark es un snark, está bien:
tráelo a casa por todos los medios. Puedes servirlo con verdura,
y es útil para encender una vela.

Puedes buscarlo con dedales, buscarlo con cuidado,
cazarlo con tenedores y esperanza,
con acciones de los ferrocarriles amenazarlo
y hechizarlo con sonrisas y jabón..."

("Ése es exactamente el método", dijo, decidido,
el capitán en un paréntesis repentino,
"¡Esa es exactamente la forma que a mí siempre me han contado
para intentar la caza del snark!")

"'¡Pero, ay. radiante sobrino, guárdate de ese día,
si tu snark es un boojum!. ¡Porque entonces ese día.
suave y repentinamente, tú desaparecerás
y nadie podrá encontrarte otra vez!'

Esto es, esto es lo que oprime mi alma,
cuando pienso en las ultimas palabras de mi tío.
¡Y mi corazón no es más que un tazón
rebosante de temblorosa cuajada.

Esto es, esto es..." "Ya hemos oído esto antes",
dijo el capitán indignado.
Y el panadero contestó: "Dejadme decirlo una vez más:
¡Esto es, esto es lo que yo me temía!

Entablo con el snark, cada noche cuando oscurece,
una delirante lucha en sueños.
Lo sirvo con verdura en esas escenas sombrías
y también lo uso para encender cerillas.

Pero si alguna vez me encuentro con un boojum, ese día,
en un momento (estoy seguro de ello).
suave y repentinamente desapareceré
¡y esta idea es la que no puedo soportar!"



ESPASMO IV

LA CAZA


El capitán, encolerizado, frunció el ceño.
"¡Si tú hubieras hablado antes!
¡Ha sido inoportuno mencionar esto ahora,
con el snark, por así decirlo, a un paso de nosotros!

Todos lamentaríamos, puedes imaginarte,
otra vez no volver a encontrarte.
¿Pero, por qué, amigo, no sugeriste esto
cuando empezó el viaje?

Es excesivamente torpe mencionar esto ahora....
como creo que ya he dicho antes."
Y el hombre de nombre "¡Eh!" contestó suspirando:
"Os informé de esto el día del embarque.

¡Podéis acusarme de asesinato o de falta de sentido
(todos somos débiles a veces):
pero ni el más leve acercamiento a la falsedad
se encuentra entre mis delitos!

Lo dije en hebreo, lo dije en holandés,
lo dije en alemán y en griego;
pero olvidé completamente (y eso me enfada mucho)
¡que vosotros habláis en inglés!"

"Es una triste historia", dijo el capitán, cuya cara
se había alargado con cada palabra,
"pero ahora que nos has contado todo,
sería absurdo seguir hablando de ello.

El resto de mi discurso (les explicó a sus hombres)
lo oiréis cuando tenga tiempo,
pero ahora el snark esta cerca, ¡os lo vuelvo a repetir!,
y buscarlo es nuestro glorioso deber.

¡Buscarlo con dedales, buscarlo con cuidado,
perseguirlo con tenedores y esperanza,
con acciones del ferrocarril amenazarlo
y hechizarlo con sonrisas y jabón...!

Como el snark es una criatura peculiar, no lo cazaremos
de una manera normal.
Haced todo lo que ya sabéis y probad lo que no sabéis.
¡No podemos perder ni una oportunidad hoy!

Porque Inglaterra espera... me abstengo de seguir:
es una frase tremenda, aunque trivial.
Mejor será que vayáis desempaquetando lo que necesitáis
y os preparéis para la lucha.

Entonces el banquero endosó un cheque en blanco (que había cruzado)
y cambió las monedas en billetes.
El panadero, con cuidado, se peinó los bigotes y el pelo,
y sacudió el polvo de sus abrigos.

El limpiabotas y el tasador afilaron el pico...
utilizando la muela por turnos.
Y el castor seguía haciendo encajes y no mostraba
ningún interés en el asunto.

El abogado trató de apelar a su orgullo
y en vano le citó
un gran número de casos, en los que hacer encaje
se había demostrado que era, de la ley, una violación.

El fabricante de bonetes planeaba ferozmente
una nueva disposición para los lazos.
Mientras el jugador de billar, con temblorosa mano,
se pintaba con tiza la punta de la nariz.

Mas el carnicero se puso nervioso y se vistió muy elegante,
con guantes de cabritilla amarillos y chorreras...
Dijo que se sentía exactamente como el que va a una cena,
a lo que el capitán observó: "¡Qué tontería!"

"¿Me presentaréis, 'aquí, un buen tipo', le decía,
si ocurre que nos los encontramos juntos?"
Y el capitán, sacudiendo sagazmente la cabeza,
dijo: "Eso dependerá del tiempo de ese día."

El castor, simplemente, se puso a saltar de alegría,
al ver al carnicero tan nervioso,
e incluso el panadero, aunque estúpido y bobo,
trató de esforzarse para guiñar un ojo.

"¡Actúa como un hombre!", gritó el capitán airado, al oír
que el carnicero estallaba en sollozos.
"¡Si nos encontramos con un jubjub, ese pájaro tan terrible,
necesitaremos todas nuestras fuerzas!"



ESPASMO V

LA LECCIÓN DEL CASTOR

Lo buscaron con dedales, con cuidado lo buscaron,
lo persiguieron con tenedores y esperanza,
con acciones del ferrocarril lo amenazaron
y lo hechizaron con sonrisas y jabón.

Entonces el carnicero ideó un ingenioso plan
para hacer una incursión él solo,
y eligió un lugar no frecuentado por el hombre,
un valle tenebroso y desolado.

Pero el mismo plan se le ocurrió al castor,
que había elegido el mismo sitio,
mas ninguno demostró, con signos o palabras,
el disgusto que apareció en su cara.

Cada uno pensaba que el otro sólo tenía en su mente al snark
y el glorioso trabajo de ese día.
Y trataba de fingir que no se enteraba de que el otro
andaba por ese mismo camino.

Pero el valle se hizo cada vez más estrecho
y la tarde oscureció y hacía frío,
hasta que (por los nervios, no por buena voluntad)
ellos siguieron adelante, hombro con hombro.

Entonces un grito, agudo y estridente, estremeció el cielo,
y ellos supieron que algún peligro acechaba.
El castor palideció hasta la punta del rabo,
e incluso el carnicero se sintió un poco raro.

Pensó en su niñez, muy lejana en el tiempo,
un estado inocente y dichoso.
Y el sonido que le venía a la mente
era el del pizarrín rechinando en la pizarra

"¡Es la voz del jubjub!" grito de repente
(este hombre al que solían llamar "Asno").
"Como diría el capitán", añadió con orgullo,
"ya he explicado esta sensación anteriormente.

Es el canto del jubjub Sigue contando, te lo ruego:
con ésta, observarás que lo he dicho dos veces.
"Es la canción del jubjub! La prueba está completa
y sólo te lo he dicho tres veces."

El castor había contado con escrupuloso cuidado
y cada palabra atentamente escuchaba,
pero se descorazonó completamente y le invadió la desesperación
al ver que se daba esa tercera repetición.

Sentía que, a pesar de todos sus posibles esfuerzos,
de alguna manera había perdido la cuenta,
y lo único que cabía era devanarse los sesos
tratando de volver a calcular dicha cuenta.

"Dos más uno... ¡si es que se puede contar eso...",
dijo, "... con el pulgar y los dedos!",
mientras recordaba, entre lágrimas, cómo en su juventud
no se había esforzado en aprender a sumar.

"Eso puede hacerse", dijo el carnicero, "creo."
"Debe hacerse, estoy seguro.
¡Se hará! Tráeme papel y tinta,
hay tiempo para hacerlo."

El castor trajo papel, carpeta, pluma
y tinta en una gran provisión,
mientras unas horribles criaturas salieron de sus guaridas
y con ojos perplejos observaron aquella operación.

Tan absorto estaba el carnicero, que no les prestó atención,
mientras escribía con un lápiz en cada mano,
y con un lenguaje corriente explicaba todo
para que el castor pudiera entenderlo.

"Tomaremos el tres como base de este razonamiento...
una cifra muy fácil de escribir...
Le sumamos siete y diez, y después lo multiplicamos
por mil menos ocho.

Después, como ves, dividimos el resultado
entre novecientos noventa y dos.
Luego restamos diecisiete, y la respuesta debe
ser exacta y perfectamente cierta.

Me encantaría explicarte el método a seguir,
mientras lo tengo claro en mi mente,
si tuviéramos yo tiempo y tú cabeza...,
pero aún queda mucho por decir.

En un momento he visto lo que hasta ahora ha estado
oculto en un absoluto misterio
y ahora te daré, libremente y sin cargo adicional,
una lección de historia natural."

De esta forma genial siguió hablando
(olvidando todas las leyes de la propiedad,
ya que dar instrucciones, sin introducción,
causaría un gran revuelo en la sociedad).

"Por su temperamento, el jubjub es un ave terrible,
porque vive perpetuamente en cólera.
Sus gustos son absurdos en cuanto a la ropa
y está a años luz por delante en la moda.

Recuerda a todos los amigos que ha conocido antes
y nunca se deja sobornar,
y en las reuniones benéficas se queda en la puerta
y recoge el dinero..., aunque nada se digna aportar.

Su sabor, cuando está cocinado, es mucho más sabroso
que el del cordero, las ostras o los huevos.
(Algunos piensan que se conserva mejor en una jarra de marfil,
aunque otros opinan que en un barril de caoba.)

Se hierve en serrín, se sazona con gluten,
se espesa con langosta y una cinta.
Pero todavía el principal objetivo que hay que tener...
es mantener su forma simétrica."

El carnicero habría estado hablando encantado hasta el siguiente día,
pero se dio cuenta de que la lección debía terminar
y se atrevió a decir, llorando de alegría,
que al castor, su amigo había llegado a considerar.

Mientras el Castor confesó, con aspecto emocionado,
más elocuente incluso que las lágrimas,
que en diez minutos había aprendido mucho más que lo
que todos los libros, en setenta anos, le habían enseñado.

Volvieron de la mano, y el capitán desarmado
(durante un instante), y muy emocionado,
dijo: "¡Esto compensa ampliamente los aburridos días
que en el agitado océano hemos pasado!"

Tan amigos se hicieron, el castor y el carnicero,
que es algo nunca visto.
En invierno, o verano. siempre era lo mismo...
uno nunca podía ver al otro sin su amigo.

Y si alguna disputa surgía, como pasa a menudo
a pesar de que todos se esfuercen.
¡la canción del jubjub volvía a sus mentes
y cimentaba su amistad para siempre



ESPASMO VI

EL SUEÑO DEL ABOGADO


Lo buscaron con dedales, con cuidado lo buscaron,
lo persiguieron con tenedores y esperanza,
con acciones del ferrocarril lo amenazaron
y lo hechizaron con sonrisas y jabón.

Pero el abogado, cansado de probar en vano
que el castor con su encaje estaba delinquiendo,
se durmió y en sus sueños vio claramente a la criatura
que su imaginación había estado buscando tanto tiempo.

Soñó que estaba ante un sombrío tribunal,
donde el snark, con una lente sobre el ojo,
toga, faja y peluca, defendía a un cerdo,
acusado de haber abandonado su pocilga.

Los testigos demostraron, sin fallo o error,
que la pocilga cuando la encontraron estaba vacía.
Y el juez siguió explicando lo que la ley establecía
en un tono dulce y subterráneo de voz.

La acusación no había sido claramente explicada,
parecía que el snark había empezado,
y durante tres horas había comentado, antes de que alguien adivinara
lo que se suponía que había hecho el cerdo acusado.

Los miembros del jurado tenían puntos de vista diferentes
(antes de que se leyese la acusación),
y todos hablaban a la vez y ninguno sabía
qué era lo que decía el resto de la gente.

"Debéis saber...", dijo el juez, pero el snark exclamó: "¡Tonterías!
¡Esta ley es bastante obsoleta!
Dejadme que os diga, amigos, que toda esta cuestión se basa
en un antiguo derecho feudal.

En cuanto a la traición, parecería que el cerdo
ha ayudado, pero no ha incitado.
Mientras que el cargo de insolvencia se descarta, eso esta claro,
si se admite como alegato nada hubo adeudado.

En cuanto a la deserción, no lo pongo en duda,
pero su culpa, creo, será anulada
(por lo menos en lo referente al coste de este pleito)
por la coartada que ha sido demostrada,

El destino de mi pobre cliente depende ahora de sus votos."
Aquí, el orador se sentó en su sitio
y se dirigió al juez para que consultara sus notas
y brevemente resumiera el caso.

Pero el juez dijo que nunca había hecho un resumen antes.
Así que el snark ocupó su lugar
¡y lo hizo tan bien que llegó más allá
de lo que los testigos habían dicho

Cuando se pidió que dieran el veredicto, el jurado declinó
porque esa palabra era muy difícil de deletrear.
Pero se atrevieron a pedirle al snark
que se ocupase de eso también.

Así que el snark dio el veredicto, aunque, como confesó,
estaba cansado por el esfuerzo del día.
Cuando dijo la palabra "¡CULPABLE!", todo el jurado gimió
y alguno incluso se desmayó.

Entonces el snark dictó sentencia, al estar el juez
demasiado nervioso para decir una sola palabra
Cuando se puso de pie, el silencio era tan total
que podía oírse una aguja caer.

"Destierro de por vida", fue la sentencia que dictó,
"y luego una multa de cuarenta libras tendrá que pagar."
Todo el jurado aplaudió. aunque el juez dijo que había temido
que la frase no tuviese un sonido legal.

Pero su explosión de júbilo pronto se vio truncada
cuando el carcelero les informó. entre llantos.
que dicha sentencia no tendría el más mínimo efecto
porque el cerdo había muerto hacía ya algunos años.

El juez se marchó del tribunal, con aspecto de profundo disgusto,
pero el snark, aunque un poco consternado,
como era el abogado encargado de la defensa,
siguió hasta el final cantando.

Esto soñó el abogado, mientras el canto parecía
hacerse más audible a cada momento,
hasta que le despertó el tañer de una furiosa campana
que el capitán tocaba a su oído.



ESPASMO VII

EL DESTINO DEL BANQUERO

Lo buscaron con dedales, con cuidado lo buscaron,
lo persiguieron con tenedores y esperanza,
con acciones del ferrocarril lo amenazaron
y lo hechizaron con sonrisas y jabón.

Y el banquero, movido por un coraje tan novedoso
que fue objeto de comentario general,
salió como un loco hasta perderle de vista,
en su empeño por cazar el snark.

Pero mientras lo buscaba con dedales y cuidado,
un bandersnatch rápidamente se le acercó
y capturó al banquero, que de miedo chilló,
porque sabía que era inútil tratar de escapar.

Le ofreció un gran descuento, también le ofreció un cheque
(pagadero "al portador") por valor de más de siete libras,
pero el bandersnatch solamente estiró el cuello
y agarró de nuevo al banquero.

Sin descanso y sin pausa, mientras esas mandíbulas
no dejaban de chasquear alrededor,
se escapó, saltó, forcejeó y se desplomó,
hasta que, de un desmayo, al suelo cayó.

El bandersnatch se marchó mientras los otros venían,
atraídos por el grito de miedo,
y el capitán observó: "¡Es lo que me temía!"
Y solemnemente su campana tocó.

Tenía la cara negra y ellos apenas pudieron imaginar
el más mínimo parecido con lo que había sido antes,
porque tan grande era su miedo que su chaleco se había puesto blanco.
¡Algo realmente digno de ver!

Para horror de todos los que estaban presentes ese día,
se irguió vestido de etiqueta,
y por medio de muecas sin sentido procuró decir
lo que su lengua nunca más podría

Se hundió en una silla, pasándose las manos por el pelo,
y cantaba las más mísvolas canciones,
palabras que por necias demostraban su locura,
mientras hacía sonar dos huesos.

"¡Dejadlo a su suerte..., se esta haciendo tarde!",
gritó el capitán asustado.
"Hemos perdido la mitad del día. Cualquier otro retraso,
y no cazaremos un snark y la noche habrá llegado!'.



ESPASMO VIII

LA DESAPARICIÓN

Lo buscaron con dedales, con cuidado lo buscaron,
lo persiguieron con tenedores y esperanza,
con acciones del ferrocarril lo amenazaron
y lo hechizaron con sonrisas y jabón.

Temblaban al pensar que la caza podía fallar,
y el castor, muy excitado,
saltaba sobre la punta del rabo,
mientras la luz del día se había desvanecido.

"¡Ya se oye gritar a Ese!", dijo el capitán.
"Grita como un loco, escuchad!
¡Agita los brazos y sacude la cabeza,
seguro que ha encontrado un snark!"

Miraban deleitados y el carnicero decía:
"¡Siempre fue un bromista terrible!"
Le vieron... a su panadero..., a su héroe sin nombre...
subido en una roca vecina.

Erguido y sublime, por un momento.
Al momento siguiente, la salvaje figura que miraban
(como presa de un espasmo) cayó en un abismo,
mientras todos asustados esperaban y escuchaban.

"¡Es un snark!", fue lo primero que oyeron
y a todos les parecía demasiado bueno para ser cierto.
Después siguió un torrente de risas y hurras,
luego las temidas palabras: "¡Es un boo...!"

Después, silencio. Algunos se imaginaron que oían en el aire
un suspiro cansado y errante,
que sonaba algo así como "¡...jum!", pero otros declararon
que sólo era el viento que soplaba.

Cazaron hasta que se hizo de noche, pero no encontraron
ni un botón, ni una pluma, ni una señal
que pudiera indicarles que estaban pasando
por donde el panadero había encontrado al snark.

En mitad de la palabra que trataba de decir,
en mitad de su risa y su júbilo,
suave y repentinamente desapareció...,
porque el snark era un boojum, ya veis.

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