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domingo, 8 de julio de 2007

EL HOMBRE DE ARENA // E.T.A. HOFFMANN // ANTOLOGIA CUENTOS XIX


Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

EL HOMBRE DE ARENA
(Der Sandmann, 1817)



Es el cuento más célebre de Hoffmann: fue la fuente principal de la ópera de Offenbach; ha dado pie a un ensayo de Freud sobre lo «perturbador». Escoger uno entre los muchos cuentos de Hoffmann es difícil: si elijo Der Sandmann no es por confirmar la elección más obvia, sino porque este cuento me parece en verdad el más representativo del máximo autor del género durante el siglo XIX (1766‑1822), el más rico en sugestión y el de mayor contenido narrativo. El descubrimiento del inconsciente acontece aquí, en la literatura fantástica romántica, casi cien años antes de que aparezca su primera definición teórica.
Las pesadillas infantiles de Nataniel ‑el cual identifica el coco que su madre le evocaba para que se durmiese con el siniestro personaje del abogado Coppelius, amigo de su padre, y se convence de que éste es el ogro que arranca los ojos a los niños‑ le siguen acompañando de adulto. Mientras estudia en la ciudad, cree descubrir a Coppelius en el piamontés Coppola, vendedor de barómetros y gafas. El amor por la hija del profesor Spalanzani, Olimpia, que no es una muchacha, pese a lo que todos creen, sino un maniquí (este tema del autómata, de la muñeca, reaparecerá con frecuencia en la literatura fantástica), se ve trastornado por nuevas apariciones de Coppola‑Coppelius hasta que se consuma la locura de Nataniel.

EL HOMBRE DE ARENA

Nataniel a Lotario

SIN duda estaréis inquietos porque hace tanto tiempo que no os escribo. Mamá estará enfadada y Clara pensará que vivo en tal torbellino de alegría que he olvidado por completo la dulce imagen angelical tan profundamente grabada en mi corazón y en mi alma. Pero no es así; cada día, cada hora, pienso en vosotros y el rostro encantador de Clara vuelve una y otra vez en mis sueños; sus ojos transparentes me miran con dulzura, y su boca me sonríe como antaño, cuando volvía junto a vosotros. ¡Ay de mí! ¿Cómo podría haberos escrito con la violencia que anidaba en mi espíritu y que hasta ahora ha turbado todos mis pensamientos? ¡Algo espantoso se ha introducido en mi vida! Sombríos presentimientos de un destino cruel y amenazador se ciernen sobre mí, como nubes negras, impenetrables a los alegres rayos del sol. Debo decirte lo que me ha sucedido. Debo hacerlo, es preciso, pero sólo con pensarlo oigo a mi alrededor risas burlonas. ¡Ay, querido Lotario, cómo hacer para intentar solamente que comprendas que lo que me sucedió hace unos días ha podido turbar mi vida de una forma terrible! Si estuvieras aquí, podrías ver con tus propios ojos; pero ciertamente piensas ahora en mí como en un visionario absurdo. En pocas palabras, la horrible visión que tuve, y cuya mortal influencia intento evitar, consiste simplemente en que, hace unos días, concretamente el 30 de octubre a mediodía, un vendedor de barómetros entró en mi casa y me ofreció su mercancía. No compré nada y le amenacé con precipitarle escaleras abajo, pero se marchó al instante.
Sospechas sin duda que circunstancias concretas que han marcado profundamente mi vida, conceden relevancia a este insignificante acontecimiento, y así es en efecto. Reúno todas mis fuerzas para contarte con tranquilidad y paciencia algunas cosas de mi infancia que aportarán luz y claridad a tu espíritu. En el momento de comenzar te veo reír y oigo a Clara que dice: «¡son auténticas chiquilladas!» ¡Reíros! ¡Reíros de todo corazón, os lo suplico! Pero ¡Dios del cielo!, mis cabellos se erizan, y me parece que os conjuro a burlaros de mi en el delirio de la desesperación, como Franz Moor conjuraba a Daniel
[1]. Vamos al hecho en cuestión.
Salvo en las horas de las comidas, mis hermanos y yo veíamos a mi padre bastante poco. Estaba muy ocupado en su trabajo. Después de la cena, que, conforme a las antiguas costumbres, se servía a las siete, íbamos todos, nuestra madre con nosotros, al despacho de nuestro padre, y nos sentábamos a una mesa redonda. Mi padre fumaba su pipa y bebía un gran vaso de cerveza. Con frecuencia nos contaba historias maravillosas, y sus relatos le apasionaban tanto que debaja que su pipa se apagase; yo estaba encargado de encendérsela de nuevo con una astilla prendida, lo cual me producía un indescriptible placer. También a menudo nos daba libros con láminas; y permanecía silencioso e inmóvil en su sillón apartando espesas nubes de humo que nos envolvían a todos como la niebla. En este tipo de veladas, mi madre estaba muy triste, y apenas oía sonar las nueve, exclamaba: «Vamos niños, a la cama... ¡el Hombre de Arena está al llegar...! ¡ya le oigo!» Y, en efecto, se oían entonces retumbar en la escalera graves pasos; debía ser el Hombre de Arena. En cierta ocasión, aquel ruido me produjo más escalofrío que de costumbre y pregunté a mi madre mientras nos acompañaba:
‑¡Oye mamá! ¿Quién es ese malvado Hombre de Arena que nos aleja siempre del lado de papá? ¿Qué aspecto tiene?
‑No existe tal Hombre de Arena, cariño ‑me respondió mi madre‑. Cuando digo: viene el Hombre de Arena, quiero decir que tenéis que ir a la cama y que vuestros párpados se cierran involuntariamente como si alguien os hubiera tirado arena a los ojos.
La respuesta de mi madre no me satisfizo y mi infantil imaginación adivinaba que mi madre había negado la existencia del Hombre de Arena para no asustarnos. Pero yo le oía siempre subir las escaleras.
Lleno de curiosidad, impaciente por asegurarme de la existencia de este hombre, pregunté a una vieja criada que cuidaba de la más pequeña de mis hermanas, quién era aquel personaje.
‑¡Ah mi pequeño Nataniel! ‑me contestó‑, ¿no lo sabes? Es un hombre malo que viene a buscar a los niños cuando no quieren irse a la cama y les arroja un puñado de arena a los ojos haciéndoles llorar sangre. Luego, los mete en un saco y se los lleva a la luna creciente para divertir a sus hijos, que esperan en el nido y tienen picos encorvados como las lechuzas para comerles los ojos a picotazos.
Desde entonces, la imagen del Hombre de Arena se grabó en mi espíritu de forma terrible; y, por la noche, en el instante en que las escaleras retumbaban con el ruido de sus pasos, temblaba de ansiedad y de horror; mi madre sólo podía entonces arrancarme estas palabras ahogadas por mis lágrimas: «¡El Hombre de Arena! ¡El Hombre de Arena!» Corría al dormitorio y aquella terrible aparición me atormentaba durante toda la noche.
Yo tenía ya la edad suficiente como para pensar que la historia del Hombre de Arena y sus hijos en el nido de la luna creciente, según la contaba la vieja criada, no era del todo exacta pero, sin embargo, el Hombre de Arena siguió siendo para mí un espectro amenazador. El terror se apoderaba de mí cuando le oía subir al despacho de mi padre. Algunas veces duraba su ausencia largo tiempo; luego, sus visitas volvían a ser frecuentes; aquello duró varios años. No podía acostumbrarme a tan extraña aparición, y la sombría figura de aquel desconocido no palidecía en mi pensamiento. Su relación con mi padre ocupaba cada vez más mi imaginación, la idea de preguntarle a él me sumía en un insuperable temor, y el deseo de indagar el misterio, de ver al legendario Hombre de Arena, aumentaba en mí con los años. El Hombre de Arena me había deslizado en el mundo de lo fantástico, donde el espíritu infantil se introduce tan fácilmente. Nada me complacía tanto como leer o escuchar horribles historias de genios, brujas y duendes; pero, por encima de todas las escalofriantes apariciones, prefería la del Hombre de Arena que
dibujaba con tiza y carbón en las mesas, en los armarios y en las paredes bajo las formas más espantosas. Cuando cumplí diez años, mi madre me asignó una habitación para mí solo, en el corredor, no lejos de la de mi padre. Como siempre, al sonar las nueve, el desconocido se hacía oír, y había que retirarse. Desde mi habitación, le oía entrar en el despacho de mi padre, y poco después, me parecía que un imperceptible vapor se extendía por toda la casa. La curiosidad por ver al Hombre de Arena de la forma que fuese crecía en mí cada vez más. Alguna vez abrí mi puerta, cuando mi padre ya se había ido, y me deslicé en el corredor; pero no pude oír nada, pues siempre habían cerrado ya la puerta cuando alcanzaba la posición adecuada para poder verle. Finalmente, empujado por un deseo irresistible, decidí esconderme en el gabinete de mi padre, y esperar allí mismo al Hombre de Arena.
Por el semblante taciturno de mi padre y por la tristeza de mi madre supe una noche que vendría el Hombre de Arena. Pretexté un enorme cansancio y abandonando la sala antes de las nueve fui a esconderme detrás de la puerta. La puerta de la calle crujió en sus goznes y lentos pasos, tardos y amenazadores, retumbaron desde el vestíbulo hasta las escaleras. Mi madre y los niños pasaron apresuradamente ante mí. Abrí despacio, muy despacio, la puerta del gabinete de mi padre. Estaba sentado, como de costumbre en silencio, y de espaldas a la puerta. No me vio, y corrí a esconderme detrás de una cortina que tapaba un armario en el que estaban colgados sus trajes. Después los pasos se oyeron cada vez más cerca, alguien tosía, resoplaba y murmuraba de forma singular. El corazón me latía de miedo y expectación. Muy cerca de la puerta, un paso sonoro, un golpe violento en el picaporte, los goznes giran ruidosamente. Adelanto a mi pesar la cabeza con precaución, el Hombre de Arena está en medio de la habitación ¡el resplandor de las velas ilumina su rostro! ¡El Hombre de Arena, el terrible Hombre de Arena es el viejo abogado Coppelius que a veces se sienta a nuestra mesa! Pero, el más horrible de los rostros no me hubiera causado más espanto que el de aquel Coppelius. Imagínate un hombre de anchos hombros con una enorme cabeza deforme, una tez mate, cejas grises y espesas bajo las que brillan dos ojos verdes como los de los gatos y una nariz gigantesca que desciende bruscamente sobre sus gruesos labios. Su boca torcida se encorva aún más con su burlona sonrisa; en sus mejillas dos manchas rojas y unos acentos a la vez sordos y silbantes se escapan de entre sus dientes irregulares. Coppelius aparecía siempre con un traje color ceniza, de una hechura pasada de moda, chaqueta y pantalones del mismo color, medias negras y zapatos con hebillas de estrás. Su corta peluca, que apenas cubría su cuello, terminaba en dos bucles pegados que soportaban sus grandes orejas, de un rojo vivo, e iba a perderse en un amplio tafetán negro que se desplegaba aquí y allá en su espalda y dejaba ver el broche de plata que sujetaba su lazo. Aquella cara ofrecía un aspecto horrible y repugnante, pero lo que más nos chocaba a nosotros, niños, eran aquellas grandes manos velludas y huesudas; cuando él las dirigía hacia algún objeto, nos guardábamos de tocarlo. Él se había dado cuenta de esto y se complacía en tocar los pasteles o las frutas confitadas que nuestra madre había puesto sigilosamente en nuestros platos; entonces él gozaba viendo nuestros ojos llenos de lágrimas al no poder ya saborear por asco y repulsion las golosinas que él había rozado. Lo mismo hacía los días de fiesta, cuando nuestro padre nos servía un vasito de vino dulce. Entonces se apresuraba a coger el vaso y lo acercaba a sus labios azulados, y reía diabólicamente viendo cómo sólo podíamos exteriorizar nuestra rabia con leves sollozos. Acostumbraba a llamarnos los animalitos; en presencia suya no nos estaba permitido decir una sola palabra y maldecíamos con toda nuestra alma a aquel personaje odioso, a aquel enemigo que envenenaba deliberadamente nuestra más pequeña alegría. Mi madre parecía odiar tanto como nosotros al repugnante Coppelius, pues, desde el instante en que aparecía, su dulce alegría y su despreocupada forma de ser, se tornaban en una triste y sombría gravedad. Nuestro padre se comportaba con Coppelius como si éste perteneciera a un rango superior y hubiera que soportar sus desaires con buen ánimo. Nunca dejaba de ofrecerle sus platos favoritos y descorchaba en su honor vinos de reserva.
Al ver entonces a Coppelius me di cuenta de que ningún otro podía haber sido el Hombre de Arena; pero el Hombre de Arena ya no era para mí aquel ogro del cuento de la niñera que se lleva a los niños a la luna, al nido de sus hijos con pico de lechuza. No. Era una odiosa y fantasmagórica criatura que dondequiera que se presentase traía tormento y necesidad, causando un mal durable, eterno.
Yo estaba como embrujado, con la cabeza entre las cortinas, a riesgo de ser descubierto y cruelmente castigado. Mi padre recibió alegremente a Coppelius.
‑¡Vamos! ¡al trabajo! ‑exclamó el otro con voz sorda quitándose la levita.
Mi padre, con aire sombrío, se quitó su bata y los dos se pusieron unas túnicas negras. Mi padre abrió la puerta de un armario empotrado que ocultaba un profundo nicho donde había un horno. Coppelius se acercó, y del hogar se elevó una llama azul. Una gran cantidad de extrañas herramientas se iluminaron con aquella claridad. Pero, ¡Dios mío, qué extraña metamorfosis se había operado en los rasgos de mi anciano padre! Un dolor violento y terrible parecía haber cambiado la expresión honesta y leal de su fisonomía, que se había contraído de forma satánica. ¡Se parecía a Coppelius! Éste manejaba unas pinzas incandescentes y atizaba los carbones ardientes del hogar. Creí ver a su alrededor figuras humanas, pero sin ojos. En su lugar había cavidades negras, profundas, horribles.
‑¡Ojos, ojos! ‑gritaba Coppelius con voz sorda, amenazadora.
Grité y caí al suelo violentamente abatido por el miedo. Entonces Coppelius me cogió.
‑¡Pequeña bestia! ¡Pequeña bestia! ‑dijo haciendo crujir los dientes de un modo espantoso. Diciendo esto me arrojó al horno, cuya llama prendía ya mis cabellos.
‑Ahora ‑exclamó‑ ya tenemos ojos, ¡ojos! ¡un hermoso par de ojos de niño! Y con sus manos cogió del hogar un puñado de carbones ardientes que se disponía a arrojar a mis ojos, cuando mi padre, con las manos juntas le imploró:
‑¡Maestro! ¡Maestro! ¡Deja los ojos a mi Nataniel! ¡Déjaselos!
Coppelius se echó a reír de forma estrepitosa.
‑Que el niño conserve sus ojos para que éstos realicen su trabajo en el mundo; pero, puesto que está aquí, observemos atentamente el mecanismo de sus pies y de sus manos.
Sus dedos apretaron todas las articulaciones de mis miembros, que crujieron, y me retorció las manos y los pies de una forma y de otra.
‑¡Esto no está del todo bien! ¡Tan bien como estaba! ¡El viejo lo ha entendido perfectamente!
Coppelius murmuraba esto mientras me retorcía; pero pronto, todo se volvió oscuro y confuso a mi alrededor; un dolor nervioso agitó todo mi ser; no sentí nada más. Un vapor dulce y cálido se derramó sobre mi rostro; desperté como del sueño de la muerte. Mi madre estaba inclinada sobre mí.
‑¿Está aquí el Hombre de Arena? ‑balbucí.
‑No, mi niño, está muy lejos; se fue hace mucho, no te hará daño.
Así decía mi madre, y me besaba estrechando contra su corazón al niño querido que le era devuelto.
¿Para qué cansarte por más tiempo con estas historias, querido Lotario? Fui descubierto y cruelmente maltratado por Coppelius. La ansiedad y el miedo me causaron una ardiente fiebre que padecí durante algunas semanas; «¿Está aún aquí el Hombre de Arena?» Éstas fueron las primeras palabras de mi salvación y el primer signo de mi curación. Sólo me queda contarte el instante más horrible de mi infancia; después te habrás convencido de que no hay que acusarles a mis ojos de que todo me parezca sin color en la vida; pues un sombrío destino ha levantado una densa nube ante todos los objetos, y sólo mi muerte podrá disiparla.
Coppelius no volvió a aparecer, se dijo que había abandonado la ciudad.
Había transcurrido un año, y cierta noche, según la antigua e invariable costumbre, estábamos sentados en la mesa redonda. Nuestro padre estaba muy alegre y nos contaba historias divertidas que le habían sucedido en los viajes de su juventud. En el momento en que el reloj daba las nueve oímos sonar los goznes de la puerta de la casa, y unos graves pasos retumbaron desde el vestíbulo hasta las escaleras.
‑¡Es Coppelius! ‑dijo mi madre palideciendo.
‑Sí, es Coppelius ‑repitió mi padre con voz entrecortada.
Las lágrimas asomaron a los ojos de mi madre:
‑¡Padre! ¿es preciso?
‑Por última vez ‑respondió‑. Viene por última vez, te lo juro. Ve con los niños. Buenas noches.
Yo estaba petrificado, me faltaba el aire. Mi madre, viéndome inmóvil, me cogió del brazo.
‑Ven, Nataniel ‑me dijo‑. Me dejé llevar a mi habitación‑. Estate tranquilo y acuéstate. ¡Duerme! ‑me dijo al irse. Pero un terror invencible me agitaba y no pude cerrar los ojos. El horrible, el odioso Coppelius estaba ante mí, con sus ojos destellantes, sonriéndome hipócrita, e intentaba alejar su imagen. Era cerca de media noche cuando se oyó un golpe violento, como la detonación de un arma de fuego. La casa entera se tambaleó, alguien pasó corriendo por delante de mi cuarto y la puerta de la calle se cerró estrepitosamente de un porrazo.
‑¡Es Coppelius! ‑grité fuera de mí, y salté de la cama. Oí gemidos; corrí a la habitación de mi padre, la puerta estaba abierta, se respiraba un humo asfixiante, y una criada gritaba:
‑¡El señor! El señor!
Delante del horno encendido, en el suelo, yacía mi padre, muerto, con la cara destrozada. Mis hermanas, de rodillas a su alrededor, clamaban y gemían. Mi madre había caído inmóvil junto a su marido.
‑¡Coppelius, monstruo infame! ¡Has asesinado a mi padre! ‑grité. Y caí sin sentido. Dos días más tarde cuando colocaron su cuerpo en el ataúd, sus rasgos habían vuelto a ser serenos y dulces como lo fueron durante toda su vida. Aquella imagen mitigó mi dolor, pensé que su alianza con el infernal Coppelius no le había llevado a la condenación eterna.
La explosión había despertado a los vecinos, el suceso causó sensación, y las autoridades, que tuvieron conocimiento del mismo, requirieron la presencia de Coppelius. Pero había desaparecido de la ciudad sin dejar rastro.
Si te dijera, querido amigo, que el vendedor de barómetros no era otro sino el miserable Coppelius, comprenderías el horror que me produjo tan desgraciada y enemiga aparición. Llevaba otro traje, pero los rasgos de Coppelius están demasiado profundamente marcados en mi alma como para poder equivocarme. Además, Coppelius ni siquiera ha cambiado de nombre. Se hace pasar aquí ‑según tengo oído‑, por un mecánico piamontés llamado Giuseppe Coppola.
Estoy decidido a vengar la muerte de mi padre, pase lo que pase. No digas nada a mi madre de este encuentro cruel. Saluda a la encantadora Clara; le escribiré con una mayor presencia de ánimo.
Queda con Dios, etcétera.

Clara a Nataniel

Es cierto que hace mucho que no me has escrito pero creo, sin embargo, que me llevas en tu alma y en tus pensamientos; pues pensabas vivamente en mí cuando, queriendo enviar tu última carta a mi hermano Lotario la suscribiste a mi nombre. La abrí con alegría y sólo me di cuenta de mi error al ver estas palabras: «¡Ay, mi querido Lotario!» Sin duda no debería haber seguido leyendo y debí entregar la carta a mi hermano. Alguna vez me has reprochado entre risas el que yo tuviera un espíritu tan apacible y tranquilo que si la casa se derrumbara, antes que huir, colocaría en su sitio una cortina mal puesta; pero apenas podía respirar y todo daba vueltas ante mis ojos, mi querido Nataniel, al saber la infortunada causa que ha turbado tu vida. Separación eterna, no verte nunca más, este presentimiento me atravesaba como un puñal ardiente. Leí y volví a leer. Tu descripción del repugnante Coppelius es horrible. Así he sabido la forma cruel en que murió tu anciano y venerable padre. Mi hermano, a quien remití lo que le pertenecía, intentó tranquilizarme, sin conseguirlo. El fatal vendedor de barómetros Giuseppe Coppola me perseguía, y casi me avergüenza confesar que ha turbado, con terribles imágenes, mi sueño siempre profundo y tranquilo. Pero de pronto, desde la mañana siguiente, todo me parece distinto. No estés enfadado conmigo, amor mío, si Lotario te dice que a pesar de tus funestos presentimientos sobre Coppelius no se altera mi serenidad en absoluto. Te diré sinceramente lo que pienso. Las cosas terribles de que hablas tienen su origen dentro de ti mismo, el mundo exterior y real tiene poco que ver. El viejo Coppelius sin duda era repelente, pero, como odiaba a los niños, esto producía en vosotros, niños, verdadero horror hacia él.
El Hombre de Arena de la niñera se asoció en tu imaginación infantil al viejo Coppelius quien, sin que te dieras cuenta, permaneció en ti como un fantasma de tus primeros años. Sus entrevistas nocturnas con tu padre no tenían otro objeto que realizar experimentos de alquimia, cosa que afligía a tu madre pues posiblemente costara mucho dinero; y aquella ocupación, además de llenar a su esposo de una engañosa esperanza de sabiduría, le apartaba del cuidado de su familia. Tu padre sin duda causó su muerte por imprudencia suya, y Coppelius no es culpable. ¿Creerías que ayer pregunté a un viejo vecino boticario si los experimentos químicos podían causar explosiones mortales? Asintió describiéndome largamente a su manera cómo se hacían tales cosas, citándome gran número de palabras extrañas que no he podido retener en mi memoria. Ahora vas a enfadarte con tu Clara; dices: «en su frío espíritu no entra ni un solo rayo misterioso de los que tantas veces abrazan al hombre con sus alas invisibles; ella percibe tan sólo la superficie coloreada del mundo y se alegra como un niño a la vista de frutas cuya dorada cáscara esconde un mortal veneno.»
¡Ah, mi bienamado Nataniel! ¿Acaso no piensas que el sentimiento de un poder enemigo que se agita de manera funesta sobre nuestro ser, no puede penetrar en las almas sonrientes y serenas? Perdóname, si yo, una simple jovencita, intento expresar lo que siento ante la idea de una lucha semejante. Quizá no encuentro las palabras adecuadas y tú te ríes, no de mis pensamientos, sino de mi torpeza para expresarlos. Si realmente existe un poder oculto que tan traidoramente hunde sus garras en nuestro interior para cogernos y arrastrarnos a un camino peligroso que habríamos evitado, si tal fuerza existe, debe doblegarse ante nosotros mismos, pues sólo así ganará nuestra confianza y un lugar en nuestro corazón, lugar que necesita para realizar su obra. Si tenemos la suficiente firmeza, el valor necesario para reconocer el camino hacia el que deben conducirnos nuestra vocación y nuestras inclinaciones, para caminar con paso tranquilo, nuestro enemigo interior perecerá en los vanos esfuerzos que haga por ilusionarnos. También es cierto, añade Lotario, que la tenebrosa presencia a la que nos entregamos, crea con frecuencia en nosotros imágenes tan atrayentes que nosotros mismos producimos el engaño que nos consume. Es el fantasma de nuestro propio Yo cuya influencia mueve nuestra alma y nos sumerge en el infierno o nos conduce al cielo. ¡Te das cuenta, querido Nataniel! Mi hermano y yo hemos hablado de oscuras fuerzas y poderes que a mí, después de haber escrito, no sin esfuerzo, lo más importante, se me aparecen sosegadas, profundas. Las últimas palabras de Lotario no las entiendo del todo bien, sólo intuyo lo que piensa, y sin embargo, me parece rigurosamente cierto. Te lo suplico, aparta de tu pensamiento al odioso abogado Coppelius y al vendedor de barómetros Coppola. Convéncete de que esas extrañas figuras no tienen influencia sobre ti. Sólo la creencia en su poder enemigo las vuelve enemigas. Si cada línea de tu carta no expresara la profunda exaltación de tu espíritu, si el estado de tu alma no afligiera mi corazón, podría bromear sobre tu Hombre de Arena y tu abogado alquimista. ¡Alégrate! Me he prometido estar a tu lado como un ángel guardián y arrojar al odioso Coppola de una loca carcajada si viniera a turbar tu sueño. No le temo en absoluto, ni a él ni a sus horribles manos que no podrían estropearme las golosinas ni arrojarme arena a los ojos.
Hasta siempre, mi bienamado Nataniel, etcétera.

Nataniel a Lotario

Me resulta muy penoso el que Clara, por un error que causó mi negligencia, haya roto el sello de mi carta y la haya leído. Me ha escrito una epístola llena de una profunda filosofía, según la cual me demuestra explícitamente que Coppelius y Coppola sólo existen en mi interior y que se trata de fantasmas de mi Yo que se verán reducidos a polvo en cuanto los reconozca como tales. Uno jamás podría imaginar que el espíritu que brilla en sus claros y estremecedores ojos, como un delicioso sueño, sea tan inteligente y pueda razonar de una forma tan metódica. Se apoya en tu autoridad. ¡Habéis hablado de mí los dos juntos! Le has dado un curso de lógica para que pueda ver las cosas con claridad y razonadamente. ¡Déjalo! Además, es cierto que el vendedor de barómetros Coppola no es el viejo abogado Coppelius. Asisto a las clases de un profesor de física de origen italiano que acaba de llegar a la ciudad, un célebre naturalista llamado Spalanzani. Conoce a Coppola desde hace muchos años, y por otra parte, es fácil observar su acento piamontés. Coppelius era alemán, pero no un alemán honesto. Aun así, no estoy del todo tranquilo. Tú y Clara podéis seguir considerándome un sombrío soñador, pero no puedo apartar de mí la impresión que Coppola y su espantoso rostro causaron en mí. Estoy contento de que haya abandonado la ciudad, según dice Spalanzani. Este profesor es un personaje singular, un hombre rechoncho, de pómulos salientes, nariz puntiaguda y ojos pequeños y penetrantes. Te lo podrías imaginar mejor que con mi descripción mirando el retrato de Cagliostro realizado por Chodowiecki y que aparece en cualquier calendario berlinés; así es Spalanzani. Hacr unos días subiendo a su apartamento observé que una cortina que habitualmente cubre una puerta de cristal estaba un poco separada. Ignoro yo mismo cómo me encontré mirando a través del cristal. Una mujer, alta, muy delgada, de armoniosa silueta, magníficamente vestida, estaba sentada con sus manos apoyadas en una mesa pequeña. Estaba situada frente a la puerta, y de este modo pude contemplar su rostro arrebatador. Pareció no darse cuenta de que la miraba, y sus ojos estaban fijos, parecían no ver; era como si durmiera con los ojos abiertos. Me sentí tan mal que corrí a meterme en el salón de actos que está justo al lado. Más tarde supe que la persona que había visto era la hija de Spalanzani, llamada Olimpia, a la que éste guarda con celo, de forma que nadie puede acercarse a ella. Esta medida debe ocultar algún misterio, y Olimpia tiene sin duda alguna tara. Pero, ¿por qué te escribo estas cosas? Podría contártelas personalmente. Debes saber que dentro de dos semanas estaré con vosotros. Tengo que ver a mi ángel, a mi Clara. Entonces podrá borrarse la impresión que se apoderó de mí (lo confieso), al leer su carta tan fatal y razonable. Por eso no le escribo hoy.
Mil abrazos, etcétera.

Nadie podría imaginar algo tan extraño y maravilloso como lo que le sucedió a mi pobre amigo, el joven estudiante Nataniel, y que voy a referirte, lector. ¿Acaso no has sentido alguna vez tu interior lleno de extraños pensamientos? ¿Quién no ha sentido latir su sangre en las venas y un rojo ardiente en las mejillas? Las miradas parecen buscar entonces imágenes fantásticas e invisibles en el espacio y las palabras se exhalan entrecortadas. En vano los amigos te rodean y te preguntan qué te sucede. Y tú querrías pintar con sus brillantes colores, sus sombras y sus luces destellantes, las vaporosas figuras que percibes, y te esfuerzas inútilmente en encontrar palabras para expresar tu pensamiento. Querrías reproducir con una sola palabra todo cuanto estas apariciones tienen de maravilloso, de magnífico, de sombrío horror y de alegría inaudita, para sacudir a los amigos como con una descarga eléctrica, pero toda palabra, cada frase, te parece descolorida, glacial, sin vida. Buscas y rebuscas, y balbuces y murmuras, y las tímidas preguntas de tus amigos vienen a golpear, como el soplo del viento, tu ardiente imaginación hasta acabar apagándola. Pero si tú, como un hábil pintor, trazas un rápido esbozo de tales imágenes interiores, del mismo modo puedes también animar con poco esfuerzo los colores y hacerlos cada vez más brillantes, y las diversas figuras fascinan a los amigos que te ven en medio del mundo que tu alma ha creado. Debo confesar que, a mí, querido lector, nadie me ha preguntado por la historia del joven Nataniel; pero tú sabes que yo penenezco a esa clase de autores que cuando se encuentra en el estado de ánimo que acabo de describir se imagina que cuantos le rodean, e incluso el mundo entero, le preguntan, «¿qué te pasa? ¡cuéntanos!» Así, una fuerza poderosa me obliga a hablarte del fatal destino de Nataniel. Su vida singular me impresionaba, y por esta razón me atormentaba la idea de comenzar su historia de una manera significativa, original. «Érase una vez...» bonito principio, para aburrir a todo el mundo. «En la pequeña ciudad de S...., vivía...» algo mejor, si se tiene en cuenta que prepara ya el desenlace. O bien entrar in medias res: «‑¡Váyase al diablo! exclamó colérico con los ojos llenos de furia y de espanto el estudiante Nataniel cuando el vendedor de barómetros Giuseppe Coppola... » Así había empezado ya a escribir cuando creí ver algo de burla en la enfurecida mirada de Nataniel, aunque la historia no es en absoluto divertida. No me vino a la mente ninguna frase que reflejara el estallido de colores de la imagen que brillaba en mi interior. Decidí entonces no empezar. Toma, querido lector, las tres cartas que mi amigo Lotario me invitó a compartir como el esbozo del cuadro que me esforzaré, en el curso de la narración, en animar cada vez con más colorido, lo mejor que pueda. Quizá consiga, como un buen retratista, dar a algún personaje un toque expresivo de manera que al verlo lo encuentres parecido al original, aun sin conocerlo, y te parecerá verlo en persona. Quizá creerás, lector, que no hay nada tan maravilloso y fantástico como la vida real, y que el poeta se limita a recoger un pálido brillo, como en un espejo sin pulir.
Para que desde el principio quede claro lo que es necesario saber, hay que añadir como aclaración a las cartas que, inmediatamente después de la muerte del padre de Nataniel, Clara y Lotario, hijos de un pariente lejano también recientemente fallecido, fueron recogidos por la madre de aquél. Clara y Nataniel sintieron una fuerte inclinación mutua, contra la que nadie tuvo nada que oponer. Estaban, pues, prometidos cuando Nataniel abandonó la ciudad para proseguir sus estudios en G. Aquí se encuentra mientras escribe su última carta y asiste al curso del célebre profesor de física Spalanzani.
Ahora podría continuar mi relato tranquilamente, pero la imagen de Clara se presenta ante mis ojos tan llena de vida que no puedo apartarla de mí, como me pasaba siempre que me miraba dulcemente.
No podía decirse que Clara fuese bella, esto pensaban al menos los entendidos en belleza. Sin embargo, los arquitectos elogiaban la pureza de las líneas de su talle; los pintores decían que su nuca, sus hombros y su seno eran tal vez demasiado castos, pero todos amaban su maravillosa cabellera que recordaba a la de la Magdalena y coincidían en el color de su tez, digno de un Battoni. Uno de ellos, un auténtico extravagante, comparaba sus ojos a un lago de Ruisdael, donde se reflejan el azul del cielo, el colorido del bosque y las flores del campo, la vida apacible. Poetas y virtuosos iban más lejos y decían:
‑¡Cómo habláis de lagos y de espejos! No podemos contemplar a esta muchacha sin que su mirada haga brotar de nuestra alma cantos y armonías celestes que nos sobrecogen y nos animan. ¿Acaso no cantamos nos otros también, y alguna vez hasta creemos leer en la tenue sonrisa de Clara, que es como un cántico, no obstante algunos tonos disonantes?
Así era, Clara poseía la imaginación alegre y vivaz de un niño inocente, un alma de mujer tierna y delicada, y una inteligencia penetrante y lúcida. Los espíritus ligeros y presuntuosos no tenían nada que hacer a su lado, pues ella, sin muchas palabras, conforme a su temperamento silencioso, parecía decirles con su mirada transparente y su sonrisa irónica: «Queridos amigos, ¿pretendéis que mire vuestras tristes sombras como auténticas fguras animadas y con vida?» Por esta razón Clara fue acusada por muchos de ser fría, prosaica e insensible. Pero otros, que veían la vida con más claridad, amaban fervorosamente a esta joven y encantadora muchacha; pero nadie tanto como Nataniel, quien se dedicaba a las ciencias y a las artes con pasión. Clara le correspondía con toda su alma. Las primeras nubes de tristeza pasaron por su vida cuando se separó de ella. ¡Con cuánta alegría se arrojó en sus brazos cuando él, al volver a su ciudad natal, entró en casa de su madre, como había anunciado en su última carta a Lotario! Sucedió entonces lo que Nataniel había imaginado; en el momento en que volvíó a ver a Clara desapareció la imagen del abogado Coppelius y la fatal y razonable carta de Clara, que tanto le había contrariado.
Sin embargo, Nataniel tenía razón cuando escribía a su amigo Lotario que su encuentro con el repugnante vendedor de barómetros había ejercido una funesta influencia en su vida. Todos sintieron desde los primeros días de su estancia que Nataniel había cambiado su forma de ser. Se hundía en sombrías ensoñaciones y se comportaba de un modo extraño, no habitual en él. La vida era sólo sueños y presentimientos; hablaba siempre de cómo los hombres, creyéndose libres, son sólo juguete de oscuros poderes, y humildemente deben conformarse con lo que el destino les depara. Aún iba más lejos, y afirmaba que era una locura creer que el arte y las ciencias pueden ser creados a nuestro antojo, puesto que la exaltación necesaria para crear no proviene de nuestro interior sino de una fuerza exterior de la que no somos dueños.
Clara no estaba de acuerdo con esos delirios místicos pero era inútil refutarlos. Sólo cuando Nataniel afirmaba que Coppelius era el principio maligno que se había apoderado de él en el momento en que se escondió tras la cortina para observarle, y que aquel demonio enemigo turbaría su dichoso amor, Clara decía seriamente:
‑Sí, Nataniel, tienes razón, Coppelius es un principio maligno y enemigo, puede actuar de forma espantosa, como una fuerza diabólica que se introduce visiblemente en tu vida, pero sólo si no lo destierras de tu pensamiento y de tu alma. Mientras tú creas en él, existirá; su poder está en tu credulidad.
Nataniel, irritado al ver que Clara sólo admitía la existencia del demonio en su interior quiso probársela por medio de doctrinas místicas de demonios y fuerzas oscuras, pero Clara interrumpió la discusión con una frase indiferente, con gran disgusto de Nataniel. Pensó entonces que las almas frías encerraban estos profundos misterios sin saberlo, y que Clara percenecía a esta naruraleza secundaria, por lo cual decidió hacer todo lo posible para iniciarla en tales secretos. Al día siguiente, mientras Clara preparaba el desayuno, fue a su lado y empezó a leer diversos pasajes de libros místicos, hasta que Clara dijo:
‑Pero, mi querido Nataniel, ¿y si yo te considerase a ti como el principio diabólico que actúa contra mi café? Porque, si me pasara el día escuchándote mientras lees y mirándote a los ojos como tú quieres, el café herviría en el fuego y no desayunaríais ninguno. Nataniel cerró el libro de golpe y se dirigió malhumorado a su habitación.
En otro tiempo había escrito cuentos agradables y animados que Clara escuchaba con indescriptible placer, pero ahora, sus composiciones eran sombrías, incomprensibles, vagas, y podía sentir en el indulgente silencio de Clara, que no eran de su gusto. Nada era peor para Clara que el aburrimiento; su mirada y sus palabras dejaban ver que el sueño se apoderaba de ella. Las obras de Nataniel eran de hecho muy aburridas. Su disgusto por el frío y prosaico carácter de Clara fue en aumento, y Clara no podía vencer el mal humor que le producía el sombrío y aburrido misticismo de Nataniel; y así, sus almas se fueron alejando una de otra, sin que se dieran cuenta. La imagen del odioso Coppelius, como el mismo Nataniel podía reconocer, cada vez era más pálida en su fantasía, y hasta le costaba a menudo un esfuerzo darle vida y color en sus poemas, donde aparecía como un horrible espantajo del destino. Finalmente, el atormentado presentimiento de que Coppelius destruiría su amor le inspiró el tema de una de sus composiciones. Se describía a él mismo y a Clara unidos por un amor fiel, pero, de vez en cuando, una mano amenazadora aparecía en su vida y les arrebataba su alegría. Cuando por fin se encontraban ante el altar aparecía el horrible Coppelius que tocaba los maravillosos ojos de Clara; éstos saltaban al pecho de Nataniel como chispas sangrientas encendidas y ardientes, luego Coppelius se apoderaba de él, le arrojaba a un círculo de fuego que giraba con la velocidad de la tormenta y le arrastraba en medio de sordos bramidos. Es un rugido, como cuando el huracán azota la espuma de las olas en el mar, que se alzan, como negros gigantes de cabeza blanca, en furiosa lucha. En medio de aquel salvaje bramido oye la voz de Clara: «¿No puedes mirarme? Coppelius te ha engañado, no eran mis ojos los que ardían en tu pecho, eran ardientes gotas de sangre de tu propio corazón... yo tengo mis ojos, ¡mírame!» Nataniel piensa: Es Clara, y yo soy eternamente suyo. Es como si dominase el círculo de fuego donde se encuentra, y el sordo estruendo desaparece en un negro abismo. Nataniel mira los ojos de Clara, pero es la muerte la que le contempla amigablemente con los ojos de Clara.
Mientras Nataniel escribía el poema estaba muy tranquilo y reflexivo, limaba y perfeccionaba cada línea, y volcado por completo en la rima, no descansaba hasta conseguir que todo fuera puro y armonioso. Cuando terminó y leyó el poema en voz alta, el horror se apoderó de él y exclamó espantado:
‑¿De quién es esa horrible voz?
Enseguida le pareció, sin embargo, que había escrito un poema excelente, y que podría inflamar el frío ánimo de Clara, sin darse cuenta de que así conseguiría sobresaltarla con terribles imágenes presagiando un destino fatal que destruiría su amor.
Nataniel y Clara se hallaban sentados en el pequeño jardín de su madre. Clara estaba muy alegre, porque Nataniel, desde hacía tres días, durante los cuales había trabajado en el poema, no la había atormentado con sus sueños y presentimientos. También Nataniel hablaba con entusiasmo y alegría de cosas divertidas, de modo que Clara dijo:
‑Ahora vuelvo a tenerre, ¿ves cómo hemos desterrado al odioso Coppelius?
Nataniel entonces se acordó de que llevaba el poema en el bolsillo, y de que deseaba leérselo, sacó las hojas y comenzó su lectura.
Clara, esperando algo aburrido como de costumbre, y resignándose, empezó a hacer punto. Pero, del mismo modo que se van levantando los negros y cada vez más sombríos nubarrones, dejó caer su labor y miró fijamente a Naraniel a los ojos. Éste seguía su lectura fascinado, con las mejillas encendidas y los ojos llenos de lágrimas. Cuando terminó suspiró profundamente abatido, cogió la mano de Clara y sollozando exclamó desconsolado:
‑¡Ah, Clara, Clara! ‑Clara le estrechó contra su pecho y le dijo dulcemente pero seria:
‑Nataniel, querido Nataniel, ¡arroja al fuego esa loca y absurda historia!
Nataniel se levantó indignado y exclamó apartándose de Clara:
‑Eres un autómata inanimado y maldito ‑y se alejó corriendo.
Clara se echó a llorar amargamente, y decía entre sollozos:
‑Nunca me ha amado, pues no me comprende.
Lotario apareció en el cenador y Clara tuvo que contarle lo que había sucedido; como amaba a su hermana con toda su alma, cada una de sus quejas caía como una chispa en su interior de tal modo que el disgusto que llevaba en su corazón desde hacía tiempo contra el visionario Nataniel se transformó en una cólera terrible. Corrió tras él y le reprochó con tan duras palabras su loca conducta para con su querida hermana que el fogoso Nataniel contestó de igual manera. Los insultos de fatuo, insensato y loco, fueron contestados por los de desgraciado y vulgar. El duelo era inevitable. Decidieron batirse a la mañana siguiente detrás del jardín y conforme a las reglas académicas con afilados floretes. Se separaron sombríos y silenciosos. Clara había oído la violenta discusión, y al ver que el padrino traía los floretes al atardecer, presintió lo que iba a ocurrir.
Llegados al lugar del desafío se quitaron las levitas en medio de un hondo silencio, e iban a abalanzarse uno sobre otro con los ojos relampagueantes de ardor sangriento cuando apareció Clara en la puerta del jardín. Separándolos, exclamó entre sollozos:
‑¡Locos, salvajes, tendréis que matarme a mí antes que uno de vosotros caiga!, porque ¿cómo podría seguir viviendo en este mundo si mi amado matara a mi hermano o mi hermano a mi amado?
Lotario dejó caer el arma y bajó los ojos en silencio; pero Nataniel sintió renacer dentro de sí toda la fuerza de su amor hacia Clara de la misma manera que lo había sentido en los hermosos días de la juventud. El arma homicida cayó de sus manos y se arrojó a los pies de Claa diciendo:
‑¿Podrás perdonarme alguna vez tú, mi querida Clara, mi único amor? ¿Podrás perdonarme, querido hermano Lotario?
Lotario se conmovió al ver el profundo dolor de su amigo y derramando abundantes lágrimas se abrazaron los tres y se juraron permanecer unidos por el amor y la fidelidad.
A Nataniel le pareció haberse librado de una pesada carga que le oprimía, como si se hubiera liberado de un oscuro poder que amenazaba todo su ser. Permaneció aún durante tres felices días junto a sus bienamados hasta que regresó a G., donde debía permanecer un año más antes de volver para siempre a su ciudad natal.
A la madre de Nataniel se le ocultó todo lo referente a Coppelius, pues sabían que no podía pensar sin horror en aquel hombre a quien, al igual que Nataniel, culpaba de la muerte de su esposo.

¡Cuál no sería la sorpresa de Nataniel cuando al llegar a su casa vio que ésta había ardido entera, y que sólo quedaban de ella los muros y un montón de escombros! El fuego había comenzado en el laboratorio del químico, situado en el piso bajo; varios amigos, que vivían cerca de la casa incendiada, habían conseguido entrar valientemente en la habitación de Nataniel, situada en el último piso, y salvar sus libros, manuscritos e instrumentos que trasladaron a otra casa donde alquilaron una habitación en la que Nataniel se instaló. No se dio cuenta al principio de que el profesor Spalanzani vivía enfrente, y no llamó especialmente su atención observar que desde su ventana podía ver el interior de la habitación donde Olimpia estaba sentada a solas. Podía reconocer su silueta claramente, aunque los rasgos de su cara continuaban borrosos. Pero acabó por extrañarse de que Olimpia permaneciera en la misma posición, igual que la había descubierto la primera vez a través de la puerta de cristal, sin ninguna ocupación, sentada junto a la mesita, con la mirada fija, invariablemente dirigida hacia él; tuvo que confesarse que no había visto nunca una belleza como la suya, pero la imagen de Clara seguía instalada en su corazón, y la inmóvil Olimpia le fue indiferente, y sólo de vez en cuando dirigía una mirada furtiva por encima de su libro hacia la hermosa estatua, eso era todo. Un día estaba escribiendo a Clara cuando llamaron suavemente a la puerta. Al abrirla, vio el repugnante rostro de Coppola. Nataniel se estremeció; pero recordando lo que Spalanzani le había dicho de su compatriota Coppola y lo que le había prometido a su amada en relación con el Hombre de Arena, se avergonzó de su miedo infantil y reunió todas sus fuerzas para decir con la mayor tranquilidad posible:
‑No compro barómetros, amigo, así que ¡váyase!
Pero Coppola, entrando en la habitación, le dijo con voz ronca, mientras su boca se contraía en una odiosa sonrisa y sus pequeños ojos brillaban bajo unas largas pestañas grises:
‑¡Eh, no barómetros, no barómetros! ¡También tengo bellos ojos..., bellos ojos!
Nataniel espantado exclamó:
‑¡Maldito loco! ¡Cómo puedes tú tener ojos! ¡Ojos!... ¡Ojos!...
Al instante puso Coppola a un lado los barómetros y empezó a sacar del inmenso bolsillo de su levita lentes y gafas que iba dejando sobre la mesa.
‑Gafas para poner sobre la nariz. Ésos son mis ojos, ¡bellos ojos! ‑y, mientras hablaba, seguía sacando más y más gafas, tantas que empezaron a brillar y a lanzar destellos sobre la mesa.
Miles de ojos centelleaban y miraban fijamente a Nataniel, pero él no podía apartar su mirada de la mesa, y Coppola continuaba sacando cada vez más gafas y cada vez eran más terribles las encendidas miradas que disparaban sus rayos sangrientos en el pecho de Nataniel.
Éste, sobrecogido de terror, gritó:
‑¡Detente, hombre maldito! ‑cogiéndole del brazo en el momento en que Coppola hundía de nuevo su mano en el bolsillo para sacar más lentes, por más que la mesa estuviera ya cubierta de ellas.
Coppola se separó de él suavemente con una sonrisa forzada, diciendo:
‑¡Ah, no son para usted, pero aquí tengo bellos prismáticos! ‑y recogiendo los lentes empezó a sacar del inmenso bolsillo prismáticos de todos los tamaños.
En cuanto todas las gafas estuvieron guardadas, Nataniel se tranquilizó, y acordándose de Clara, se dio cuenta de que el horrible fantasma sólo estaba en su interior, ya que Coppola era un gran mecánico y óptico, y en modo alguno el doble del maldito Coppelius. Por otra parte, las lentes que Coppola había extendido sobre la mesa no tenían nada de particular, y menos de fantasmagórico, por lo que Nataniel decidió, para reparar su extraño comportamiento, comprarle alguna cosa. Escogió unos pequeños prismáticos muy bien trabajados, y, para probarlos, miró a través de la ventana. Nunca en su vida había utilizado unos prismáticos con los que pudieran verse los objetos con tanta claridad y pureza. Involuntariamente miró hacia la estancia de Spalanzani. Olimpia estaba sentada, como de costumbre, ante la mesita, con los brazos apoyados y las manos cruzadas. Por primera vez podía Nataniel contemplar la belleza de su rostro. Sólo los ojos le parecieron algo fijos, muertos. Sin embargo, a medida que miraba más y más a través de los prismáticos le parecía que los ojos de Olimpia irradiaban húmedos rayos de luna. Creyó que ella veía por primera vez y que sus miradas eran cada vez más vivas y brillantes. Nataniel permanecía como hechizado junto a la ventana, absorto en la contemplación de la belleza celestial de Olimpia...
Un ligero carraspeo le despertó como de un profundo sueño. Coppola estaba detrás de él:
‑Tre Zechini. Tres ducados.
Nataniel, que había olvidado al óptico por completo, se apresuró a pagarle:
‑¿No es verdad? ¡Buenos prismáticos, buenos prismáticos! ‑decía Coppola con su repugnante voz y su odiosa sonrisa.
‑Sí, sí ‑respondió Nataniel contrariado‑. Adiós, querido amigo.
Coppola abandonó la habitación, no sin antes lanzar una mirada de reojo sobre Nataniel, que le oyó reír a carcajadas al bajar la escalera.
‑Sin duda ‑pensó Nataniel‑ se ríe de mí porque he pagado los prismáticos más caros de lo que valen, más caros de lo que valen.
Mientras decía estas palabras en voz baja le pareció oír en la habitación un profundo suspiro que le hizo contener la respiración sobrecogido de espanto. Se dio cuenta de que era él mismo quien había suspirado así. «Clara tenía razón ‑se dijo a sí mismo‑ al considerararme un visionario, pero lo absurdo, más que absurdo, es que la idea de haber pagado a Coppola los prismáticos más caros de lo que valen me produzca tal terror, y no encuentro cuál puede ser el motivo.»
Se sentó de nuevo para terminar la carta a Clara, pero una mirada hacia la ventana le hizo ver que Olimpia aún estaba allí sentada, y al instante, empujado por una fuerza irresistible, cogió los prismáticos de Coppola y ya no pudo apartarse de la seductora mirada de Olimpia hasta que vino a buscarle su amigo Segismundo para asistir a clase del profesor Spalanzani.
A partir de aquel día, la cortina de la puerta de cristal estuvo totalmente echada, por lo que no pudo ver a Olimpia, y los dos días siguientes tampoco la encontró en la habitación, si bien apenas se apartó de la ventana mirando a través de los prismáticos. Al tercer día estaba la ventana cerrada. Lleno de desesperación y poseído de delirio y ardiente deseo, salió de la ciudad. La imagen de Olimpia flotaba ante él en el aire, aparecía en cada arbusto y le miraba con ojos radiantes desde el claro riachuelo. El recuerdo de Clara se había borrado, sólo pensaba en Olimpia y gemía y sollozaba:
‑Estrella de mi amor, ¿por qué te has alzado para desaparecer súbitamente y dejarme en una noche oscura y desesperada?
Cuando Nataniel volvió a su casa observó una gran agitación en la de Spalanzani. Las puertas estaban abiertas, y unos hombres metían muebles; las ventanas del primer piso estaban abiertas también, y unas atareadas criadas iban y venían mientras carpinteros y tapiceros daban golpes y martilleaban por toda la casa.
Nataniel, asombrado, se detuvo en mitad de la calle. Segismundo se le acercó sonriente y le dijo:
‑¿Qué me dices de nuestro viejo amigo Spalanzani?
Nataniel aseguró que no podía decir nada, puesto que nada sabía de él, y que le sorprendía bastante que aquella casa silenciosa y sombría se viera envuelta en tan gran tumulto y actividad. Segismundo le dijo entonces que al día siguiente daba Spalanzani una gran fiesta con concierto y baile a la que estaba invitada media universidad. Se rumoreaba que Spalanzani iba a presentar por primera vez a su hija Olimpia, que hasta entonces había mantenido oculta, con extremo cuidado, a las miradas de todos. Nataniel encontró una invitación, y, con el corazón palpitante, se encaminó a la hora fijada a casa del profesor cuando empezaban a llegar los carruajes y resplandecían las luces de los adornados salones. La reunión era numerosa y brillante. Olimpia apareció ricamente vestida, con un gusto exquisito, Todos admiraron la perfección de su rostro y de su talle. La ligera inclinación de sus hombros parecía estar causada por la oprimida esbeltez de su cintura de avispa. Su forma de andar tenía algo de medido y de rígido, que causó mala impresión a muchos, y que fue atribuida a la turbación que le causaba tanta gente.
El concierto empezó. Olimpia tocaba el piano con una habilidad extrema, e interpretó un aria con voz tan clara y penetrante que parecía el sonido de una campana de cristal. Nataniel estaba fascinado; se encontraba en una de las últimas filas y el resplandor de los candelabros le impedía apreciar los rasgos de Olimpia. Sin ser visto, sacó los lentes de Coppola y miró a la hermosa Olimpia. ¡Ah!... entonces sintió las miradas anhelantes que ella le dirigía, y que a cada nota le acompañaba una mirada de amor que le atravesaba ardientemente. Las brillantes notas le parecían a Nataniel el lamento celestial de un corazón enamorado, y cuando finalmente la cadencia del largo trino resonó en la sala, le pareció que un brazo ardiente le ceñía y, extasiado, no pudo contenerse y exclamó en voz alta:
‑¡Olimpia!
Todos los ojos se volvieron hacia él, algunos rieron. El organista de la catedral adoptó un aire sombrío y dijo simplemente:
‑Bueno, bueno.
El concierto había terminado y el baile comenzó. «¡Bailar con ella..., bailar con ella!», era ahora su máximo deseo, su máxima aspiración, pero ¿cómo tener el valor de invitarla a ella, la reina de la fiesta?
Sin saber ni él mismo cómo, se encontró junto a Olimpia, a quien nadie había sacado aún; cuando comenzaba el baile y, después de intentar balbucir algunas palabras, tomó su mano. La mano de Olimpia estaba helada, y él se sintió atravesado por un frío mortal, miró a Olimpia fijamente a los ojos, que irradiaban amor y deseo, y al instante le pareció que el pulso empezaba a latir en su fría mano y que una sangre ardiente corría por sus venas. También Nataniel sentía en su interior una ardorosa voluptuosidad, rodeó la cintura de la hermosa Olimpia y cruzó con ella la multitud de invitados.
Creía haber bailado acompasadamente, pero la rítmica regularidad con que Olimpia bailaba y que algunas veces le obligaba a detenerse, le hizo observar enseguida que no seguía los compases. No quiso bailar con ninguna otra mujer, y hubiera matado a cualquiera que se hubiese acercado a Olimpia para solicitar un baile. Si Nataniel hubiera sido capaz de ver algo más que a Olimpia, no habría podido evitar alguna pelea, pues murmullos burlones y risas apenas sofocadas se escapaban de entre los grupos de jóvenes, cuyas curiosas miradas se dirigían a Olimpia, sin que se pudiera saber por qué.
Excitado por la danza y por el vino, había perdido su natural timidez. Sentado junto a Olimpia y con su mano entre las suyas le hablaba de su amor exaltado e inspirado con palabras que nadie, ni él ni Olimpia, habría podido comprender. O quizá Olimpia sí, pues le miraba fijamente a los ojos, y de vez en cuando suspiraba:
‑¡Ah..., ah..., ah...,!
A lo que Nataniel respondía:
‑¡Oh, mujer celestial, divina criatura, luz que se nos promete en la otra vida, alma profunda donde todo mi ser se mira...! ‑y cosas parecidas.
Pero Olimpia suspiraba y contestaba sólo:
‑¡Ah..., ah...!
El profesor Spalanzani pasó varias veces junto a los felices enamorados y les sonrió con satisfacción.
Aunque Nataniel se encontraba en un mundo distinto, le pareció como si de pronto oscureciera en casa del profesor Spalanzani. Miró a su alrededor y observó espantado que las dos últimas velas se consumían y estaban a punto de apagarse. Hacía tiempo que el baile y la música habían cesado.
‑¡Separarnos, separarnos! ‑exclamó furioso y desesperado Nataniel, besó la mano de Olimpia y se inclinó sobre su boca; sus labios ardientes se encontraron con los suyos helados. Se estremeció como cuando tocó por primera vez la fría mano de Olimpia, y la leyenda de la novia muerta le vino de pronto a la memoria; pero al abrazar y besar a Olimpia sus labios parecían cobrar el calor de la vida.
El profesor Spalanzani atravesó lentamente la sala vacía, sus pasos resonaban huecos y su figura, rodeada de sombras vacilantes, ofrecía un aspecto fantasmagórico.
‑¿Me amas? ¿Me amas, Olimpia? ¡Sólo una palabra! ‑murmuraba Nataniel.
Pero Olimpia, levantándose, suspiró sólo:
‑¡Ah..., ah...,!
‑¡Sí, amada estrella de mi amor! ‑dijo Nataniel‑, ¡tú eres la luz que alumbrará mi alma para siempre!
‑¡Ah..., ah...! ‑replicó Olimpia alejándose.
Nataniel la siguió, y se detuvieron delante del profesor.
‑Ya veo que lo ha pasado muy bien con mi hija ‑dijo éste sonriendo‑: así que, si le complace conversar con esta tímida muchacha, su visita será bien recibida.
Nataniel se marchó llevando el cielo en su corazón.
Al día siguiente, la fiesta de Spalanzani fue el centro de las conversaciones. A pesar de que el profesor había hecho todo lo posible para que la reunión resultara espléndida, hubo numerosas críticas, y se dirigieron especialmente contra la muda y rígida Olimpia, a la que, a pesar de su belleza, consideraron completamente estúpida; se pensó que ésta era la causa por la que Spalanzani la había mantenido tanto tiempo oculta. Nataniel escuchaba estas cosas con rabia, pero callaba; pues pensaba que aquellos miserables no merecían que se les demostrara que era su propia estupidez la que les impedía conocer la belleza del alma de Olimpia.
‑Dime, por favor, amigo ‑le dijo un día Segismundo‑, dime, ¿cómo es posible que una persona sensata como tú se haya enamorado del rostro de cera de una muñeca?
Nataniel iba a responder encolerizado, pero se tranquilizó y contestó:
‑Dime, Segismundo, ¿cómo es posible que los encantos celestiales de Olimpia hayan pasado inadvertidos a tus clarividentes ojos? Pero agradezco al destino el no tenerte como rival, pues uno de los dos habría tenido que morir a manos del otro.
Segismundo se dio cuenta del estado de su amigo y desvió la conversación diciendo que en amor era muy difícil juzgar, para luego añadir:
‑Es muy extraño que la mayoría de nosotros haya juzgado a Olimpia del mismo modo. Nos ha parecido ‑no te enfades, amigo‑ algo rígida y sin alma. Su talle es proporcionado, al igual que su rostro, es cierto. Podría parecer bella si su mirada no careciera de rayos de vida, quiero decir, de visión. Su paso es extrañamente rítmico, y cada uno de sus movimientos parece provocado por un mecanismo. Su canto, su interpretación musical tiene ese ritmo regular e incómodo que recuerda el funcionamiento de una máquina, y pasa lo mismo cuando baila. Olimpia nos resulta muy inquietante, no queremos tener nada que ver con ella, porque nos parece que se comporta como un ser viviente pero pertenece a otra naturaleza distinta.
Nataniel no quiso abandonarse a la amargura que provocaron en él las palabras de Segismundo, hizo un esfuerzo para contenerse y respondió simplemente muy serio:
‑Para vosotros, almas prosaicas y frías, Olimpia resulta inquietante. Sólo al espíritu de un poeta se le revela una personalidad que le es semejante. Sólo a mí se han dirigido su mirada de amor y sus pensamientos, sólo en el amor de Olimpia he vuelto a encontrarme a mí mismo. A vosotros no os parece bien que Olimpia no participe en conversaciones vulgares, como hacen las gentes superficiales. Habla poco, es verdad, pero esas pocas palabras son para mí como jeroglíficos de un mundo interior lleno de amor y de conocimientos de la vida espiritual en la contemplación de la eternidad. Ya sé que esto para vosotros no tiene ningún sentido, y es en vano hablar de ello.
‑¡Que Dios te proteja, hermano! ‑dijo Segismundo dulcemente, de un modo casi doloroso‑, pero pienso que vas por mal camino. Puedes contar conmigo si todo... no, no quiero decir nada más.
Nataniel comprendió de pronto que el frío y prosaico Segismundo acababa de demostrarle su lealtad y estrechó de corazón la mano que le tendía.
Había olvidado por completo que existía una Clara en el mundo a la que él había amado; su madre, Lotario, todos habían desaparecido de su memoria, vivía solamente para Olimpia, junto a quien permanecía, cada día, largas horas hablándole de su amor, de la simpatía de las almas y de las afinidades psíquicas, todo lo cual Olimpia escuchaba con una gran atención.
Nataniel sacó de los lugares más recónditos de su escritorio todo lo que había escrito, poesías, fantasías, visiones, novelas, cuentos, y todo esto se vio aumentado con toda clase de disparatados sonetos, estrofas, canciones que leía a Olimpia durante horas sin cansarse. Jamás había tenido una oyente tan admirable. No cosía ni tricotaba, no miraba por la ventana, no daba de comer a ningún pájaro, ni jugaba con ningún perrito, ni con su gato favorito, ni recortaba papeles o cosas parecidas, ni tenía que ocultar un bostezo con una tos forzada; en una palabra, permanecía horas enteras con los ojos fijos en él, inmóvil, y su mirada era cada vez más brillante y animada. Sólo cuando Nataniel al terminar cogía su mano para besarla decía:
‑¡Ah! ¡ah! ‑y luego‑, buenas noches, mi amor.
‑¡Alma sensible y profunda! ‑exclamaba Nataniel en su habitación‑: ¡Sólo tú me comprendes!
Se estremecía de felicidad al pensar en las afinidades intelectuales que existían entre ellos y que aumentaban cada día; le parecía oír la voz de Olimpia en su interior que ella hablaba en sus obras. Debía ser así, pues Olimpia nunca pronunció otras palabras que las ya citadas. Pero cuando Nataniel se acordaba en los momentos de lucidez ‑por ejemplo, cuando se levantaba por las mañanas y en ayunas‑, de la pasividad y del mutismo de Olimpia se decía:
‑¿Qué son las palabras? ¡Palabras! La mirada celestial de sus ojos dice más que todas las lenguas. ¿Puede acaso una criatura del Cielo encerrarse en el círculo estrecho de nuestra forma de expresarnos?
El profesor Spalanzani parecía mirar con mucho agrado las relaciones de su hija con Nataniel, prodigándole a éste todo tipo de atenciones, de modo que cuando se atrevió a insinuar un matrimonio con Olimpia, el profesor, con una gran sonrisa, dijo que dejaría a su hija elegir libremente.
Animado por estas palabras y con el corazón ardiente de deseos, Nataniel decidió pedirle a Olimpia al día siguiente que le dijera con palabras lo que sus miradas le daban a entender desde hacía tiempo, que sería suya para siempre. Buscó el anillo que su madre le diera al despedirse, para ofrecérselo a Olimpia, como símbolo de unión eterna. Las cartas de Clara y de Lotario cayeron en sus manos; las apartó con indiferencia, encontró el anillo y, poniéndoselo en el dedo, corrió de nuevo junto a Olimpia. Al subir las escaleras, y cuando se encontraba ya en el vestíbulo, oyó un gran estrépito que parecía venir del estudio de Spalanzani. Pasos, crujidos, golpes contra la puerta, mezclados con maldiciones y juramentos:
‑¡Suelta! ¡Suelta de una vez!
‑¡Infame!
‑¡Miserable!
‑¿Para esto he sacrificado mi vida? ¡Éste no era el trato!
‑¡Yo hice los ojos!
‑¡Y yo los engranajes!
‑¡Maldito perro relojero!
‑¡Largo de aquí, Satanás!
‑¡Fuera de aquí, bestia infernal!
Eran las voces de Spalanzani y del horrible Coppelius que se mezclaban y retumbaban juntas. Nataniel, sobrecogido de espanto, se precipitó en la habitación. El profesor sujetaba un cuerpo de mujer por los hombros, y el italiano Coppola tiraba de los pies, luchando con furia para apoderarse de él. Nataniel retrocedió horrorizado al reconocer el rostro de Olimpia; lleno de cólera quiso arrancar a su amada de aquellos salvajes, pero al instante, Coppola, con la fuerza de un gigante, cnnsiguió hacerse con ella descargando al mismo tiempo un tremendo golpe sobre el profesor, que fue a caer sobre una mesa llena de frascos, cilindros y alambiques, que se rompieron en mil pedazos. Coppola se echó el cuerpo a la espalda y bajó rápidamente las escaleras profiriendo una horrible carcajada; los pies de Olimpia golpeaban con un sonido de madera en los escalones.
Nataniel permaneció inmóvil; había visto que el pálido rostro de cera de Olimpia no tenía ojos, y que en su lugar había unas negras cavidades; era una muñeca sin vida.
Spalanzani yacía en el suelo, en medio de cristales rotos que le habían herido en la cabeza, en el pecho y en un brazo, y sangraba abundantemente. Reuniendo fuerzas dijo:
‑¡Corre tras él! ¡Corre! ¿A qué esperas? ¡Coppelius me ha robado mi mejor autómata! ¡Veinte años de trabajo! ¡He sacrificado mi vida! Los engranajes, la voz, el paso, eran míos; los ojos, te he robado los ojos, maldito, ¡corre tras él! ¡Devuélveme a mi Olimpia! ¡Aquí tienes los ojos!
Entonces vio Nataniel en el suelo un par de ojos sangrientos que le miraban fijamente. Spalanzani los recogió y se los lanzó al pecho. El delirio se apoderó de él y, confundidos sus sentidos y su pensamiento, decía:
‑¡Huy... Huy...! ¡Círculo de fuego! ¡Círculo de fuego! ¡Gira, círculo de fuego! ¡Linda muñequita de madera, gira! ¡Qué divertido...!
Y precipitándose sobre el profesor le agarró del cuello. Le hubiera estrangulado, pero el ruido atrajo a algunas personas que derribaron y luego ataron al colérico Nataniel, salvando así al profesor. Segismundo, aunque era muy fuerte, apenas podía sujetar a su amigo, que seguía gritando con voz terrible:
‑Gira, muñequita de madera ‑pegando puñetazos a su alrededor. Finalmente consiguieron dominarle entre varios. Sus palabras seguían oyéndose como un rugido salvaje, y así, en su delirio, fue conducido al manicomio.
Antes de continuar, ¡oh amable lector!, con la historia del desdichado Nataniel, puedo decirte, ya que te interesarás por el mecánico y fabricante de autómatas Spalanzani, que se restableció completamente de sus heridas. Se vio obligado a abandonar la universidad porque la historia de Nataniel había producido una gran sensación y en todas partes se consideró intolerable el hecho de haber presentado en los círculos de té ‑donde había tenido cierto éxito‑ a una muñeca de madera. Los juristas encontraban el engaño tanto más punible cuanto que se había dirigido contra el público y con tanta astucia que nadie (salvo algunos estudiantes muy inteligentes) había sospechado nada, aunque ahora todos decían haber concebido sospechas al respecto. Para algunos, entre ellos un elegante asiduo a las tertulias de té, resultaba sospechoso el que Olimpia estornudase con más frecuencia que bostezaba, lo cual iba contra todas las reglas. Aquello era debido, según el elegante, al mecanismo interior que crujía de una manera distinta, etcétera. El profesor de poesía y elocuencia tomó un poco de rapé y dijo alegremente:
‑Honorables damas y caballeros, no se dan cuenta de cuál es el quid del asunto. Todo ha sido una alegoría, una metáfora continuada. ¿Comprenden? ¡Sapienti sat!
Pero muchas personas honorables no se contentaron con aquella explicación; la historia del autómata les había impresionado profundamente y se extendió entre ellos una terrible desconfianza hacia las figuras humanas. Muchos enamorados, para convencerse de que su amada no era una muñeca de madera, obligaban a ésta a bailar y a cantar sin seguir los compases, a tricotar o a coser mientras les escuchaban en la lectura, a jugar con el perrito... etc., y, sobre todo, a no limitarse a escuchar, sino que también debía hablar, de modo que se apreciase su sensibilidad y su pensamiento. En algunos casos, los lazos amorosos se estrecharon más, en otros, ésto fue causa de numerosas rupturas.
‑Así no podemos seguir, decían todos.
Ahora en los tés se bostezaba de forma increíble y no se estornudaba nunca para evitar sospechas.
Como ya hemos dicho, Spalanzani tuvo que huir para evitar una investigación criminal por haber engañado a la sociedad con un autómata. Coppola también desapareció.
Nataniel se despertó un día como de un sueño penoso y profundo, abrió los ojos, y un sentimiento de infnito bienestar y de calor celestial le invadió. Se hallaba acostado en su habitación, en la casa paterna, Clara estaba inclinada sobre él y, a su lado, su madre y Lotario.
‑¡Por fin, por fin, querido Nataniel! ¡Te has curado de una grave enfermedad! ¡Otra vez eres mío!
Así hablaba Clara, llena de ternura, abrazando a Nataniel que murmuró entre lágrimas:
‑¡Clara, mi Clara!
Segismundo, que no había abandonado a su amigo, entró en la habitación. Nataniel le estrechó la mano:
‑Hermano, no me has abandonado.
Todo rastro de locura había desaparecido, y muy pronto los cuidados de su madre, de su amada y de los amigos le devolvieron las fuerzas. La felicidad volvió a aquella casa, pues un viejo tío, de quien nadie se acordaba, acababa de morir y había dejado a la madre en herencia una extensa propiedad cerca de la ciudad. Toda la familia se proponía ir allí, la madre, Nataniel y Clara, quienes iban a contraer matrimonio, y Lotario.
Nataniel estaba más amable que nunca, había recobrado la ingenuidad de su niñez y apreciaba el alma pura y celestial de Clara. Nadie le recordaba el pasado ni en el más mínimo detalle. Sólo cuando Segismundo fue a despedirse de él le dijo:
‑Bien sabe Dios, hermano, que estaba en el mal camino, pero un ángel me ha conducido a tiempo al sendero de la luz. Ese ángel ha sidu Clara.
Segismundo no le permitió seguir hablando temiendo que se hundiera en dolorosos pensamientos.
Llegó el momento en que los cuatro, felices, iban a dirigirse hacia su casa de campo. Durante el día hicieron compras en el centro de la ciudad. La alta torre del ayuntamiento proyectaba su sombra gigantesca sobre el mercado.
‑¡Vamos a subir a la torre para contemplar las montañas! ‑dijo Clara.
Dicho y hecho; Nataniel y Clara subieron a la torre, la madre volvió a casa con la criada, y Lotario, que no tenía ganas de subir tantos escalones, prefirió esperar abajo. Enseguida se encontraron los dos enamorados, cogidos del brazo, en la más alta galería de la torre contemplando la espesura de los bosques, detrás de los cuales se elevaba la cordillera azul, como una ciudad de gigantes.
‑¿Ves aquellos arbustos que parecen venir hacia nosotros? ‑preguntó Clara. Nataniel buscó instintivamente en su bolsillo y sacó los prismáticos de Coppola. Al llevárselos a los ojos vio la imagen de Clara ante él. Su pulso empezó a latir con violencia en sus venas; pálido como la muerte, miró fijamente a Clara, sus ojos lanzaban chispas y empezó a rugir como un animal salvaje; luego empezó a dar saltos mientras decía riéndose a carcajadas:
‑¡Gira muñequita de madera, gira! ‑y, cogiendo a Clara, quiso precipitarla desde la galería; pero, en su desesperación, Clara se agarró a la barandilla. Lotario oyó la risa furiosa del loco y los gritos de espanto de Clara; un terrible presentimiento se apoderó de él y corrió escaleras arriba. La puerta de la segunda escalera estaba cerrada. Los gritos de Clara aumentaban y, ciego de rabia y de terror, empujó la puerta hasta que cedió. La voz de Clara se iba debilitando:
‑¡Socorro, salvadme, salvadme! ‑su voz moría en el aire.
‑¡Ese loco va a matarla! ‑exclamó Lotario. También la puerta de la galería estaba cerrada. La desesperación le dio fuerzas y la hizo saltar de sus goznes. ¡Dios del cielo! Nataniel sostenía en el aire a Clara, que aún se agarraba con una mano a la barandilla. Lotario se apoderó de su hermana con la rapidez de un rayo, y golpeó en el rostro a Nataniel obligándole a soltar la presa. Luego bajó la escalera con su hermana desmayada en los brazos. Estaba salvada.
Nataniel corría y saltaba alrededor de la galería gritando:
‑¡Círculo de fuego, gira, círculo de fuego!
La multitud acudió al oír los salvajes gritos y entre ellos destacaba por su altura el abogado Coppelius, que acababa de llegar a la ciudad y se encontraba en el mercado. Cuando alguien propuso subir a la torre para dominar al insensato, Coppelius dijo riendo:
‑Sólo hay que esperar, ya bajará solo ‑y siguió mirando hacia arriba como los demás. Nataniel se detuvo de pronto y miró fijamente hacia abajo, y distinguiendo a Coppelius gritó con voz estridente:
‑¡Ah, hermosos ojos, hermosos ojos! ‑y se lanzó al vacío.
Cuando Nataniel quedó tendido y con la cabeza rota sobre las losas de la calle, Coppelius desapareció.
Alguien asegura haber visto años después a Clara, en una región apartada, sentada junto a su dichoso marido ante una linda casa de campo. Junto a ellos jugaban dos niños encantadores. Se podría concluir diciendo que Clara encontró por fin la felicidad tranquila y doméstica que correspondía a su dulce y alegre carácter y que nunca habría disfrutado junto al fogoso y exaltado Nataniel.

[1] En Los bandidos de Schiller.

ENSAYO SOBRE LOS CUENTOS FANTASTICOS DEL XIX


CUENTOS FANTASTICOS DEL XIX

Italo Calvino

LO FANTASTICO VISIONARIO

ENSAYO



El cuento fantástico es uno de los productos más característicos de la narrativa del siglo XIX y, para nosotros, uno de los más significativos, pues es el que más nos dice sobre la interioridad del individuo y de la simbología colectiva. Para nuestra sensibilidad de hoy, el elemento sobrenatural en el centro de estas historias aparece siempre cargado de sentido, como la rebelión de lo inconsciente, de lo reprimido, de lo olvidado, de lo alejado de nuestra atención racional. En esto se ve la modernidad de lo fantástico, la razón de su triunfal retorno en nuestra época. Notamos que lo fantástico dice cosas que nos tocan de cerca, aunque estemos menos dispuestos que los lectores del siglo pasado a dejarnos sorprender por apariciones y fantasmagorías, o nos inclinemos a gustarlas de otro modo, como elementos del colorido de la época.
El cuento fantástico nace entre los siglos XVIII y XIX sobre el mismo terreno que la especulación filosófica: su tema es la relación entre la realidad del mundo que habitamos y conocemos a través de la percepción, y la realidad del mundo del pensamiento que habita en nosotros y nos dirige. El problema de la realidad de lo que se ve ‑caras extraordinarias que tal vez son alucinaciones proyectadas por nuestra mente; cosas corrientes que tal vez esconden bajo la apariencia más banal una segunda naturaleza inquietante, misteriosa, terrible‑ es la esencia de la literatura fantástica, cuyos mejores efectos residen en la oscilación de niveles de realidad inconciliables.
Tzvetan Todorov, en su Introduction à la littérature fantastique (1970), sostiene que lo que distingue a lo «fantástico» narrativo es precisamente la perplejidad frente a un hecho increíble, la indecisión entre una explicación racional y realista, y una aceptación de lo sobrenatural. El personaje del incrédulo positivista que interviene a menudo en este tipo de cuentos, visto con compasión y sarcasmo porque debe rendirse frente a lo que no sabe explicar, no es, sin embargo, refutado por completo. El hecho increíble que narra el cuento fantástico debe dejar siempre, según Todorov, una posibilidad de explicación racional, a no ser que se trate de una alucinación o de un sueño (buena tapadera para todos los pucheros). En cambio, lo «maravilloso», según Todorov se distingue de lo «fantástico» por presuponer la aceptación de lo inverosímil y de lo inexplicable, como en las fábulas o en Las mil y una noches (distinción que se adhiere a la terminología literaria francesa, donde «fantastique» se refiere casi siempre a elementos macabros, tales como apariciones de fantasmas de ultratumba. El uso italiano, en cambio, asocia más libremente fantástico a fantasía; en efecto, nosotros hablamos de lo fantástico ariostesco, mientras que según la terminología francesa se debería decir «lo maravilloso ariostesco»).
El cuento fantástico nace a principios del siglo XIX con el romanticismo alemán, pero ya en la segunda mitad del XVIII la novela «gótica» inglesa había explorado un repertorio de motivos, de ambientes y de efectos (sobre todo macabros, crueles y pavorosos) que los escritores del Romanticismo emplearon profusamente. Y dado que uno de los primeros nombres que destaca entre éstos (por el logro que supone su Peter Schlemihl) pertenece a un autor alemán nacido francés, Chamisso, que aporta una ligereza propia del XVIII francés a su cristalina prosa alemana, vemos que también el componente francés aparece como esencial desde el primer momento. La herencia que el siglo XVIII francés deja al cuento fantástico del Romanticismo es de dos tipos: por un lado, la pompa espectacular del «cuento maravilloso» (del féerique de la corte de Luis XIV a las fantasmagorías orientales de Las mil y una noches descubiertas y traducidas por Galland) y, por otro, el estilo lineal, directo y cortante del «cuento filosófico» volteriano, donde nada es gratuito y todo tiende a un fin.
Si el «cuento filosófico» del siglo XVIII había sido la expresión paradójica de la Razón iluminista, el «cuento fantástico» nace en Alemania como sueño con los ojos abiertos del idealismo filosófico, con la declarada intención de representar la realidad del mundo interior, subjetivo, de la mente, de la imaginación, dándole una dignidad igual o mayor que a la del mundo de la objetividad y de los sentidos, Por tanto, ésta también se presenta como cuento filosófico, y aquí un nombre se destaca por encima de todos: Hoffmann.
Toda antología debe trazarse unos límites e imponerse unas reglas; la nuestra se ha impuesto la regla de ofrecer un solo texto de cada autor: regla particularmente cruel cuando se trata de elegir un solo cuento que represente todo Hoffmann. He elegido el más conocido (porque es un texto, podríamos decir, «obligatorio», El hombre de la arena (Der Sandmann), en el que los personajes y las imágenes de la tranquila vida burguesa se transfiguran en apariciones grotescas, diabólicas, aterradoras, como en las pesadillas. Pero también habría podido orientar mi elección hacia ciertas obras de Hoffmann en las que falta casi por completo lo grotesco, como en Las minas de Falun, donde la poesía romántica de la naturaleza alcanza lo sublime a través de la fascinación del mundo mineral. Las minas en las que el joven Ellis se abisma hasta el punto de preferirlas a la luz del sol y al abrazo de su esposa constituyen uno de los grandes símbolos de la interioridad ideal. Y aquí aparece otro punto esencial que todo discurso sobre lo fantástico debe tener presente: los intentos de esclarecer el significado de un símbolo (la sombra perdida de Peter Schlemihl en Chamisso, las minas en las que se pierde el Ellis de Hoffmann, el callejón de los hebreos en Die Majoratsherren de Arnim) no hacen otra cosa que empobrecer sus ricas sugerencias.
Dejando a un lado el caso de Hoffmann, las grandes obras del género fantástico en el romanticismo alemán son demasiado largas para entrar en una antología que quiere ofrecer el panorama más extenso posible. La medida de menos de cincuenta páginas es otro límite que me he impuesto y que me ha obligado a renunciar a algunos de mis textos favoritos, que tienen dimensiones de cuento largo o de novela corta: Chamisso, de quien ya he hablado, y su Isabel de Egipto, las demás obras hermosas de Arnim y Las memorias de un holgazán de Eichendorff. Ofrecer algunas páginas elegidas habría supuesto contravenir la tercera regla que me había fijado: ofrecer sólo cuentos completos. (He hecho una sola excepción: Potocki. Su novela, El manuscrito encontrado en Zaragoza, tiene cuentos que, pese a estar bastante relacionados entre sí, gozan de una cierta autonomía).
Si consideramos la difusión de la influencia declarada de Hoffmann en las distintas literaturas europeas, podemos asegurar que, al menos para la primera mitad del siglo XIX, «cuento fantástico» es sinónimo de «cuento a lo Hoffmann». En la literatura rusa el influjo de Hoffmann produce frutos milagrosos, como los Cuentos de Petersburgo de Gogol; pero hay que advertir que, antes incluso de cualquier inspiración europea, Gogol había escrito extraordrnarios relatos de brujería en sus dos libros de cuentos ambientados en el campo ucraniano. Desde un primer momento la tradición crítica ha considerado la literatura rusa del siglo XIX bajo la perspectiva del realismo, pero, de igual modo, el desarrollo paralelo de la tendencia fantástica ‑de Pushkin a Dostoyevski‑ se advierte con claridad. Precisamente en esta línea, un autor de primera fila como Leskov adquiere su plena proporción.
En Francia, Hoffmann ejerce una gran influencia sobre Charles Nodier, sobre Balzac (sobre el Balzac declaradamente fantástico y sobre el Balzac realista con sus sugestiones grotescas y nocturnas) y sobre Théophile Gautier, de quien podemos hacer partir una ramificación del tronco romántico que jugará un papel importante en el desarrollo del cuento fantástico: la esteticista. En cuanto al aspecto filosófico, en Francia lo fantástico se tiñe de esoterismo iniciático de Nodier a Nerval, o de teosofía a lo Swedenborg, como en Balzac y Gautier. Gérard de Nerval crea un nuevo género fantástico: el cuento‑sueño (Sylvie, Aurélia), sostenido por la densidad lírica más que por la estructura de la trama. En lo que respecta a Mérimée, con sus historias mediterráneas (y también nórdicas: la sugerente Lituania de Lokis), con su arte para fijar la luz y el alma de un país en una imagen que al punto se convierte en emblemática, abre al género fantástico una nueva dimensión; el exotismo.
Inglaterra pone un especial placer intelectual en jugar con lo macabro y lo terrible: el ejemplo más famoso es el Frankenstein de Mary Shelley. El patetismo y el humour de la novela victoriana dejan cierto margen para que siga actuando la imaginación «negra», «gótica», con renovado espíritu: nace la ghost story, cuyos autores acaso hacen gala de un guiño irónico pero, mientras tanto, ponen sobre el tapete algo de sí mismos, una verdad interior que no aparecerá en los manierismos del género. La propensión de Dickens por lo grotesco y macabro no sólo tiene cabida en sus grandes novelas, sino también en sus producciones menores, tales como las fábulas navideñas y las historias de fantasmas. Digo producciones porque Dickens (como Balzac) programaba su trabajo con la determinación de quien actúa en un mundo industrial y comercial (y de ese modo nacen sus mejores obras) y publicaba periódicos de narrativa escritos en su mayor parte por él mismo, pero pensados para dar cabida también a las colaboraciones de sus amigos. Entre estos escritores de su círculo (que incluye al primer autor de novelas policíacas, Wilkie Collins), hay uno que tiene un puesto de relieve en la historia del género: Le Fanu, irlandés de familia protestante, primer ejemplo de «profesional» de la ghost story, ya que prácticamente no escribió otra cosa que historias de fantasmas y de horror. Se afirma por entonces una «especialización» en el cuento fantástico que se desarrollará ampliamente en nuestro siglo (tanto a nivel de literatura popular como de literatura de ralidad, pero a menudo a caballo entre ambas). Esto no implica que Le Fanu deba considerarse como un mero artesano (lo que más tarde será Bram Stoker, el creador de Drácula), al contrario: el drama de las controversias religiosas da vida a sus cuentos, así como la imaginación popular irlandesa y una vena poética grotesca y nocturna (véase El juez Harbottle) en la que reconocemos una vez más la influencia de Hoffmann.
Lo común de todos estos autores tan distintos que he hombrado hasta aquí consiste en poner en primer plano una sugestión visual. Y no es casual. Como decía al principio, el verdadero tema del cuento fantástico del siglo XIX es la realidad de lo que se ve: creer o no creer en apariciones fantasmagóricas, vislumbrar detrás de la apariencia cotidiana otro mundo encantado o infernal. Es como si el cuento fantástico, más que cualquier otro género, estuviera destinado a entrar por los ojos, a concretarse en una sucesión de imágenes, a confiar su fuerza de comunicación al poder de crear «figuras». No es tanto la maestría en el tratamiento de la palabra o en perseguir el fulgor del pensamiento abstracto que se narra, como la evidencia de una escena compleja e insólita. El elemento «espectáculo» es esencial en la narración fantástica: no es de extrañar que el cine se haya alimentado tanto de ella.
Pero no podemos generalizar. Si en la mayor parte de los casos la imaginación romántica crea en torno a sí un espacio poblado de apariciones visionarias, existe también el cuento fantástico en el que lo sobrenatural es invisible, más que verse se siente, entra a formar parte de una dimensión interior, como estado de ánimo o como conjetura. Incluso Hoffmann, que tanto se complace en evocar visiones angustiosas y demoníacas, tiene cuentos en los que pone en juego una apretada economía de elementos espectaculares, con predominio de las imágenes de la vida cotidiana. Por ejemplo, en La casa deshabitada bastan las ventanas cerradas de una casucha ruinosa en medio de los ricos palacios del Unter den Linden, un brazo de mujer y luego un rostro de muchacha que asoman, para crear una expectación llena de misterio: tanto mayor por cuanto estos movimientos no son observados directamente, sino que se reflejan en un espejillo cualquiera que adquiere la función de espejo mágico.
La ejemplificación más clara de estas dos direcciones podemos encontrarla en Poe. Sus cuentos más típicos son aquellos en los que una muerta vestida de blanco y ensangrentada sale del féretro en una casa oscura cuyo fastuoso mobiliario respira un aire de disolución. La caída de la casa Usher constituye la más rica elaboración de este tipo. Pero tomemos El corazón revelador: las sugestiones visuales, reducidas al mínimo, se han concentrado en un ojo abierto de par en par en la oscuridad, y toda la tensión se centra en el monólogo del asesino.
Para comparar los aspectos de lo fantástico «visionario» y los de lo fantástico «mental», o «abstracto», o «psicológico», o «cotidiano», había pensado en un primer momento elegir dos cuentos representativos de ambas tendencias por cada autor. Pero rápidamente he advertido que a principios del siglo XIX lo fantástico «visionario», predomina con claridad, así como a finales de siglo predomina lo fantástico «cotidiano», para alcanzar la cima de lo inmaterial e inaprehensible con Henry James. He entendido, en suma, que con un mínimo de renuncias respecto al proyecto primitivo, podía unificar la sucesión cronológica y la clasificación estilística, titulando "Lo fantástico visionario» el primer volumen, que comprende textos de las tres primeras décadas del siglo XIX, y «Lo fantástico cotidiano» el segundo, que llega hasta el alba del siglo XX. Forzar un poco las cosas es inevitable en operaciones como esta, que tienen su punto de partida en definiciones contrapuestas: en todo caso, las etiquetas son intercambiables y cualquier cuento de una serie también podrá ser asignado a la otra; pero lo importante es que quede claro que la dirección general va hacia la paulatina interiorización de lo sobrenatural.
Poe ha sido, después de Hoffmann, el autor que más ha influido sobre el género fantástico europeo. La traducción de Baudelaire debía funcionar como el manifiesto de un nuevo planteamiento del gusto literario; y sucedió que los efectos macabros y «malditos» fueron acogidos más fácilmente que la lucidez de raciocinio que es el más importante rasgo distintivo de este autor. He hablado en primer lugar de su fortuna europea porque en su patria la figura de Poe no resultaba tan emblemática como para identificarla con un género literario concreto. Junto a él, incluso un poco antes que él, hubo otro gran americano que alcanzó en el cuento fantástico una intensidad extraordinaria: Nathaniel Hawthorne.
Hawthorne, entre los autores representados en esta antología, es ciertamente el que logra profundizar más en una concepción moral y religiosa, tanto en el drama de la conciencia individual como en la representación sin paliativos de un mundo forjado por una religiosidad exasperada, como el de la sociedad puritana. Muchos de sus cuentos son obras maestras (tanto de lo fantástico visionario, el aquelarre de Young Master Brown, como de lo fantástico introspectivo, Egotismo o la serpiente en el seno), pero no todos: cuando se aleja de los escenarios americanos (como en la demasiado famosa La hija de Rapaccini) su inventiva puede permitirse los efectos más previsibles. Pero en las obras mejores sus alegorías morales, siempre basadas en la presencia indeleble del pecado en el corazón humano, tienen una fuerza para visualizar el drama interior que sólo será igualada en nuestro siglo por Franz Kafka (sin duda existe un antecedente de El castillo kafkiano en uno de los mejores y más angustiosos cuentos de Hawthorne: My kinsman Major Molineaux).
Habría que decir que antes de Hawthorne y Poe lo fantástico en la literatura de los Estados Unidos tenía ya su tradición y su clásico: Washington Irving. Y no debemos olvidar un cuento emblemático como Peter Rugg, the Missing Man de William Austin (1824). Una misteriosa condena divina obliga a un hombre a correr en calesa junto a su hija, sin poder detenerse nunca perseguido por el huracán a través de la inmensa geografía del continente; un cuento que expresa con elemental evidencia los componentes del naciente mito americano: poder de la naturaleza, predestinación individual, intensidad aventurera.
Es, en suma, una tradición de lo fantástico ya adulta la que Poe hereda (a diferencia de los románticos de principios del siglo XIX) y transmite a sus seguidores, que a menudo no son más que epígonos y manieristas (algunos de ellos ricos en colores de la época, como Ambrose Bierce). Hasta que con Henry James nos encontramos frente a una nueva directriz.
En Francia, el Poe que a través de Baudelaire se ha hecho francés no tarda en hacer escuela. Y el más interesante de sus continuadores en el ámbito específico del cuento es Villiers de l'Isle‑Adam, que en Véra nos ofrece una eficaz puesta en escena del tema del amor que continúa más allá de la tumba, y en La tortura con la esperanza, uno de los ejemplos más perfectos de lo fantástico puramente mental (en sus antologías del género, Roger Callois elige Véra; Borges, La tortura con la esperanza: óptimas elecciones una y, sobre todo, la otra. Si yo propongo un tercer cuento es más que nada por no repetir las elecciones de los otros).
A finales de siglo, sobre todo en Inglaterra, se abren los caminos gue serán recorridos por el género fantástico en el siglo XX. Es en Inglaterra donde se perfila un tipo de escritor refinado al que le gusta disfrazarse de escritor popular, y su disfraz tiene éxito porque no lo emplea con condescendencia, sino con desenfado y empeño profesional, y esto es sólo posible cuando se sabe que sin la técnica del oficio no hay sabiduría artística que valga. R. L. Stevenson es el más feliz ejemplo de esta disposición de ánimo; pero junto a él debemos considerar dos casos extraordinarios de genialidad inventiva, así como de dominio del oficio: Kipling y Wells.
Lo fantástico de los cuentos hindúes de Kipling es exótico, pero no en el sentido esteticista y decadente, sino en cuanto que nace del contraste entre el mundo religioso, moral y social de la India y el mundo inglés. Lo sobrenatural a menudo es una presencia invisible, aunque sea terrorífica, como en La marca de la bestia; a veces el escenario del trabajo cotidiano, como el de Los constructores de puentes, se desgarra y, en una aparición visionaria, se revelan las antiguas divinidades de la mitología hindú. Kipling ha escriro también muchos cuentos fantásticos de ambiente inglés donde lo sobrenatural es casi siempre invisible (como en They) y domina la angustia de la muerte.
Con Wells se inaugura la ciencia ficción, un nuevo horizonte de la imaginación que conorerá un gran desarrollo en la segunda mitad de nuestro siglo. Pero el genio de Wells no reside sólo en formular hipótesis maravillosas y terrores futuros desvelando visiones apocalípticas; sus cuentos extraordinarios se basan siempre en un hallazgo de la inteligencia que puede ser muy simple. El caso del difunto Mr. Evelsham trata de un joven que es nombrado heredero universal por un viejo desconocido a condición de que acepte tomar su nombre. He aquí que se despierta en casa del viejo; se mira las manos: están arrugadas; se mira al espejo: él es el viejo; entonces se da cuenta de que el viejo ha tomado su identidud y su persona y está viviendo su juventud. Exteriormente todo es idéntico a la normal apariencia de antes; pero la realidad es de un horror sin límites.
Quien con más facilidad conjuga el refinamiento del literato de calidad y el brío del narrador popular (entre sus autores favoritos siempre citaba a Dumas) es R. L. Stevenson. En su corta vida de enfermo llegó a hacer muchas obras perfectas, de las novelas de aventuras al Dr. Jekyll, y numerosas narraciones fantásticas muy breves: Olalla, historia de vampiresas en la España napoleónica (el mismo ambiente de Potocki, a quien no sé si él llegó a leer); Thrown Janet, historia escocesa de brujería; los Island's Entertainements, donde con pluma ligera muestra lo mágico del exotismo (y también exporta motivos escoceses adaptándolos a los ambientes de la Polinesia); Markheim, que sigue el camino de lo fantástico interiorizado, como El corazón revelador de Poe, con una presencia más marcada de la conciencia puritana.
Uno de los más firmes seguidores de Stevenson es precisamente un escritor que no tiene nada de popular: Henry James. Con este escritor, que no sabemos si llamar americano, inglés o europeo, el género fantástico del siglo XIX tiene su última encarnación ‑o, mejor dicho, desencarnación; ya que se hace más invisible e impalpable que nunca: una emanación o vibración psicológica. Es necesario considerar el ambiente intelectual del que nace la obra de Henry James, y particularmente las teorías de su hermano, el filósofo William James, sobre la realidad psíquica de la experiencia: podemos decir que a finales de siglo el cuento fantástico vuelve a ser cuento filosófico como a principios de siglo.
Los fantasmas de las ghost stories de Henry James son muy evasivos: pueden ser encarnaciones del mal sin rostro o sin forma, como los diabólicos servidores de La vuelta de tuerca, o apariciones bien visibles que dan forma sensible a un pensamiento dominante, como Sir Edmund Orme, o mixtificaciones que desencadenan la verdadera presencia de lo sobrenatural, como en El alquiler del fantasma. En uno de los cuentos más sugestivos y emocionantes, The Jolly Corner, el fantasma apenas entrevisto por el protagonista es el mismo que él habría sido si su vida hubiese tomado otro camino; en La vida privada hay un hombre que sólo existe cuando otros lo miran, en caso contrario se disipa, y otro que, sin embargo, existe dos veces, porque tiene un doble que escribe los libros que él no sabría escribir.
Con James, autor que pertenece al siglo XIX por la cronología, pero a nuestro siglo por el gusto literario, se cierra esta reseña: He dejado a un lado a los autores italianos porque no me agradaba hacerlos figurar sólo por obligación: lo fantástico representa en la literatura italiana del XIX algo «menor». Antologías especiales (Poesie e racconti de Arrigo Boito, y Racconti neri della scapigliatura), así como algunos textos de escritores más conocidos por otros aspectos de su obra, de De Marchi a Capuana, pueden ofrecer preciosos hallazgos y una interesante documentación sobre el gusto de la época. Entre las demás literaturas que he omitido, la española tiene un autor de cuentos fantásticos muy conocido, Gustavo Adolfo Bécquer. Pero esta antología no pretende ser exhaustiva. Lo que he querido ofrecer es un panorama centrado en algunos ejemplos y, sobre todo, un libro fácil de leer.

Italo Calvino

***

miércoles, 27 de junio de 2007

HOSPITAL DEL TORAX - TARRASA // SUCESOS PARANORMALES

HOSPITAL DEL TORAX - TARRASA

INTRODUCCION


Una historia de suicidios, muertes, rituales satánicos, fenómenos paranormales y
sobre todo sensaciones extrañas dentro de un recinto de grandes dimensiones donde
todas sus zonas son ricas en cuanto a sucesos relacionados con el misterio, los
enigmas y los fenómenos paranormales.
Acaban de acceder al libro del hospital del Tórax de Terrassa, donde podrán leer la
historia y los sucesos que acontecen en un hospital abandonado de nueve plantas y unas
mil doscientas habitaciones, además de conocer los extraños sucesos ocurridos en el
pasado y en la actualidad de las zonas que lo rodean, entre ellas una vieja Iglesia, donde
lo absurdo te planta cara con demasiada frecuencia.
Un caso que solo recomiendo leer a personas que busquen encontrar una investigación
seria y documentada, ya que si hay algo que no faltan son testigos directos que se han
topado con el misterio de cara, desde actores de cine, directores, miembros del equipo de
rodaje, hasta empleados de un centro de disminuidos psíquicos que está en una zona
habilitada, pasando por cientos de curiosos que han acudido en busca de respuestas.
En este hospital se han rodado numerosas películas como "los sin nombre, el maquinista,
ouija, sesión 9, frágiles o la monja, por lo tanto los equipos de rodaje han sido testigos
privilegiados de algunas situaciones de auténtica tensión.
Este lugar también encierra un misterio evidente y es que por algún extraño motivo el
lugar sufrió un abandono repentino dejando el edificio lleno de mobiliario y documentos
médicos como archivos radiografías e incluso facturas del propio hospital, pero sin duda
lo que más preocupa es que también dejaron restos humanos escondidos dentro del tétrico
edificio, cosa que algunos grupos de corte satánico aprovechan para celebrar allí sus
rituales, ya que disponen de una Iglesia también bastante grande.
Es un libro que les recomiendo por su contenido y por la seriedad de la investigación, así
que no les entretengo más y doy paso a que empiecen a leerlo, además se escribió
mientras se realizaba la investigación, cada capítulo está escrito después de regresar de
cada investigación para poder trasmitir las sensaciones de una forma más directa.
Aquí encontrarán los primeros meses de investigación, por eso hemos querido subtitular
este libro digital como "el comienzo"


Capítulo 1

Habíamos acudido en varias ocasiones hasta la entrada del hospital, donde nos
encontramos un cartel que nos indica que estamos en el parque audiovisual de Terrassa,
pero nunca habíamos entrado ya que en la valla había un letrero que prohibía el paso a
toda persona ajena a la obra.
En esa época estaban terminado de rehabilitar el edificio que está justo detrás de la valla.
A la izquierda antes de llegar al cartel donde nos indica que estábamos en el parque
audiovisual, hay un hueco para entrar entre la maleza, donde en ocasiones habíamos
encontrado otra valla con un cartel que intentaba detener la entrada de curiosos
"prohibida la entra, propiedad privada"
No fue hasta el mes de Mayo del 2006 cuando decidimos entrar por el acceso que hay en
el campo, a la izquierda de la entrada principal, en aquella ocasión el cartel de
"prohibida la entra, propiedad privada" no estaba y la valla se encontraba en suelo,
seguramente algunos curiosos la derribaron sin mucha dificultad, ya que los obreros la
clavaban en la tierra sin demasiado empeño, simplemente para que se aguantase de pie.
Aquel Sábado de Mayo por la tarde, entramos por ese acceso y a los pocos metros ya
pudimos contemplar de cerca los muros del hospital, un lugar sin duda que desde fuera ya
impresionaba.
Pasamos por la parte izquierda del hospital rodeándolo, hasta llegar a una explanada que
nos quedaba a nuestra derecha justo delante de la parte trasera del hospital.
Allí nos encontramos con muchos bidones metálicos bastante extraños, la verdad es que
no sabíamos que era eso, allí no había nadie a quien preguntarle, por lo que decidimos
realizar unas fotografías de ese lugar y del hospital desde fuera.
Pasado unos instantes seguimos nuestro recorrido por el camino de tierra que había
después de ese curioso lugar y llegamos a una entrada que se encontraba a nuestra
derecha la cual se introducía entre unos arcos de hojas y daba paso a una casa. Nosotros
nos encontrábamos ajenos a si ese lugar estaría habitado o no, por lo que decidimos entrar
despacio y con mucho cuidado.....
Una vez traspasada la puerta nos encontramos con un pasillo oscuro a la derecha, el lugar
parecía estar abandonado, pero de todas formas teníamos que estar en alerta, no sabíamos
que nos íbamos a encontrar.
Aun era de día y no llevábamos linterna, pero el lugar poco a poco se empezó a hacer más
visible, nuestros ojos se empezaron a hacer a la oscuridad .... ya veíamos mejor, aunque el
lugar seguía siendo bastante oscuro.
A la derecha del pasillo nos encontrábamos con una habitación, la cual tenía la puerta
medio abierta, así que entramos con cuidado, pero nada más atravesarla, José y yo nos
miramos, allí habían signos que nos hacían intuir que ese lugar podía ser el refugio de
algún sin techo, ya que en el suelo justo a nuestra izquierda había un saco de dormir
envuelto en su funda, al lado envases de zumos, envoltorios de alimentos y una botella de
vino tinto que estaba por la mitad, además en un armario que había en la habitación
pudimos ver varias prendas de vestir colgadas. Todo estaba muy sucio y lleno de polvo,
incluso la ropa y el saco de dormir que allí encontramos.
Después de observar la habitación durante unos instantes salimos al pasillo a seguir
nuestro recorrido ... justo en frente de la puerta donde estábamos había otra habitación, en
la cual fue imposible entrar ya que estaba llena de trastos viejos, maderas y basura, así
que seguimos por el pasillo hacía adelante, donde a pocos pasos teníamos otra habitación
a nuestra derecha, en la que tampoco pudimos entrar ya que justo detrás de la puerta
habían puesto lo que nosotros identifiquemos como una madera que impedía que la
puerta se abriese.
A cuatro o cinco metro, también a la derecha encontramos otra habitación, esta si estaba
accesible, por lo que decidimos entrar con sumo cuidado.
Nada más traspasar la puerta nos dimos cuenta que desde ahí se podía acceder a la
habitación anterior...
El lugar donde habíamos entrado era bastante amplio, a la derecha teníamos la habitación
que era inaccesible desde el pasillo y a la izquierda una vieja cocina.
En la habitación de la derecha encontramos comida de pájaros y objetos relacionados con
el mundo de las aves, aquello parecía que era el lugar donde alguien cuidaba a sus pájaros
¿tendría que tener relación con aquellos bidones de la explanada? la verdad es que esa
pregunta nos rondó la cabeza a José y a mi.
Después de echar un vistazo en la cocina, salimos nuevamente al pasillo, ya solo nos
quedaba una habitación por ver, era la que estaba al final del pasillo.
Nos acercamos hasta la puerta pero no pudimos abrirla del todo, el cuarto estaba lleno de
maderas, hierros y cacharros viejos que bloqueaban la puerta por detrás e impedía su
apertura.
Ya habíamos visto todo los lugares accesibles de esa casa, que posteriormente apodamos
la casa del Palomar, por lo que decidimos salir de sus muros por la parte posterior a
donde habíamos entrado ya que había otra puerta abierta que parecía dar a unos jardines.
Al salir de la casa nos encontramos justo de cara el hospital, aquel edificio era inmenso,
tenebroso y eso que era aun de día.
Delante nuestro teníamos un jardín con unas escaleras que nos llevaban justo al hospital y
a los lados otras dos escaleras que parecían subir por encima de la casa donde habíamos
estado. A nuestra izquierda en mitad de la pared desconchada y en pésimo estado había
una puerta abierta, nos asomamos y encontramos ante nuestros ojos una Iglesia con
signos de abandono y de grandes dimensiones. No lo dudamos ni un instante y pasamos
al otro lado de la puerta, aquello era muy grande, podías mirar hacía arriba y te dabas
cuenta de lo largas que eran sus paredes....
Al entrar justo a la izquierda nos encontramos con varios confesionarios de madera y un
colchón de lona en el suelo, de eso que se utilizan para hacer gimnasia en las escuelas,
además habían mesas y muchos objetos inservibles.
En la derecha encontramos un montón de basura junta y varios cartones de zumo, además
de varias bolsas vacías de chips y alguna lata de conserva, lo que nos hizo pensar en
seguida en la posibilidad de que ese lugar fuese regentado por mendigos o personas sin
techo, ya que en la casa también encontramos indicios de ello.
Continuamos hacía delante y nos topamos con una mesa entre dos columnas, justo en el
lateral de la izquierda, la mesa estaba vacía y llena de polvo, a su lado a unos 8 metros, en
el centro de la Iglesia habían varias sillas junto a una mesa más pequeña "¿quizás vivan
varios sin techo aquí?" esa pregunta nos vino a la cabeza al ver las sillas, aunque algunas
estaban completamente llenas de polvo, como si nadie se hubiera sentado en ellas desde
hacía mucho tiempo.
Continuamos nuestra ojeada dentro de la Iglesia y al final donde estaba el altar habían dos
cuartos, uno a casa lado, los cuales estaban llenos de maderas, hierros y trastos viejos y
rotos, que impedían el acceso, aunque de todas formas eran habitaciones pequeñas y
desde fuera podíamos ver todo lo que había en su interior.
Habíamos visto el interior de la Iglesia de forma apresurada, ya que queríamos realizar
algunas fotografías del lugar antes de irnos y ya iba siendo la hora de regresar a casa.
Realizamos una decena de fotografías dentro de la Iglesia y algunas más en la puerta.
Mientras las hacíamos nos dimos cuenta que justo al lado de la entrada de la Iglesia, había
otra puerta completamente cerrada que accedía a otra casa.
Después de realizar algunas fotografías también en la casa que anteriormente habíamos
visitado, decidimos abandonar el lugar y salir hasta el camino donde teníamos aparcado el
coche.
Mientras regresaba al barrio de San Lorenzo, lugar donde iba a dejar a José, comentamos
que teníamos que volver, que el lugar merecía la pena. La próxima vez intentaríamos
registrar alguna inclusión de tipo psicofónica en el lugar......
Al analizar las fotografías del lugar observamos una fotografía bastante curiosa,
actualmente la están analizando los expertos en fotografía.....


Capítulo 2

Desde que salimos de las rodalías del antiguo hospital, nuestro mayor deseo era volver, el
sitio nos había trasmitido muchísima curiosidad, era el lugar soñado por mi desde mis
inicios en la investigación hacía tres años, pero a lo grande, ya que ese lugar por fuera era
de dimensiones espectaculares, cada vez que mirábamos las paredes de ese viejo hospital
veíamos cientos de ventanas que nos hacían pensar en la cantidad de habitaciones que
habrían dentro ........
Al Sábado siguiente, después de comer a eso de las cuatro de la tarde pasé a recoger a
José y nos fuimos hacía el hospital, situado a escasos kilómetros de San Lorenzo, barriada
donde reside mi compañero.
Antes de llegar al hospital, hicimos una parada en la conocida gasolinera de la Q-8 que se
encuentra ubicada en la carretera de Matadepera, justo antes del desvío que nos lleva
hacía el hospital.
Allí compramos agua fresca y pilas de repuesto para la grabadora digital que llevábamos
para realizar las pruebas de tipo psicofónica.
Un poco antes de las cuatro y media aparcaba el coche en el descampado de la parte
exterior al recinto del hospital, desde allí con la cámara fotográfica y la grabadora en
mano nos dirigimos hasta la parte posterior del edificio, donde está vez nos encontramos
con un señor en la explanada de los bidones y varias palomas revoloteando por la zona,
entonces entendimos enseguida que eso era un palomar.
Nos acercamos hasta este hombre que se encontraba sentado en la parte trasera viendo la
forma de actuar que tenían sus palomas.
Nosotros no sabíamos si estábamos en lugar privado o no, ya que en ocasiones anteriores
nos habíamos encontrado el famoso cartel que advertía que estábamos en una zona
privada......
Al llegar a la altura del hombre habíamos podido observar que desde hacía rato no nos
quitaba ojo de encima, parecía desconfiado, por lo que opté por saludarlo de forma
cordial y sacar la cámara fotográfica para realizar alguna fotografía de los muros del
hospital, instantes después me dirigí a él preguntándole sobre el edificio ¿sabe usted
cuando lo van a rehabilitar? el señor muy amablemente nos comentó que en principio ya
tenían que haber empezado las obras pero andaban con algo de retraso, también nos dijo
que iban a hacer un complejo hotelero en el lugar, aparte del parque audiovisual.
Mientras charlábamos con el, de vez en cuando realizaba alguna fotografía al paisaje, el
amigo palomero parecía cada vez más confiado al ver que eramos gente sana sin malas
intenciones.
No quisimos entrar en preguntas de otro tipo ya que al principio lo notamos muy
desconfiado y no deseábamos que se llevara una impresión equivocada de nosotros, por
eso optamos por no hacer referencia a nuestros verdaderos objetivos en el lugar y
seguimos nuestro curso hasta llegar a la entrada de la primera casa, donde pusimos en
marcha la grabadora digital y empezamos a realizar fotografías, hasta que en un momento
dado, después de realizar diez o doce fotografías, las pilas de la cámara dejaron de
funcionar debido a su desgaste.
Entonces saqué las que tenía de repuesto, que estaban sin usar y fue cuando nos topamos
con una situación bastante extraña que nos llamó poderosamente la atención "las pilas
nuevas no funcionaban" parecían descargadas por arte de magia, aunque no quisimos
hacer de ello algo demasiado significativo en relación a nuestras investigaciones, ya que
valorábamos la posibilidad de que me hubiese confundido al coger las pilas en casa y me
hubiera traído una usadas, aunque yo estaba seguro de que era imposible, ya que antes de
salir las había probado en la cámara y funcionaban perfectamente ........
Mientras seguíamos grabando con la grabadora digital, salimos a la parte del jardín y nos
introdujimos dentro de la Iglesia, lugar que se encontraba prácticamente igual que la
semana pasada, con la diferencia que esta vez encontramos la sillas en mitad de la Iglesia
formando un circulo y en medio una mesa con velas apagadas ....
Yo tuve la intuición de que allí quizás se realizaban sesiones de Ouija o espiritismo y a
mi compañero la disposición de las sillas y la mesa le trasmitió la misma sensación.
A los pocos minutos de estar dentro empezamos a escuchar gritos bastante extraños que
hizo que cesáramos nuestra grabación psicofónica, algunos de esos gritos incluso te
ponían los pelos de punta, parecían provenir de la parte de los jardines, concretamente de
la zona de la izquierda, por lo que decidimos dar una vuelta por el lugar....
Subimos por la escalera de la izquierda para dirigirnos a la parte del hospital de donde
parecían venir esos gritos, pero en medio del pasillo que hay en esa zona nos encontramos
con algo que nos impedía el paso, concretamente un gran árbol y mucha vegetación que
se cruzaban en el camino y hacían imposible el acceso, así que decidimos darnos la vuelta
y buscar otro camino, aunque ya que estábamos arriba decidimos echar un vistazo por
encima de la casa y la Iglesia, hasta terminar nuestro recorrido justo en la otra escalera,
por donde bajamos nuevamente al jardín.
Una vez abajo decidimos subir por la escalera central que nos llevaría justo a una de las
paredes del hospital.
Mientras pasábamos por mitad de la vegetación percibíamos la sensación que trasmite el
lugar, una sensación que te hace pensar "este sitio de noche tiene que ser acojonante" por
que ahora ya impresiona y estábamos a plena luz del día........
Al llegar a pared del hospital seguimos el pasillo en dirección "OESTE" hacía donde
habíamos escuchado los gritos y tras andar unos metros nos encontramos con una parte
del hospital que para nada estaba abandonada, incluso vimos pasar a varias enfermeras,
por lo que pensamos que quizás tuviesen alguna zona habilitada para realizar pruebas
médicas o atender a determinado tipo de enfermos.
Días después buscando información sobre el lugar, supimos que eso era el centro de
disminuidos Psíquicos La Pineda, el cual tenía más de sesenta plazas residenciales.......
"en ese momento comprendimos de quien provenían esos gritos".......
Después de darnos cuenta de que esa parte del hospital se encontraba en pleno
funcionamiento decidimos dar la la vuelta y seguir por el pasillo que está pegando a la
pared del hospital y dirigirnos hacía la zona "ESTE" del edificio.....
Cuando estábamos llegando la pared donde nos obligaba a girar a la derecha vimos en el
suelo un agujero bastante peligroso, era una zanja en el suelo de medio metro cuadrado y
bastante profundo, por lo que decidimos guardar ese dato en nuestra memoria, para evitar
accidentes en las próximas visitas.
Mientras caminábamos por el recinto del hospital mirábamos si había alguna entrada
hacía el interior, pero todo estaba cerrado o enladrillado, incluso la zona que está justo
delante del palomar, por lo que decidimos que ya era hora de marcharnos a casa a pasar
las fotografías y grabaciones de audio al ordenador para realizar en los próximos días su
correspondiente análisis....
Volvimos a montarnos en el Renault 19 verde y en cuestión de diez minutos ya estábamos
en el barrio de José, lugar donde aparcamos justo al lado del polígono industrial Can Petit
y escuchamos la grabación de audio.
En ese instante ya pudimos intuir que posiblemente habíamos registro alguna inclusión de
tipo psicofónica, ya que escuchamos varias voces que aparentemente no deberían estar
ahí, por lo que decidí irme para casa y pasar la grabación al ordenador.
Durante la semana analicé toda la grabación, habíamos registrados varias psicofonías
"voces que fueron inaudibles para nuestros oídos en el momento que se produjeron, pero
que luego aparecían en la grabación" sin embargo en las fotografías no habíamos
registrado nada extraño como ocurrió la semana pasada.
En la casa que apodamos del Palomar registramos varias inclusiones psicofónicas, las
más claras en cuanto a calidad fueron dos.
Según nuestra interpretación, en la primera entendemos que una voz masculina de
mediana edad dice "TAN TIMAO" y en la segunda una voz también masculina y algo
más grave dice "UN SEGUNDO"....
En la Iglesia también registramos alguna inclusión de tipo psicofónica, dos de ellas más o
menos claras, pero en este caso ambas voces parecían ser femeninas, en la primera
registramos el nombre de "ANA" y en la segunda interpretamos que una voz de mujer
dice "ESTÁ AQUÍ"
Eramos conscientes tanto José como yo, que haber registrado voces de tipo psicofónico
en nuestra grabadora no significaba que en el lugar ocurrieran fenómenos paranormales,
ya que este tipo de registros se pueden obtener en cualquier lugar, como por ejemplo
cualquier casa, yo mismo trabajo mucho la experimentación en laboratorio y realizo
grabaciones en mi propia casa, lugar donde jamás ha pasado nada extraño.
Las voces están ahí queramos o no, solo necesitamos aportar nuestra tecnología para
registrarlas.....
La cosa empezaba a pintar a nuestro gusto, ya conocíamos algo mejor el lugar y habíamos
obtenido voces de origen desconocido, además de una fotografía curiosa, que por lo
menos alimentaba nuestro ímpetu por seguir investigando en el lugar.
Lo cierto es que eramos conscientes de que la fotografía seguramente se debería a la baja
resolución de la cámara o algún reflejo, pero solo pensar en que existía una mínima
posibilidad de que no tuviera explicación nos cargaba las pilas en los momentos donde el
cansancio se hacía presente, ya que yo personalmente compaginaban mi trabajo, con estas
investigaciones, que además continuaban en mi laboratorio..


Capítulo 3

Habían pasado varias semanas desde nuestra última visita a los alrededores del hospital,
entre el trabajo y varios experimentos psicofónicos que estaba realizando en laboratorio,
me había visto obligado a dejar aparcado el caso del hospital del Tórax, por lo que
aproveché durante unas semanas para buscar información del antiguo hospital.
Lo que encontré era realmente interesante.
En ese lugar ya habían rodado escenas de varias películas, incluso alguna de ellas casi de
forma íntegra, como era el caso de "The Machinist", o "sesión 9", que cuenta la historia
de un viejo hospital al que acuden varios empleados de limpieza con el trabajo asignado
de limpiar todo el edificio.
Otras películas de las cuales se han rodado escenas en el hospital son "los sin nombre"
donde se rodó la autopsia de la niña desaparecida, "Frágiles" "la monja" o "Ouija" entre
otras.
Algunas de las personas que han estado presente en esos rodajes han afirmado ser testigos
de situaciones de lo más extraño, según el director Jaume Balangueró algunos de los
actores que han trabajado para sus películas rodadas en el hospital, tenían que ir al lavabo
de dos en dos, debido al miedo que les trasmitía el lugar.
La película Ouija también esta marcada por algo significativo, quizás se deba
simplemente a la casualidad, pero lo curioso es que durante el rodaje le ocurrió un
accidente de moto a uno de los protagonistas, al igual que sucedía en la película.
Sin embargo, la protagonista Montse Mostaza, afirmó que accidentes de moto hay todos
los días y que seguramente se debería a una casualidad.
También comentó que el lugar le causaba incomodidad, ya que los hospitales nunca le
habían causado buenas sensaciones y eso, había sido uno hacía años. Según Montse
Mostaza, en los descansos y a la hora de la comida, salía fuera del hospital por que se
sentía más a gusto.
Sin duda su testimonio es significativo, ya que la protagonista de la película Ouija,
expresó claramente que no creía en fantasmas ni fenómenos paranormales.
Otra cosa que atrajo mi curiosidad fue leer la entrevista realizada por Anika cine al
director de la película Ouija, Juan Pedro Ortega García, el cual aseguraba que en Mura,
pueblecito donde estaban alojados, vivieron ciertos fenómenos paranormales, no había
noche que no escucharan ruidos extraños, portazos inesperados o gritos en mitad de la
oscuridad.
Haber accedido a esta información cambiaba las cosas sobre el lugar, ya que nuestra
visión del antiguo hospital era simplemente que aquello estaba marcado por una leyenda
sin argumentos, donde se decía que años atrás se habían suicidado mucha gente.
Ahora éramos conscientes que personas relacionadas con el mundo del cine, desde
actores, directores, hasta empleados técnicos o de coordinación, aseguraban que el
interior de ese edificio transmitía una sensación muy extraña, incluso se hablaba de
sombras, ruidos extraños, cambios bruscos de temperatura, hasta fenómenos de tal índole
que acabó por que uno de los directores de esos rodajes decidiera decir públicamente en
un programa de televisión que allí no volvería más, por que había visto cosas muy raras.
Estábamos a finales del mes de Junio y nos acercamos hasta el antiguo hospital, habíamos
quedado unos días después con algunos amigos para organizado una "kedada" y visitar el
lugar, por lo que decidimos ir a dar el último vistazo antes.
Al llegar al lugar nos encontramos con una sorpresa, nuevamente la valla que impedía el
paso estaba allí, por lo que decidimos que no sería correcto llevar al grupo a un lugar
donde el acceso no estaba permitido, no obstante, nosotros ese día que fuimos a realizar
la última inspección ocular, si que entramos, ya que por el lado había un hueco y lo que
nos encontramos en el palomar nos hizo suponer que el lugar estaba desalojado, ya que
no había ningún amigo con sus palomas y aquello parecía tener signos de abandono, lo
que nos hizo pensar en la posibilidad de que las obras comenzaran en breve.
La "kedada" finalmente la realizamos en la Montañeta, lugar donde los famosos suicidas
de Terrassa iban a ver objetos voladores no identificados "O.V.N.I"
El día 2 de Julio, José y yo volvimos hasta el viejo hospital para ver como se encontraba
el lugar. La valla estaba nuevamente en el suelo, por lo que entramos sin tener que
"salvar" ningún obstáculo y justo al llegar al palomar, encontramos a varias personas
charlando sobre sus palomas. Las saludamos y nos dirigimos hacía la casa del palomar,
lugar donde realizamos una inspección ocular rápida, observando que la primera
habitación de la derecha seguía prácticamente igual, pero la que estaba justo al lado, que
en la anterior ocasión estaba con una madera detrás de la puerta y que impedía el paso, en
esta ocasión, se encontraba completamente abierta, así que después echar un vistazo, nos
dirigimos hacía la Iglesia, pero antes de entrar nos percatamos que la puerta de la casa del
al lado, la que siempre estaba cerrada, se encontraba medio abierta, así que decidimos
entrar y recorrer todas sus zonas.
Sin duda esta segunda casa era bastante más grande que la otra.
Nada más entrar nos encontramos una habitación en frente y un pasillo a nuestra derecha,
que está distribuido de la siguiente manera.
A la derecha una habitación, a la izquierda otra, seguimos adelante y a la izquierda
volvemos a encontrar un cuarto de baño, un lavadero y un aseo, y al final a la derecha otra
habitación más.
Después de realizar esta inspección ocular y comprobar que esa casa además de ser más
grande era más oscura y tétrica, decidimos realizar una medición ambiental, tanto de
humedad como de temperatura, para comprobar si existían muchos cambios de humedad
y temperatura entre las diferentes habitaciones de ambas casas y la Iglesia.

Las mediciones tomadas fueron las siguientes:

TEMPERATURA EXTERIOR A LA SOMBRA Y HUMEDAD
25.6 c 41%

CASA DEL PALOMAR
Entrada de la casa: 24.9 c 43%
Pasillo: 24.8c 44%
Cocina: 24.6c 48%
Primer cuarto: 24.5c 51%

IGLESIA:
24.5 c 51%

SEGUNDA CASA
Entrada cuarto de enfrente: 26.1 c 46%
Entrada cuarto derecha: 25.3 c 45%
Cuarto pasillo derecha: 25.5 c 45%
Cuarto pasillo izquierda: 25.5 c 46%
Cuarto de baño: 25.8 c 46%
Cuarto lavadero: 26.2 c 49%
Cuarto ducha: 25.8 c 52%
Cuarto último derecha: 24.6 c 49%


Una vez terminamos de tomar las mediciones pasamos a realizar una grabación de tipo
psicofónica controlada y protocolada en todo momento, indicando siempre nuestra
posición y anotando todos los sonidos externos que se producían.
Empezamos a grabar en la segunda casa, donde realizamos grabaciones en todas las
habitaciones, pasando posteriormente por la Iglesia, lugar donde también recorrimos todo
su interior palmo a palmo con la grabadora en la mano y en función de grabación, hasta
terminar en la casa del palomar, sitio en el que también grabamos en todas sus estancias.
La grabación duró aproximadamente quince minutos, registrando varias inclusiones de
tipo psicofónica, sobre todo en la casa del palomar, donde los resultados fueron bastante
mejores que en la Iglesia y sobre todo que en la segunda casa, lugar donde recogimos
algún sonido muy leve y de difícil interpretación.
De regreso a casa, comentamos en el coche que la próxima vez que viniéramos
realizaríamos grabaciones de tipo psicofónicas utilizando el método que estaba
experimentando en mi laboratorio, el cual me estaba dando muy buenos resultados.
Las dos semanas previas antes de regresar al antiguo hospital, los pasé experimentado con
constancia el método hermético, el cual consiste simplemente en colocar la grabadora
dentro de un tiesto de vidrio hermético que aisla bastante el ruido exterior.
Aunque este método no es igual que utilizar una jaula de faraday o una campana de vacío,
si que da algo más de seguridad a la hora de analizar las grabaciones, además el abrir y
cerrar el tiesto nos servía de portadora y en ocasiones parecía contribuir de forma positiva
a la obtención de este tipo de voces.


Capítulo 4

Era Sábado 15 de Julio, me levanté a eso de las nueve de la mañana para acudir a la
oficina, ese Sábado me tocaba guardia en el trabajo, así que debería esperar unas horas
aun para visitar nuevamente el antiguo hospital del Tórax.
El día de antes ya habíapreparado mentalmente la investigación, además de anotar
algunas preguntas que quería realizar durante la investigación psicofónica. Ese día tenía
la intuición de que lograría buenas inclusiones, seguramente debido a la enorme
"ansiedad" que tenía por volver al lugar y empezar con lo que realmente me gusta, que es
la investigación de campo.
Sobre las cinco de la tarde salí de mi casa y cuando llegué a la calle, mi estado anímico
cambió casi de forma radical. El cielo estaba oscuro, era casi de noche, todo parecía
presagiar una enorme tormenta, pero aun así, armado de "valor" y debido a las ganas que
tenía de estar nuevamente en el hospital, decidí ir a buscar a José.
Al llegar a casa de mi hermana, lugar donde José me esperaba, empezó a llover de forma
muy suave, el cielo rugía con sonidos amenazantes de tormenta, lo que nos hizo plantear
seriamente si quedarnos en casa jugando unas partidas a la Play Station o ir al hospital.
Finalmente decidimos bajar a la calle, montarnos en el coche y dirigirnos hasta las afueras
de Terrassa, lugar donde se encuentra el antiguo hospital.
Antes de llegar a la zona vallada dejamos el coche en el campo, lugar donde solíamos
hacerlo habitualmente, aunque esta vez en una zona estratégica por si llovía que no nos
quedáramos atrapados debido al barro que se forma en ese lugar.
El cielo cada vez lo veíamos más cerrado, no sabíamos si podríamos realizar la
investigación de forma integra, ya que el fango que se forma en ese tipo de lugares suele
ser bastante denso y dificulta de forma considerable el manejo de ciertos vehículos, como
era el caso del que nosotros llevábamos.
Nada más bajar del coche fuimos directos hasta la zona del palomar, no podíamos perder
tiempo ante esas condiciones climatológicas que nos encontrábamos, por lo que
realizamos una inspección ocular de la zona, entrando primero en la casa del palomar y
posteriormente a la Iglesia. La segunda casa se encontraba completamente cerrada, por lo
que decidimos realizar una serie de fotografías de todas las zonas abiertas y comentar
entonces en que lugar empezaríamos a realizar nuestras grabaciones de tipo psicofónica.
La entrada de la casa del palomar fue el lugar elegido para realizar la primera grabación,
pero nada más poner la grabadora digital en rec, escuchamos el primer estruendo
considerable, el cielo parecía avisarnos nuevamente de que estábamos en el lugar
equivocado a la hora equivocada, pero aun así nosotros queríamos grabar y decidimos ir a
la primera habitación que está justo en el pasillo a la derecha, allí utilizamos el método
hermético con portadora repetitiva.
El método consistía en meter la grabadora digital dentro del tiesto de vidrio hermético y
realizar una pregunta, posteriormente después de formularla, lo cerrábamos generando
una portadora que duraba aproximadamente entre tres y cinco segundos, dejando un
espacio de silencio más, mientras la grabadora continuaba dentro del tiesto
completamente cerrado, hasta transcurrir un total de treinta segundos, pasado ese tiempo
abríamos nuevamente el tiesto y volvíamos a realizar la misma operación, formulando
una pregunta distinta, en cada ocasión.
Eramos consciente de que el método hermético aislaba bastante el ruido externo, pero que
no era fiable del todo, ya que se podían colar voces externas de todos modo, aun así era
más seguro utilizar este método, que poner la grabadora sin ningún tipo de aislamiento
ambiental, por lo que decidimos utilizarlo para nuestra grabación.
Durante la grabación controlamos en todo momento la temperatura y humedad, por si
surgían cambios considerables durante el experimento. A continuación tenéis detalladas
las preguntas que realizamos, las respuestas que obtuvimos y las mediciones ambientales
que registramos en la primera habitación de la derecha.
Me gustaría aclarar que las respuestas que hemos puesto son las que nosotros
interpretamos, no quiere decir que realmente las voces digan eso, ya que siempre nos
topamos con el mismo problema a la hora de interpretar psicofonías y es que cada uno
puede llegar a entender un contenido distinto.

SI HAY ALGUNA INTELIGENCIA QUE NOS DIGA SU NOMBRE
Psicofonías obtenidas: 1 ( Me parece bien)
Temp. antes 30,9 56% Cambio 30,9 54%

- ¿ME PODÉIS EXPLICAR ALGO SOBRE ESTE LUGAR?
Psicofonías obtenidas: 0
Temp. antes 30,4 54% Cambio 30,3 53%

- ¿SABÉIS CUANTAS PERSONAS ESTÁN AQUÍ?
Psicofonías obtenidas: 1 (Siete)
Temp. antes 30,0 53% Cambio 29,7 52%

- ¿SABÉIS NUESTROS NOMBRES, CUALES SON?
Psicofonías obtenidas: 1 (Es tu tío)
Temp. antes 29,7 52% Cambio 29,4 52%

- ¿ES VERDAD LO QUE CUENTAN SOBRE ESTE LUGAR?
Psicofonías obtenidas: 0
Temp. antes 29,4 52% Cambio 29,3 52%
Después de realizar esta serie de preguntas, decidimos seguir con este método de
grabación en la última habitación de la derecha, concretamente en la cocina, ya que había
empezado a llover de forma suave y el cielo cada vez estaba más oscuro.

- ¿ ME PODÉIS DECIR QUE PARTE DE REALIDAD HAY EN LA LEYENDA
DEL HOSPITAL DEL TÓRAX?
Psicofonías obtenidas: 1 (Te lo digo)
Temp. antes 29,5 55% Cambio 29,2 53%

- ¿QUE LUGAR DE LOS ALREDEDORES DEL HOSPITAL DEL TÓRAX ES
MEJOR PARA GRABAR PSICOFONIAS?
Psicofonías obtenidas: 1 (Que papeles, se puede)
Temp. antes 29,2 53% Cambio 29,1 52%

- ¿ QUE TEORÍA SOBRE PSICOFONIAS SE APROXIMA MAS AL ORIGEN
DEL FENÓMENO?
Psicofonías obtenidas: 0
Temp. antes 29,1 52% Cambio NO

- ¿ DONDE ESTA LA ENTRADA AL SÓTANO DEL HOSPITAL?
Psicofonías obtenidas: 0
Temp. antes 29,1 52% Cambio 28,8 52%

- ¿ EN QUE AÑO DEJO DE FUNCIONAR EL HOSPITAL?
Psicofonías obtenidas:1 (Pues no se)
Temp. antes 28,8 52% Cambio NO

- ¿ VIVE ALGUIEN EN LA IGLESIA O LOS CUARTOS DEL PALOMAR?
Psicofonías obtenidas: 0
Temp. antes 28,6 54% Cambio NO

Después de realizar la grabación, comenzamos con un barrido fotográfico por todas las
habitaciones de la casa del palomar, pero solamente nos dio tiempo a realizar ocho o diez
fotografías, el cielo comenzó a llorar con toda su fuerza y a esbozar gritos de rabia, en
pocos segundos la tierra se convertiría en fango, así que salimos de allí a paso ligero,
nuestro vehículo se encontraba aparcado en la parte de fuera.
Al analizar la grabación en casa consideramos que había valido la pena acudir ese Sábado
tan oscuro al hospital, ya que según nuestra interpretación habíamos conseguido registrar
alguna inclusión aparentemente "inteligente" que respondía a nuestras preguntas, aunque
mi opinión personal es que estamos ante un juego de percepciones, en el cual nosotros
mismos asociamos una respuesta a nuestra pregunta.
Yo personalmente valoro más la teoría de la impregnación que la de estar ante
inteligencias que nos responden.
En el transcurso de las siguientes semanas, José estuvo hablando con la hija de una de las
personas que trabaja en la parte habilitada del edificio del antiguo hospital y le contaba
que su madre y sus compañeras cuando trabajan en turno de noche escuchan ruidos que
provienen de la parte abandonada, sobre todo golpes, gritos, porrazos y alboroto, esto
ocurre indiferentemente del día, aunque según afirma la hija, los Viernes, Sábados y
Domingo es cuando más actividad hay, por eso valoran la posibilidad de que sean jóvenes
que se cuelan con la intención de hacer el gamberro un rato.
Una de las preguntas que José realizó a esta chica, que por cierto es amiga suya, es que le
preguntara a su madre si sabe donde está ese acceso al sótano, pero según le respondió a
los pocos días, su madre no tiene ni idea, ni tampoco de por donde se pueden colar los
gamberros a la parte cerrada del hospital, ya que está todo enladrillado y además hay un
vigilante de seguridad dando vueltas por el recinto.
También un grupo de personas, amigas de esta chica acuden muchos fines de semana a
las rodalias del hospital a altas horas de la noche con los amigos para sentarse en el
campo, justo donde está el palomar, con la intención de pasar un poco de "miedo"
escuchando los ruidos que provienen de la parte abandona del antiguo hospital (ruido que
seguramente será causado por el viento, ya que provoca que puertas y ventanas se abran y
se cierren de forma bastante frecuente)
En esas semanas empecé solicitar testimonios de personas que hubieran visitado el lugar,
haciendo llamamientos en foros y listas de Internet, además de corriendo la voz a los
amigos y conocidos de mi ciudad, ya que según las averiguaciones de José, el lugar
parecía invitar a los curiosos a visitarlo, ya que eran varios los testimonios de personas
que le llegaron a través de esta amiga, la cual lo puso en contacto con algunos de ellos de
forma directa.


Capítulo 5

Hasta el día 5 de Agosto, no volví a visitar la rodalías del antiguo hospital, por distintos
motivos, entre ellos, que uno de los fines de semana acudí a la alerta ovni que celebraba
el amigo Juan Félix Palma.
El otro lo pasé tomándome un pequeño descanso relajo en casa, viendo películas y
analizando algunas grabaciones que tenía atrasadas.
Sin duda este pequeño descanso que vino muy bien para recuperar fuerzas y seguir con
esta investigación.
Días atrás había estado en los archivos históricos y comarcales de Terrassa en busca de
información de hospital, pero para mi sorpresa, allí no tenían ningún tipo de documento
oficial relacionado con el hospital, solo algún artículo de prensa.
Según la persona que me atendió, el hospital en aquella época pertenecía al Ministerio,
por lo cual, los archivos deberían estar en Madrid.
Sin perder tiempo, me puse en contacto con el Ministerio de Sanidad en Madrid, pero
según me afirmaron allí no tenían nada sobre este hospital que yo les comentaba, cosa
que me sorprendió bastante, ya que no hacía tantos años que lo cerraron, incluso aun tenía
algunas partes habilitadas.
El mes de Agosto estaba a la vuelta de la esquina, a penas faltaban unos días, por lo que
decidí esperar a después de vacaciones para continuar con mi búsqueda de archivos y
ponerme en contacto mediante correo certificado con la Generalitat de Cataluña, consejo
que me dio, un buen amigo, llamado José Antonio Roldán.
Mientras tanto continuaba con mi búsqueda incansable de testigos y personas que
hubieran estado en el hospital desde que se encontraba abandonado, hacía algunos años.
La búsqueda parecía dar resultado ya que los testigos seguían apareciendo, aunque sus
relatos eran de lo más variado, desde personas que aseguraban no haber vivido nada
extraño, hasta otros que se habían sentido observados o incluso habían sido testigos en
primera persona de sombras y ruidos inexplicables que ellos no supieron identificar.
De todas formas debíamos ser cautos, ya que todos coincidían en lo mismo "ese lugar es
impresionante" el interior del hospital no había dejado a ninguno de ellos indiferente, la
mayoría habían vivido en sus propias carnes la sensación de "miedo" y angustia que
trasmite el lugar, sobre todo aquellos que habían acudido durante la noche.
El 5 de Agosto de 2006, se incorporaron a la investigación Javi y Raque, así que antes de
salir de casa, tomando una coca-cola, los puse al día de todo mis conocimientos y
experiencias vividas en ese lugar, además les mostré las fotografías que tenía y las
inclusiones psicofónicas que había registrado en mis visitas a las rodalías del antiguo
hospital.
Según me comentaron el lugar les parecía de lo más interesante, incluso Raque, en un
momento de confianza absoluta me dijo que sentía intranquilidad, ya que es una persona a
la cual estos lugares le causa bastante impresión, pero sus ganas de buscar respuestas la
hace transformarse en alguien "valiente" y enfrentarse a ese miedo interior.
A media tarde salimos de mi casa, lugar donde estaban pasando unos días y nos dirigimos
hacía el antiguo hospital, aunque antes de llegar hicimos la típica parada en la gasolinera
Q8 donde compramos agua, pilas y una bolsa de patatas que nos comimos dentro del
coche mientras charlábamos sobre estos temas que tanto nos gustan.
Una vez salimos de la gasolinera a escasos metros nos encontramos el desvió hacía el
hospital. Desde ahí ya se puede observar perfectamente el enorme edificio.
Javi ya lo conocía de verlo desde fuera años atrás cuando vivía en Terrassa, pero Raque,
quedó impresionada al ver las dimensiones del lugar donde queríamos entrar, si
encontrábamos lógicamente algún acceso abierto.
Cuando aparcamos el coche en el lugar de siempre, comenté a mis compañeros que en
esta primera visita haríamos grabaciones de tipo psicofónica en la Iglesia, pero más que
nada aprovecharíamos el tiempo, en enseñarles el lugar y buscar alguna entrada abierta al
hospital.
Mientras caminábamos hacía la parte trasera del hospital, podía observar a mis dos
compañeros como miraban los muros del hospital con cara de asombro y deseo a la vez,
se notaba que estaban ansiosos, igual que yo, por encontrar un lugar que nos permitiera el
acceso.
Durante esos minutos que tardamos en llegar hasta la entrada de la casa del palomar, les
iba comentando cosas del lugar, que me iban viniendo a la memoria a medida que
atravesábamos el campo.
Una vez en la puerta de la casa del palomar, nos paramos y sacamos las cámaras
fotográficas, a medida que les mostraba las habitaciones y les comentaba las grabaciones
que había realizado, aprovechábamos para hacer varias fotografías.
A los pocos minutos ya habíamos visto y fotografiado la casa del palomar, por lo que les
propuse entrar a grabar a la Iglesia y realizar fotografías para posteriormente enseñarles
las zonas ajardinadas y dar una vuelta al rededor del hospital en busca de alguna entrada
"secreta"
Nada más entrar en la Iglesia, pudimos observar que el suelo se encontraba como en
ocasiones anteriores lleno de hojas secas, como si varios arboles se hubieran desprendido
de ellas en ese lugar.
Me acerqué a una mesa que quedaba justo a la izquierda en mitad de la Iglesia, allí deje
mi mochila, cuando Javi me alertó "mira Migue...sillas en circulo y en medio una mesa"
entonces yo le dije "claro, ya te lo había dicho, aquí seguramente harán Ouijas o algo"
Javi comenzó a fotografiar ese escenario digno de cualquier película de terror, mientras
yo empecé a realizar fotografías por otro lado.
A los pocos minutos Javi me avisó de que había un pentagrama pintado en el suelo, justo
donde habíamos visto nada más entrar una cruz de madera en el suelo, a la cual no le
dimos importancia, ya que pensamos que estaría ahí por que algún gamberro la habría
roto.
Lo cierto es que el pentagrama estaba en la zona del altar de la iglesia y lo que aun nos
llamó más la atención es que estaba pintado de color rojo y se encontraba invertido, pero
es que al mirar la cruz también nos percatamos de que estaba invertida.
Esto nos hizo sospechar que en ese lugar igual se celebraban rituales satánicos, por lo que
decidimos fotografiarlo todo bien y dibujar en nuestro cuaderno de campo el símbolo y la
cruz de forma idéntica.
Posteriormente pudimos saber que el pentagrama invertido simboliza la estrella de la
mañana, nombre que Satanás a tomado para él. También es usado en brujería y rituales
ocultos para invocar a espíritus malignos, pero de todas formas este símbolo representa a
Satanás.
La cruz invertida simboliza burla y rechazo hacía Jesús, por eso consideramos que por lo
menos alguien interesado por estos temas podría haber estado allí realizando cualquier
tipo de invocación, ya que los símbolos estaban perfectamente colocados.
Además hubo otra cosa que nos llamó la atención y de la cual desconocemos su
significado si es que lo tiene.
Desde una punta de la Iglesia a la otra habían dos tiras rectas de cinta adhesiva pegadas
en el suelo que pasaban justo por el borde del pentagrama.
En la entrada de la Iglesia observamos varias velas apagadas en línea encima de una de
las rayas de cinta adhesiva, parecía una carretera llena de velas.
Después de anotar todos estos detalles en nuestro cuaderno, subimos nuevamente al altar
para realizar una prueba de tipo psicofónica, la cual duró unos minutos, tiempo en que no
realizamos ninguna pregunta, buscando toparnos con la teoría de la impregnación. Acto
seguido, Raqué comenzó un barrido fotográfico mientras yo realizaba fotografías de los
distintos dibujos que habían dentro de la Iglesia.
Pasados apenas tres minutos Raque me comunicó que se le habían gastado las pilas de la
cámara, cosa que me extrañó ya que las acaba de comprar en la gasolinera, así que le dije
que se acercara al medio de la Iglesia, lugar donde me encontraba yo realizando
fotografías. Al dar cuatro o cinco pasos Raque me dijo sorprendida "ahora me funcionan
las pilas" y sin darle mayor importancia a lo sucedido le dije que entonces volviera al
altar y continuara con el barrido fotográfico. Así que Raque volvió nuevamente al altar y
entonces volvió a saltar la alarma, las pilas volvían a estar descargadas, fue entonces
cuando me acerqué hasta el lugar donde estaba ella y le dije que quitase las pilas de la
cámara y la volviese a poner, "estrategia" que dio resultado, ya que la cámara nuevamente
funcionaba, entonces le dije que hiciera un recorrido por la Iglesia con la cámara
encendida y justamente al llegar a centro de la Iglesia, lugar donde supuestamente se
realizan sesiones de Ouija o invocación, la cámara dejaba de funcionar.
Me sentía completamente desorientado, no entendía absolutamente nada, así que puse mi
grabadora digital en función de grabación para registrar todos los detalles posibles que
vivíamos durante esa situación tan extraña.
Nuevamente le dije a Raque que diera una vuelta andando por toda la Iglesia para anotar
los lugares donde la cámara no funcionaba, así que subió otra vez hasta el altar para
comenzar el recorrido y esta vez allí la cámara no funcionaba, pero le dije que no
importaba que andase por la Iglesia haber que pasaba, entonces al llegar a centro, la
cámara se volvió a encender como si las pilas se hubieran vuelto a cargar por arte de
magia.
La cámara parecía haberse vuelto loca, pero lo curioso es que la mía funcionaba
perfectamente, así que Raque puso las pilas nuevas que aun le quedaban, ya que había
comprado un paquete normal, de los que vienen cuatro pilas, pero fue inútil, el aparato
seguía desvariando, sobre todo en la zona central de la Iglesia.
Después de pasar un buen rato asombrados por tal curioso fenómeno, decidimos salir a la
parte de fuera y hacer un recorrido por los jardines, para que mis compañeros lo vieran
atentamente.
Paseamos por el jardín y por la pared que nos encontramos justo delante de la Iglesia,
lugar donde hay un agujero y el cual mostré a mis compañeros para evitar posibles
accidentes.
Después acudimos hacía la parte delantera del hospital, para ver si encontrábamos una
entrada abierta al edificio, pero antes de llegar a la parte delantera, nos desviamos hacía la
izquierda, lugar donde había una puerta a la izquierda, pero por desgracia para nosotros
estaba soldada estratégicamente con barios tubos de hierro que impedían que se abriera.
Unos metros más adelante observamos que el suelo estaba lleno de papeles y cartones
pequeños, al acercarnos nos dimos cuenta de que eran archivos del hospital, además
encontramos varios cds y publicidades del futuro parque audiovisual de Terrassa.
Seguramente algunos vándalos entraron dentro de la zona habilitada o las oficinas que se
encuentran en el primer edificio y se llevaron ese material que posteriormente decidieron
tirar en esa zona, lugar en el que encontramos otra puerta cerrada que nos impedía el
paso.
Raque comenzó a fotografiar el interior del hospital con su cámara, introducía su mano
por las ventanas y realizaba las fotografías con total normalidad, hasta intentarlo justo en
la ventana que se encuentra al lado de la puerta, donde metió la mano y las pilas se
volvieron a descargar, esta vez de forma definitiva, eran las segundas pilas que ponía y
con la cual había realizado unas diez fotografías como máximo, cuando en realidad según
decía mi compañera, con unas pilas le solían realizar aproximadamente cien fotografías.
Raque, Javi y yo, nos miramos asombrados y creo que pensamos todos lo mismo, "aquí
hay algo extraño que afecta a los aparatos" no pensamos en nada paranormal, si no en
algo relacionado con la maquinaria del hospital, que hubiera podido dejar una especie de
magnetismo que descargara las pilas y baterías de determinados aparatos.
El ansia que teníamos por entrar era cada vez mayor, por lo que decidimos andar unos
metros hacía atrás para subir por el campo hasta llegar a la parte delantera del hospital,
donde está la valla que nos indica que estamos en el parque audiovisual de Terrassa, pero
justo cuando estábamos a la altura de la puerta soldada con hierros, escuchamos gente
hablar y al mirar hacía las ventanas del hospital, observamos a varias personas por una
ventana que estaban bajando por unas las escaleras, entonces Javi pegó un grito con su
acento gaditano "killoooo ... por donde habéis entrao coone" un chico se asomó por la
ventana y dijo "justo detrás de donde estáis hay un boquete en la pared, pero es muy
pequeño" el muchacho se refería a la pared del hospital, que está justo delante del
palomar, así que sin perder tiempo fuimos con una gran sonrisa en la cara hasta la entrada
"secreta".
El boquete era efectivamente pequeño, además había una especie de suelo falso
(escenario) que aun dificultaba más el acceso, ya que limitaba más las dimensiones del
agujero, pero yo insistí en entrar, aunque mis compañeros no estaban demasiado
decididos y me dijeron de buscar otra entrada, ya que el suelo del hospital en esa zona se
encontraba lleno de cristales rotos, seguramente al hacer el boquete debieron romper
algún cristal.
Cuando nos íbamos a marchar nos percatamos que alguien venía desde dentro del
hospital en dirección hacía la salida "secreta" gateando por el suelo .... eran las personas
que vimos por las ventanas y las cuales nos dijeron donde encontrar el acceso al interior.
Nada más salir el grupo de cuatro jóvenes, nos preguntaron si íbamos a entrar y Javi les
comentó que el agujero era bastante limitados en cuanto a medidas, y que si lo habían
hecho ellos, los muchachos nos dijeron que no, que ellos solo vienen y entran si
encuentran algún acceso abierto, además aseguraron que siempre que tapan los boquetes a
los pocos días aparece otro abierto, por lo que no existe mucha dificultad para acceder al
interior.
Después de mantener una charla amistosa con este grupo de personas, empezaron a
explicarnos cosas del hospital, ellos venían muy amenudo al lugar, según nos dijeron en
la planta número cinco había fetos humanos escondidos y en la última planta en el techo
muchas fotos de niños clavadas con chinchetas, según nuestros amigos esas fotografías
eran de los niños que habían muerto en el hospital.
La verdad es que pensé que lo de los fetos igual si podía ser posible, sobre todo por que
en el año 2003 un joven fue detenido por la Guardia Civil por robar del sótano un feto
humano conservado en formol, el cual dejó abandonado en un descampado de
Mataddepera envuelto en periódicos, pero aun así quería comprobarlo por mi mismo, así
que registramos ese dato en nuestra memoria y lo anotamos en el cuaderno de campo para
acudir a esa planta número cinco en busca de esos fetos, si es que realmente existían.
También según estos amigos, la última planta también era digna de observarla con más
atención, según ellos en una habitación encontraríamos fotos de niños clavadas en el
techo con chinchetas, otro dato que nos llamó la atención y que deberíamos comprobar,
así que Javi propuso recorrer las partes del hospital que nos faltaban, para encontrar una
entrada y poder acceder así al interior.
Habíamos recorrido el primer edificio de la parte delantera del hospital cuando vimos
algo que nos hizo subir las pulsaciones, justo a la izquierda observamos un pequeño
espigón con una escalera de madera abajo que parecía colocada ahí de forma estratégica
para acceder por un tejado, que nos llevaba hasta las ventanas de la primera planta del
edificio, por lo que bajamos sin perder ni un solo segundo hacía ese preciado espigón.
Al llegar pudimos comprobar que la escalera era demasiado pequeña y no podíamos
subir, además era de madera y estaba en lamentables condiciones, seguramente se partiría
si intentábamos escalarla, así que decidimos buscar una escalera más grande y venir el
próximo día con ella.
Justo delante del espigón encontramos una puerta abierta por la cual entramos, habíamos
accedido a un garaje donde encontramos un coche y muchas herramientas de trabajo de
diferente índole, pero nada más, no había ningún acceso hacía el edificio del hospital, así
que seguimos con nuestra búsqueda de entradas al antiguo edificio.
Después de más de quince minutos de seguir buscando algún acceso decidimos irnos del
lugar, ya que no encontramos nada más y volver al día siguiente con la escalera desde
casa e intentar subir por el tejado, para entrar por alguna de las ventanas de la primera
planta.


Capítulo 6

Habíamos llegado a casa cerca de las nueve de la noche y lo primero que hice fue pasar
las fotografías al ordenador y la grabación de audio, mientras mis compañeros iban a
visitar a unos amigos.
Sobre las once de la noche regresaron a casa y fue entonces cuando les mostré las
fotografías que habíamos registrado, en principio no se veía nada anómalo en ninguna de
ellas.
Acto seguido les puse las pocas inclusiones supuestamente psicofónicas que habíamos
obtenido en la Iglesia. Eran de una calidad bastante mala y su contenido era casi
indescifrable, aun así haciendo alarde de nuestro "gran oído" cada uno entendía un
contenido distinto, seguramente aquello fue una prueba más de lo que yo denomino
"juego de percepciones" donde intentamos a asociar de forma inconsciente una respuesta
a nuestra pregunta.
Una vez terminada la sesión psicofónica, nos sentamos a charlar un rato sobre aquella
tarde en las rodalias del antiguo hospital del Tórax.
Coincidíamos en algo, los tres estábamos de acuerdo en lo mismo, ese lugar tenía que ser
por dentro, como se suele decir vulgarmente "la puta ostia" así que al día siguiente había
que entrar con escaleras o de la manera que fuese, pero no podíamos dejar pasar esta
oportunidad, la de adentrarnos en un lugar con tanta leyenda, donde tantos testigos nos
aseguraban que allí se respiraba miedo, intranquilidad e incluso algunos aseguraban que
habían vivido situaciones de lo más extraña .
Era el lugar soñado por mi para realizar una investigación de campo, un lugar que llevaba
buscando casi tres años, desde que empecé a dedicarme a la búsqueda de respuestas en
estos temas, pero lo que jamás había pensado es que ese lugar estaba en mi propia ciudad
y además era mucho más grande de lo que jamás había imaginado..... nueve plantas llenas
de habitaciones abandonadas..... aquello era un sueño hecho realidad, así que no tenía
dudas, mañana debería entrar como fuese.
Después de continuar con esta charla durante media hora decidimos acostarnos y
descansar, al día siguiente tenía una misión importante que cumplir "encontrar una
escalera"
Nada más levantarme lo primero que hice fue preguntar a mi madre si tenía alguna
escalera y por suerte me dijo que si tenía una, aunque no era muy grande, pero de todas
formas nos podía servir, así que le dije que me la dejara, cuando me preguntó para que y
escuchó mi respuesta, me miró pensando que estaba "loco" y en cierto modo era cierto,
estaba "loco" por entrar allí de una vez por todas.
Sobre las dos de la tarde bajé con la escalera y la introduje dentro de mi coche, maniobra
que me costó bastante, ya que la tuve que meterla de forma estratégica para que cupiese y
además pudieran montar en el coche mis compañeros.
Sobre las dos y diez ya estaba aparcando el vehículo en el barrio de San Lorenzo, iba a
comer a casa de mi hermana, ya que mi primo Javi y Raque también estaban allí,
habíamos quedado que después de comer y relajarnos un rato jugando unas partidas al Pro
evolution soccer de la Play 2, iríamos al hospital a continuar con nuestra aventura
particular de intentar entrar en el interior del gran edificio.
Pasadas las cinco de la tarde decidimos que ya era hora de emprender nuestro camino
hacía el hospital.
Como era habitual realizamos la parada de "obligación" en la gasolinera para comprar
agua fresquita y pilas para la cámara de Raque y mi grabadora de audio digital.
Después de aparcar el coche en la parte de fuera del hospital, Javi me comentó que antes
de acercarnos con la escalera que lo hiciéramos sin ella para inspeccionar el lugar, no
fuera a ser que alguien nos llamara la atención, así que hicimos caso a su consejo y nos
acercamos hasta el espigón sin cruzarnos con nadie en el camino.
Al estar justo delante del espigón nos dimos cuenta de que la escalera que habíamos
traído era más o menos igual de grande que la que había allí, así que seguramente no
podríamos entrar o por lo menos sería una labor complicada.
Regresamos al coche para buscar la escalera cuando entraron dos coches en la zona
privada, donde nos encontrábamos nosotros y un señor se bajo de uno de ellos y nos
pregunto "hola buenas tardes ¿habéis abierto vosotros esa puerta?" y señaló a la puerta del
edificio principal.."hola buenas tardes, no nosotros no hemos abierto nada, solo
estábamos curioseando por aquí" y Javi añadió a mis palabras "igual están trabajando
dentro" pero el señor nos contestó, "si estuvieran trabajando yo lo sabría..... "
Aquello nos llamó la atención y pensamos, una puerta que se abre sola aparentemente,
esto se pone interesante.
A pocos metros llegamos a la altura de la puerta y al observarla se encontraba
completamente abierta.
Al llegar al coche nos miramos y propuse a mis compañeros acercarnos hasta el palomar
a intentar entrar por el boquete ya que no veía correcto entrar al recinto con la escalera
estando allí una de las personas responsable de las obras, pero Javi me dijo de ir a dar una
vuelta antes por la zona del hospital, así que nos dimos media vuelta y emprendimos
nuevamente la búsqueda de alguna posible entrada alternativa, ya que mis dos
compañeros era reacios a entrar por ese boquete.
Después de andar unos cuantos metros en línea recta pudimos ver a la izquierda una zona
de aparcamiento, donde habían algunos vehículos estacionados, así que decidimos bajar a
ver que era aquello, aunque ya imaginamos que seguramente sería la entrada principal de
la Pineda.
Allí encontramos nada más bajar a una empleada del centro de disminuidos Psíquicos, la
cual nos dijo nada más vernos que eso era un zona privada que no podíamos entrar en las
estancias del centro, así que le dijimos que no teníamos intención de entrar, solo
estábamos curioseando ya que nos interesaba bastante la historia sobre sucesos extraños
que supuestamente ocurren en ese lugar.
La empleada en seguida se dio cuenta de que nuestra intención era solo la de buscar
información sobre la "leyenda" del lugar, así que le pedí amablemente si me dejaba
hacerle unas preguntas y grabar la conversación con mi grabadora digital, cosa al que no
puso ningún impedimento y comenzó amistosamente a explicarnos cosas sobre el lugar.
Algunos compañeros habían sido testigos de varios fenómenos extraños, según decía este
empleada de la Pineda "cada uno cuanta la cosa como le va" yo personalmente no he
vivido nada raro, aunque eso si, nos decía, el ascensor viene solo, sin que lo llamemos.
También nos comentó que hacía unos días acompañó a un muchacho de electricidad a
una de las partes abandonadas que está pegada a la zona habilitada donde esté el centro,
ya que el chico era de corta edad y le daba un poco de "respeto" entrar solo.
Una vez allí según nos comentó le dijo al muchacho que ojalá tuviera ella una cámara de
vídeo para grabar todo eso, a lo que el muchacho le contestó "que va señora, si yo he
intentado grabar varias veces y luego no sale nada"
Sin duda este comentario fue el que más nos llamó la atención, ya que nosotros habíamos
sufrido también anomalías con aparatos en la Iglesia y también en la casa del Palomar un
par de veces.
También observar humo, sombras y sentir cambios de temperatura es algo que en
ocasiones se suele dar dentro de esa zona habilitada.
Después de terminar la conversación con esta empleada y agradecer su testimonio, nos
acercamos a tres empleadas más que estaban en su rato de descanso, pero nada más llegar
a su altura se mostraron algo agresivas y a la defensiva, diciendo que todo lo que dicen es
mentira, pero sus caras cambiaron cuando Javi les pregunto ¿y eso que dicen de que el
ascensor viene sin que lo llamen es cierto? entonces se miraron las tres sorprendidas,
como preguntándose "¿como sabrán eso?" y rápidamente dijeron que eso es que el
ascensor estaba estropeado, entonces una de ella dijo, lo que si hacen en la Iglesia son
misas Satánicas.
La postura de estas empleadas es normal, ya que según nos comentó nuestra primera
testigo de ese día, es que allí acuden muchos gamberros que se meten con ellos, incluso
los insultan y se ríen de los niños que están ahí residiendo, niños que son disminuidos
Psíquicos profundos.
Al terminar nuestra conversación con las tres empleadas nos fuimos hasta el Palomar, con
la intención de entrar dentro de los muros del hospital.
Al llegar al lugar donde se encontraba la entrada "secreta" pudimos observar que en el
suelo habían tiradas numerosas radiografías y archivos, así que decidimos coger unos
cuantos al azar y los guardamos en nuestra mochila, instantes después Javi se acercó y
con cara de confusión dijo "Migue no se si tu entrarás por aquí, esto es muy estrecho,
además el suelo sigue lleno de cristales pisha, yo paso de entrar", entonces sin pensarlo
dos veces me acerqué hasta el agujero y comprobé en primera persona lo que Javi me
había comentado hacía unos segundos, pero aun así yo quería entrar y se lo dije a mis
compañeros, los cuales se seguían negando a entrar, así que les dije con firmeza que yo
entraría aunque fuese solo y así hice, intente entrar en el hueco para demostrarle a ellos
que cabía perfectamente. Fue entonces cuando Javi me dijo que saliera de allí que
limpiaría los cristales con un palo o algo y que luego entraríamos todos.
Justo a nuestra izquierda encontramos una fregona rota, la cual le vino a Javi "como
anillo al dedo" para apartar los cristales del suelo. Acto seguido nos cubrimos los brazos
con ropa de manga larga, para evitar cortes y nos dispusimos a entrar.
El primero en entrar fui yo, seguido de Javi y por último era Raque, quien nos seguía
gateando por debajo del "escenario"
Justo al final de esa habitación hay un hueco a la izquierda donde te puedes poner de pie y
desde donde puedes ver la oscuridad que hay en el interior de esa planta baja del hospital.
Para acceder hasta esa zona debíamos pasar por un hueco que hay en la pared de menos
de un metro cuadrado, pero por donde se accede bastante bien, ni apenas dificultad.
El lugar al otro lado del hueco era tenebroso y sinceramente me causaba algo de respeto,
sobre todo por que no tenía ni idea de lo que nos íbamos a encontrar allí, así que con
linterna en mano accedí por fin al interior del antiguo hospital.
Javi y Raque tardaron apenas unos segundos en estar conmigo en esa zona tan oscura y
tenebrosa. Recuerdo que su primera sensación fue de impresión ya que dijeron algo así
"ohhh.."
Ya estábamos allí, habíamos conseguido entrar al interior del hospital, los nervios, la
ilusión, la felicidad y la sensación que causa el lugar, hacía en nosotros una mezcla de
sentimientos que jamás había vivido antes, era algo muy extraño y agradable a la vez.
Era hora de empezar a caminar por el lugar y a ver como era el hospital por dentro, así
que le dije a mis compañeros que sobre todo tuviera cuidado y alumbraran bien con las
linternas para evitar accidentes.
El lugar era oscuro, las habitaciones mostraban su cara más tétrica, se notaba que el lugar
había sido abandonado sin muchos miramientos, ya que nos encontrábamos de todo,
desde ropa, sillas, colchones, hasta televisores viejos o incluso archivos médicos tirados
por ahí.
Javi y Raque me decían que no me alejara de ellos, supongo que al principio sentirían la
sensación de intranquilidad y preferían que estuviéramos juntos, pero yo me encontraba
en toda mi salsa, estaba ansioso por ver todo aquello, aunque el lugar me trasmitía una
sensación extraña, parecía que estábamos en un lugar lleno de actividad, como si allí
estuviésemos acompañados por muchas personas, una sensación que no habíamos vivido
antes ninguno de los tres.
Cuando estábamos aun en la primera planta, puse la grabadora digital en rec, para
registrar nuestras sensaciones insitu, quería registrar en audio todos nuestros comentarios
y como vivíamos esos instantes ahí.
Ya habíamos visto habitaciones con trastos, cuartos de baño y estancias con maquinaria,
hasta el momento lo que más nos había llamado la atención fue la tremenda oscuridad
que había en ese lugar, cuando fuera era completamente de día, pero era comprensible,
todas las ventanas y puertas de la planta baja se encontraban enladrilladas, de ahí que la
oscuridad del lugar fuese intensa.
Minutos después encontramos una sala que parecía muy grande, así que alumbramos con
las linternas y nos encontramos con que en el interior del hospital hay un teatro, eso nos
dejó algo perplejos, pero continuamos con nuestra visita por el lugar, subiendo pocos
segundos después a la segunda planta, lugar donde la oscuridad desaparecía en
determinadas zonas, aunque aun quedaban algunas donde hacía acto de presencia.
También en esa segunda planta encontramos archivos y papeles sucios, de los cuales
íbamos cogiendo algunos al azar y metiéndolos en la mochila, igual que hicimos antes de
entrar al edificio mientras Javi limpiaba los cristales del suelo, ya que fuera también
habían muchos papeles tirados, algunos llegaban al medio del palomar.
Después de pasar algunos minutos en esa planta decidimos subir a la planta número tres,
la cual seguía teniendo zonas oscuras, pero ya eran solo la minoría de las habitaciones,
casi todo eran zonas de total claridad, ya que el sol acechaba desde fuera al enorme
edificio.
En la planta número tres estuvimos media hora deamvulando por sus habitaciones, allí
también encontramos archivos y radiografías, Javi y Raque empezaron a coger más
documentos y me dijeron que yo cogiera alguno también, así que me desplace a otra mesa
que había al final del habitación y guardé en mi mochila una radiografía, acto seguido
decidimos bajar para la planta número uno, lugar donde propuse a mis compañeros de
buscar la entrada al sótano, cosa que no fue muy difícil, ya que una escalera que vimos
bajaba para abajo, era una estilo caracol pero algo más abierta.
El primero en bajar fui yo, Javi y Raque me seguían, al llegar abajo encontramos un
agujero en el suelo de un metro cuadrado aproximadamente y una escalera de madera
metida dentro, seguramente era el acceso al sótano, pero Javi y Raque dijeron que ellos
no entraban allí, que se iban para arriba, así que les dije que me esperasen que yo quería
ver si podía entrar.
Entonces subieron unos peldaños de la escalera mientras yo miraba palmo a palmo toda
esa habitación, pero en un momento dado escucho a Javi y Raque gritar "Migue...Migue...
sal de ahí, que hay alguien....corre corre...." entonces escuché como corrían escaleras
arriba y subí de forma apresurada mientras les preguntaba "que coño pasa, que coño pasa"
la respuesta que me dieron fue "que había alguien al otro lado de donde estabas tu", lo
hemos escuchado los dos... entonces yo empecé a subir las escaleras diciéndole que yo no
había escuchado nada, así que decidimos bajar con cuidado haber si realmente había
alguien, pero nos encontrábamos en la más absoluta soledad.
Una vez terminada esta aventura salimos a la parte exterior del hospital con la intención
de hacer una visita a la Iglesia, aunque antes de salir acordamos que mañana Sábado 12
de Agosto, volveríamos a entrar, ya que a las diez de la mañana habíamos quedado con
Joseba y Charo Lozano para grabar un programa de televisión sobre los sucesos extraños
que ocurren en la Iglesia y posteriormente nos volveríamos a meter en el interior del
corazón del hospital para recorrer las plantas que nos faltaban y sobre todo hacer incapié
en las plantas número cinco y la última, lugares que según Guti y sus amigos, nos
depararían sorpresas interesantes.
Cuando estábamos saliendo del lugar, esta vez de forma invertida, Raque primero, Javi
segundo y por último yo, me percaté de que fuera del hospital había gente y advertí a mis
compañeros que me dijeron "son los chavales de ayer", cuando escuché a uno de ellos que
decía "no salgáis y entrar con nosotros" pero Javi les contestó que teníamos algo de prisa
y aun queríamos ir a la Iglesia, así que salimos y mantuvimos una pequeña charla con
ellos sobre el lugar y las vacaciones, la mayoría se iban a Andalucía, por lo que
conectaron muy bien con Javi.
Uno de estos amigos nos contó algo que le sucedió hacía unos días, según sus palabras,
estaban dentro del hospital y notó como le tiraban de la camiseta por dentras en un par de
ocasiones, entonces se giró para decirle a su amigo que dejara de hacerle eso, a lo que el
amigo le dijo que el no había sido, cosa que nos corroboró el mismo ya que estaban allí
juntos.
Otras de las cosas que nos ocurrió, en plan anecdótico, ya que no lo considero nada
extraño, fue que mientras charlábamos se escuchó un ruido aparentemente extraño, pero
que seguro tiene una explicación racional, ante el cual saltó uno de estos amigos diciendo
"¿habéis escuchado lo mismo que yo?" entonces empezaron a escucharse palabras de
afirmación del resto que estábamos allí y algunas risas que expresaban de algún modo las
ganas que habían en el entorno por presenciar algo anómalo de verdad.
Antes de irnos Javi le regaló a Guti, uno de los chicos, su linterna que llevaba en la
cabeza para que vieran en las plantas bajas y evitaran así posibles accidentes, aunque este
grupo de chavales, conocía el lugar como la palma de su mano.
Salimos tranquilamente caminando hasta llegar al coche, mientras contábamos lo que nos
había parecido el lugar, sin duda era un sitio perfecto para sugestionarse, por lo que
deberíamos ser muy cautos a la hora de valorar testimonios de supuestos fenómenos
paranormales vividos en el interior.
Una vez en casa solo pensábamos en el día de mañana donde grabaríamos un programa
para TV con Joseba Orraca y Charo Lozano en la Iglesia y el exterior del hospital, pero
después, una vez terminada la grabación nosotros volveríamos a entrar al interior del
hospital para visitar las plantas que nos faltaban por ver. Teníamos que sacar tiempo de
donde fuese ya que ese mismo día por la tarde me iba de vacaciones a Cádiz y no podía
quedarme con el "gusanillo" de saber que había en las otras plantas, sobre todo en la
número cinco y en la última.
Al llegar a casa empezamos a sacar los archivos que habíamos cogido del hospital, la
mayoría estaba en mal estado debido al abandono, pero sin duda ocurrió algo que nos
puso los pelos de punta.
Habíamos cogido documentos al azar de tres zonas distintas, de fuera del hospital, de la
segunda planta y de la tercera, pero sin saber como todos esos documentos pertenecían a
la misma persona, teníamos en nuestra posesión más de cien papeles médicos de la
misma persona, además de varias radiografías, algunos con fecha de 1997 y procedentes
del conocidisimo hospital aun hoy en funcionamiento del valle hebrón de Barcelona.
No sabíamos que significaba eso, ya que era imposible coger más de un centenar de
documentos al azar y que absolutamente todos pertenecieran a la misma persona, además
del año 1997 y pertenecientes a otro hospital que se encuentra en pleno funcionamiento.

NOTA AÑADIDA: Hoy día 22/10/06 he sacado esos archivos para fotografiarlos en casa
y poder subirlos con el capítulo 6, pero al intentar fotografiar el primero la pilas de la
cámara se han descargado, supongo que del uso, pero sinceramente me queda la duda
después de todo lo que llevo vivido en el antiguo hospital.
En esta semana que entra subiré las fotos.


Capítulo 7

Era Sábado 12 de Agosto de 2006, el despertador me hizo abrir los ojos, eran las ocho
de la mañana, tenía que levantarme y terminar de preparar el equipo que me iba a llevar a
la grabación que ibamos a realizar con Joseba Orraca y Charo Lozano del grupo
Ufo-Rioja y el SIPE respectivamente.
Lo primero que hice nada más levantarme fue darme una buena ducha para despejarme y
luego seleccionar todo lo que iba a llevar a la grabarción.
Metí en la mochila dos grabadoras analógicas portátiles, un micrófono externo, una
grabadora digital de reportero, un medidor ambiental que consta de uno interno y otro
externo, varias cintas de audio, algunos paquetes de pilas y por último una linterna por si
nos daba tiempo de entrar en el antiguo hospital, ya que la grabación sería en la Iglesia y
las zonas de fuera.
Sobre las nueve menos cuarto desperté a Javi y Raque que dormian en la habitación de al
lado, así que mientras ellos se aseaban, yo me tome un vaso de zumo y me comí un
bocadillo.
A la nueve y cuarto bajamos al bar Star donde mis compañeros tomaron cafe y se
compraron unos bocadillos para llevar.
Sobre la diez menos cuarto fuimos a buscar a Parra a su casa, para que nos acompañara a
la grabación y posteriormente entrara con nosotros al hospital, ya que la curiosidad le
había marcado un poco después de escucharnos hablar tanto sobre el lugar.
Parra es mi cuñado, hermano de José, mi otro compañero que por desgracia no pudo
asistir a estas últimas dos visitas por temas de trabajo.
A las Diez en punto llegamos al hotel Don Candido, situado en la entrada de Terrassa,
justo a la salida de la autopista, lugar donde deberíamos encontrarnos con Joseba y Charo.
A los pocos minutos de estar ahí, llegaron estos dos desconocidos con los cuales
habiamos quedado para uno de los programas de televisión que estaban grabando para
varias cadenas, entre ellas canal4, Localia y alguna que difundía a través de Internet.
Nada más vernos y entablar conversación nos dimos cuenta que parecían a primera vista
unas personas simpáticas y transparentes, yo creo que ellos se llevaron la misma
impresión de nosotros ya que conectamos rápido y la charla que mantuvimos en la puerta
del hotel fue de lo más cordial y agradable.
Nos comentaron una investigación que realizaron en el sanatorio de tuberculosos del
Montcayo, un lugar parecido al hospital del Tórax, aunque no tan grande en cuanto a
dimensiones, además el hospital del Tórax siempre se a conocido entre los egarenses con
el nombre del "Sanatorio de tuberculosos" hasta que años después ha ido adquieriendo el
nombre de hospital del Tórax.
Antes de partir hasta nuestro destino, llegó otro grupo de personas que Joseba y Charo
habían invitado, también eran unos apasionados de estos temas, aunque con ellos no nos
dio tiempo de conversar demasiado, ya que antes de finalizar la grabación se tuvieron que
marchar.
Faltaban pocos minutos para las once de la mañana cuando realizamos la parada típica en
la gasolinera Q8 donde compramos agua y pilas para la cámara de Raque, otros
compañeros aprovecharon para llenar el depósito de gasolina.
Minutos después salimos hacía el hospital y en apenas tres o cuatro minutos ya estabamos
aparcando los coches fuera del recinto del viejo hospital.
Sacamos las cosas de los coches y salimos todos juntos hacía la zona de la Iglesia,
mientras caminábamos por el campo, les comentaba a Joseba y Charo algunos de los
datos más significativos de los lugares por donde íbamos pasando. Justo al llegar al
Palomar le comenté la curiosa fotografía que había registrado con mi cámara de "todo a
cien" , también le mostramos el agujero por donde entramos el día anterior al hospital y le
propusimos grabar dentro, pero se negaron con toda la razón del mundo, ya que no
disponían del permiso necesario, así que después de observar un rato el edificio por fuera
y comentar algunas anécdotas vividas allí, nos desplazamos unos metros hacía la "jungla"
jardín que está justo delante de la Iglesia.
Una vez tomaron algunas filmaciones del exterior, comenzamos con la grabación en el
interior de la Iglesia, lugar que impresionó un poco a nuestros invitados que se la
esperaban más pequeña.
Allí me realizaron una entrevista y posteriormente grabamos una muestra de lo que sería
una investigación.
Durante el rodaje ocurrieron un par de cosas significativas que nos llamó bastante la
atención. En el centro de la Iglesia, lugar donde decidieron grabar, ya que a priori es la
zona más conflictiva, habíamos colocado tres medidores de temperatura y un micrófono
externo que estaba conectado a una de las grabadoras analógicas que se encontraba a unos
cuatro metros y medio en una mesa de madera que había dentro de la Iglesia.
En esa mesa también teníamos un medidor ambiental, que media además de la
temperatura, la humedad, la fase lunar y el pronóstico meteorológico, igual que uno de los
que teníamos junto al micrófono.
Lo extraño fue que los tres medidores ambientales que estaban junto al micrófono
marcaban una temperatura distinta "25.0c - 23.2 c - 24.7 c" pero lo más curioso de todo
fue la variación de humedad en una distancia de apenas cinco metros donde existía un
cambio de un 5% de entre los dos medidores, así que solo se podía deber a una cosa, que
la sensibilidad que tenían para medir fuese distinta, por lo que cambiamos los medidores
de lugar, colocándolos viceversa y lo curioso fue, que la variación ascendió a un 8% de
humedad "55 - 47"
Esto nos desconcertó un poco, ya que no encontrábamos la lógica a estas variaciones,
sobre todo al tema de la humedad, ya que intercambiamos los medidores y no era causado
por la forma de medición de cada uno, si no por algo extraño que aparentemente tenía
ese lugar.
Después de terminar la grabación y de realizar numerosas fotografías en el lugar, además
de hacernos algunas de grupo para el recuerdo, salimos a la parte exterior, al jardín,
donde grabamos unas últimas tomas y acto seguido nos fuimos caminado hasta el
palomar, concretamente hasta el muro donde estaba el boquete de acceso al interior del
hospital.
Joseba y Charo iban algo justo de tiempo y decidieron no entrar, sobre todo por que
estaban allí en nombre de una asociación y no hubiera sido correcto que entraran en ese
lugar sin el permiso explícito de los propietarios.
Nos despedimos de ellos y nos dispusimos a entrar, había que buscar entre otras cosas los
restos humanos y las fotografías de niños clavadas en el techo.
Lo primero que hice una vez dentro fue poner la grabadora digital en función de
grabación, quería comprobar si lo que me ocurrió el día anterior fue casualidad o no, así
que durante nuestra estancia dentro grabe varios fragmentos en los distintos lugares por
donde nos movimos.
Habíamos andado unos minutos por la planta baja cuando decidimos no perder más
tiempo y subir hasta la planta número cuatro, para seguir así por la planta que proseguía
al día anterior, ya que nos quedamos en la número tres.
Tras realizar un vistazo rápido por la mayoría de habitaciones, subimos a la planta que
más llamaba nuestra curiosidad, la número cinco, donde según Guti y sus amigos estaban
escondidos los fetos humanos y donde posteriormente otros testigos nos aseguraron que
también ellos sabían de su existencia.
Nuestros corazones latían más deprisa que de costumbre, la tensión estaba presente en
todos nosotros, cada habitación a la que accedíamos era un subidón de adrenalina
"¿estarán aquí? ".... caminamos durante un buen rato, miramos en todas partes pero no
encontramos nada, solo un par de lugares que se encontraban completamente cerrados y
donde sería posible que estuviera, pero teníamos algo de prisa, dentro de unas horas
debíamos coger el tren con destino Cádiz, las vacaciones nos esperaban, un descanso que
sobre todo a mi me hacía falta, ya que el año había sido demasiado duro en algunos
aspectos y necesitaba desconectar de mi vida cotidiana.
Pasamos por las plantas seis y siete siendo testigos privilegiados de la extrañeza del
abandono del antiguo hospital, hasta la planta número siete, todas mostraban algo muy
curioso y extraño a la vez que nos hacía intuir que por algún motivo que desconocíamos
ese lugar fue abandonado de una forma muy apresurada, ya que nos encontramos además
de con archivos, radiografías, facturas y material de hospital, con platos sucios, cubietos,
incluso maquinaria médica.
El viento soplaba con fuerza y ya en esa planta número siete los portazos, golpes y el
ruido del viento agitando plásticos, periódicos y pequeños objetos, hacía del lugar un sitio
muy sugestivo, aunque nos ocurrió algo bastante extraño, íbamos caminado por uno de
los pasillos cuando de repente escuchamos pasos detrás nuestros, la claridad con la que
llegó ese sonido a nuestros oídos fue tal que algunos compañeros salieron corriendo
pensando que podría ser el vigilante, pero lo cierto es que como ocurrió con anterioridad,
nos encontrábamos completamente solos.
La planta número ocho nos esperaba, así que sin perder más tiempo decidimos subir a la
penúltima planta para echar un vistazo antes de subir a la número nueve donde según
nuestros amigos estaban las fotos de niños clavadas en el techo.
Entramos en varias habitaciones y sin terminar de visitar toda la planta subimos a la
última, en busca de esas famosas fotografías.
Después de recorrer algunas habitaciones, entre en una que parecía que había sufrido un
incendio, estaban todas las paredes quemadas y todo en muy mal estado, incluso peor que
otras zonas del hospital.
Al mirar hacía arriba me encontré con algo "coño! las fotos Javi" había en el techo un
circulo con varios Ángeles y en el interior muchas fotografías tamaño carne con un
número en algunas de ellas, todas aparentemente de niños.
Raque estaba hablando por teléfono y cuando se acercó y vio las fotos dijo textualmente
"Dioooo...cuantas fotos ...son niños chiquitillos..que mieeeeo"
Realizamos varias fotografías de esa habitación y decidimos terminar de ver las
habitaciones que nos faltaban, fue entonces cuando Raque nos dijo en la puerta de una de
las habitaciones, que no quería entrar que le daba mucho miedo, la verdad es que los tres
nos quedamos asombrados, ya que era una habitación normal, totalmente soleada y
pequeñita, no había nada en su interior, estaba completamente vacía, así que no
entendíamos ese miedo repentino que nuestra compañera había sufrido al ver ese lugar,
por lo que decidimos hacer varias fotografías de la habitación, pero Javi nos dijo "pisha
que bastinazo coone....que aquí dentro no va la cámara"
Una experiencia sin duda que nos hizo reflexionar e intercambiar distintas opiniones
sobre la extrañeza de lo que acabamos de vivir en ese lugar, acto seguido decidimos bajar
ya a la planta baja para salir de allí, ya que la hora se nos había echado encima, así que
bajamos por las escaleras hasta la parte de abajo sin pararnos en ninguna planta, llegando
en unos minutos al boquete que nos llevaba al exterior del hospital.
Una vez fuera comentamos como habíamos vivido cada uno la situación.
Javi seguía impresionado por el lugar, pero se había sentido algo más cómodo que el día
anterior, Raque se había sentido igual de intranquila e inquieta, sobre todo en la
habitación de la última planta donde aun sentía esa sensación de miedo y Parra, quien lo
visitaba por primera vez decía que era un lugar muy tétrico que trasmitía esa sensación
extraña que tanto nos había escuchado comentar. La verdad es que Parra no cree en nada
de esto, de ahí que su impresión del lugar haya sido de gran ayuda para valorar la gran
magnitud que tiene ese hospital para trasmitir a sus visitantes una sensación extraña y
diferente al de cualquier otro lugar abandonado.
Al llegar a casa pasé la grabación al ordenador mientras preparaba la maleta para salir de
viaje.
En esta ocasión todo estaba aparentemente correcto, no había ningún ruido extraño que
chafara nuestras voces.
Sin embargo Javi pasó al otro ordenador las fotografías y en una de ellas el aparecía sin
pie y con una de las piernas borrosas, algo muy curioso, aunque quizás la tuviese en
movimiento y la mala calidad de la cámara hubiera hecho el resto.
Lo cierto es que era la tercera fotografía aparentemente extraña que registrábamos.


Capítulo 8

Durante estos meses los testimonios que me habían llegado eran numerosos, era hora
después de las vacaciones de empezar a analizarlos y contrastarlos.
La mayoría de ellos coincidían en algo, el lugar trasmite una extrañeza que no saben
explicar, te sientes acompañado, incluso un joven director de cortometrajes me comentó
que una vez que estás dentro de los muros del antiguo hospital, parece que estés viviendo
una película.
Otra de las coincidencias es que los aparatos técnicos sufren multitud de anomalías en
todas las estancias del hospital y en las zonas de fuera, concretamente los testimonios que
tenía y hacían referencia a las zonas externas, hablaban sobre todo de la Iglesia, además
uno de ellos me comentó que en un día de lluvia y algo de frió, entró en la iglesia y hacía
una calor que no era normal, cosa que le llamó bastante la atención, aunque no le dio
demasiada importancia.
Otros testigos aseguran haber sufrido situaciones que van más allá de los problemas con
aparatos y las sensaciones extrañas, hay quien asegura haber escuchado ruidos
inexplicables en días donde el viento no soplaba, haber visto sombras, incluso dos de
ellos aseguraron que vieron deambular por los enormes pasillos a una mujer con bata azul
que posteriormente desapareció tras entrar en una habitación, pero sin duda uno de los
testimonios que más me han llamado la atención han sido los vividos por Guti y sus
amigos, ellos han visitado el hospital en numerosas ocasiones y han presenciado sucesos
aparentemente paranormales de los cuales puedo asegurar una cosa, que ellos lo han
vivido así y no mienten, otra cosa es que ese origen sea paranormal o no, de lo cual tengo
una opinión personal, y es que si lo es.
Las experiencias de este grupo de amigos pasa por presenciar como a uno de ellos, una
mano invisible le tira de la camiseta en dos ocasiones, después de presenciar esto, según
me comentaba Guti, tuvieron que salir corriendo de allí, otra de las vivencias de estos
jóvenes, es presenciar como la pantalla del móvil se descontrola y se vuelve loca variando
los números de una forma inexplicable. Esto lo grabaron en vídeo con otro móvil y por la
noche cuando se lo iban a enseñar a un amigo la carpeta donde estaba guardado el vídeo
se había borrado sin explicación aparente.
Una amiga de Guti sufrió una experiencia que es para ponerte los pelos de punta, se
encontraba en la planta baja del hospital, completamente a oscuras y vio como alguien le
ponía unas sábanas en la cabeza a una persona con la intención de ahogarla.
Otro de los sucesos que sufrió este grupo de amigos fue concretamente en las últimas
plantas, un día que habían entrado un grupo de trece personas, estando en una habitación
de repente se cerró la puerta y no podían abrirla, según Guti, parecía que la maneta
estuviera pasada, era imposible abrirla, intentaron empujar y golpear la puerta pero no se
abría, por lo que uno de ellos rompió el cristal de la puerta y salieron todos por ahí,
cuando ya estaban fuera, el último en salir empujó levemente la puerta y se abrió
perfectamente.
Estas son algunas de las experiencias que estos chicos han vivido dentro del tétrico
hospital, pero aun hay más, actores de cine, directores, miembros del equipo técnico y
empleados del centro de disminuidos psíquicos la Pineda también han sido testigos
privilegiados al toparse con lo absurdo.
Durante estos meses la información que había conseguido con respecto a la gran pantalla,
era que en el antiguo hospital se habían rodado escenas de varias películas entre ellas 'The
Machinist' , "Fragiles", "Ouija" , "Los sin nombres" , "sesión 9" o "la monja"
Brad Anderson, director de la película "The Machinist", la cual se rodó íntegramente en
el hospital del Tórax, aseguraba que es un lugar espeluznante.
Brad Anderson decía conocer bien el lugar, ya que su anterior película "Sesión 9"
también fue rodada en el antiguo hospital.
En la película "Los sin nombre" la filmación de la autopsia de la niña desaparecida se
realizó en el antiguo Hospital del Tórax de Terrassa, en donde según cuentan algunos del
equipo técnico, ocurrieron fenómenos paranormales: ruidos extraños, cambios bruscos de
temperatura, etc. Según el director Jaume Balangueró, "los actores iban al baño de dos en
dos por que tenían miedo"
Para el filme "Fragiles" Balagueró se inspiró en una "historia mínima" que le contaron
"que me hizo fabular y llenar la cabeza de imágenes", así como en su visita anterior al
Hospital del Tórax de Terrassa, cerrado hace varios años.
Otra de las películas que nos ha dejado sucesos extraños ha sido sin duda "Ouija" Que
se rodó en el cementerio de Terrassa (lugar donde se registran numerosas voces de tipo
psicofónica), el hospital del Tórax y un pueblo llamado Mura, que se encuentra cerca de
Terrassa.
En este rodaje ocurrió algo significativo, durante la grabación un miembro del equipo
sufrió un accidente de moto, igual que ocurría en la película, además la actriz Montse
Mostaza en una entrevista realizada por Akalina cine dijo que se respiraba algo extraño
en el ambiente y que tenía que salir fuera a la hora de la comida y los descansos.
Sin duda tenía una información sustanciosa y decenas de testigos que aportaban algunas
coincidencias sin llegar a conocerse entre ellos, además de mis propias experiencias en el
lugar y las de mis compañeros. Había llegado la hora de acudir a los archivos en busca de
la historia de este hospital, de hecho hacía unos días, a principios de Agosto solicité de
forma telefónica información en los archivos comarcales de Terrassa, pero me dijeron que
no tenían nada, así que debería acudir de forma personal para solicitar más información al
respecto.
A los pocos días de regresar de mis vacaciones, me presencié en los archivos históricos y
comarcales de Terrassa en busca de esa preciada información, pero me volvieron a decir
lo mismo, que allí lo único que podría encontrar con respecto al hospital sería algún
artículo de prensa, pero nada más, ya que el hospital por aquella época pertenecía al
Ministerio de sanidad, por lo que nada más llegar a casa me puse en contacto vía Internet
con el ministerio y a los pocos días me comentaron que allí tampoco tenían archivos de
ese hospital, entonces llamé por teléfono para intentar que me orientaran por donde debía
buscar y me comentaron que deberían estar en los archivos de la ciudad donde está
ubicado el hospital o en la Generalitat de Cataluña, así que decidí ponerme en contacto
con ellos mediante correo electrónico, pero varias semanas después aun no he recibido
respuesta alguna, por lo que solicitaré dicha información mediante correo certificado.
El caso era de lo más interesante y quería compartir a través de la red la investigación con
todos los amigos internautas que se interesan por estos temas, así pues decidí escribir un
libro virtual por capítulos y hacer llegar a todos los ordenadores la investigación casi al
instante, pero antes tenía mucho trabajo para ponerme al día subiendo los capítulos sobre
todo lo vivido hasta ese instante, por lo que decidí no volver al hospital hasta tener listo
los temas donde explicaba la investigación llevada acabo hasta entonces, con lo único que
continué fue con la búsqueda de testimonios, los cuales me han seguido llegando, sobre
todo por el gran número de curiosos que empezó a visitar el lugar después de los
diferentes artículos que había subido a Internet y los capítulos del libros que iba colgando
en mi Web.
Durante este periodo varios programas de radio se pusieron en contacto conmigo para
solicitarme una entrevista sobre el caso que estaba investigando "Ángulo13, La ballane
alegre, Enigmas y misteris, Boira, La nave del misterio, La esfera, Limites de la realidad,
incluso la emisora de la universidad de Salamanca me propuso hacer un programa"
También algunas páginas Web me solicitaron algún artículo sobre el caso, además de una
revista que estaba apunto de salir al mercado o la prestigiosa revista año cero que se
interesó por mis investigaciones en ese lugar.
En todo este tiempo me había dado cuenta de algo, la cantidad de hospitales que existen
dentro de nuestra geografía que parecen tener una similitud entre ellos, por ejemplo el
Manuel Lois de Málaga, investigado por uno de los expertos en el ámbito nacional sobre
lugares encantados, hablo de José Manuel Gracia Bautista o el psiquiátrico de la Atalaya,
lugar donde Javier Perez Campos ha indagado obteniendo sorprendentes resultados, el
sanatorio del Montcayo es otro de ellos, donde el grupo Ufo-Rioja ha dedicado un
reportaje visual del lugar y como no, del hospital universitario Puerta de Mar, donde hace
días me llegaron testimonios que nada tenían que ver con esa monja, en esta ocasión el
lugar privilegiado eran los quirófanos y los testigos enfermeras, además en la revista Más
Allá pude leer un artículo de un caso que está más que exprimido, pero del que aun la
leyenda crea alguna historia, me refiero al antiguo hospital de Mora de Cádiz, que es en la
actualidad una universidad. Estos solo son una minoría de hospitales donde la leyenda, el
misterio y en ocasiones la realidad nos muestran su cara más enigmática.


DATOS SOBRE EL HOSPITAL Y SUS SUCESOS

Después de estos cinco meses de investigación tengo ante mi una información valiosa
sobre el hospital y sus sucesos, los cuales quiero exponer aquí para todos ustedes, ya que
se merecen eso y mucho más, siempre se han interesado por el caso y me han brindado
todo su apoyo, por eso les dedico estás líneas donde hago una seria y meditada reflexión,
dando a conocer mi valoración de la investigación después de tantas semanas de
búsqueda de información y de esfuerzo indagando insitu.
El antiguo hospital del Tórax de Terrassa perteneció al ministerio de sanidad y consumo,
por lo cual los pacientes que ingresaban en el procedían de diferentes puntos del país, lo
cual influía en ellos para que algunos se sintieran abandonados ya que sus familiares no
se podían permitir el lujo de dejar de trabajar para estar cerca de sus parientes enfermos,
lo cual arrastraba a muchos internos hasta el punto de la depresión, que añadido a su
estado de salud, terminal en algunos casos, los inducía al extremo del suicidio, creando
con el paso del tiempo una especie de ritual donde los internos atentaban contra su vida
lanzándose al jardín trasero del hospital, el cual apodaron la jungla, debido a los gritos
que se escuchaban cuando alguien saltaba al vacío.
Actualmente el hospital se encuentra en su mayor parte cerrado, a la espera de las obras
que en breve comenzarán, solo está activo una parte donde la productora Filmax hace los
rodajes de algunas películas y otra ala, donde se encuentra la residencia para disminuidos
psíquicos profundos "La Pineda" que pertenece a la Generalitat de Cataluña y que tiene
capacidad para 62 plazas residenciales.
El lugar pertenece al ayuntamiento de Terrassa y a la generalitat de cataluña, los cuales
tiene firmado un acuerdo para realizar el proyecto del parque audiovisual en el antiguo
hospital del Tórax, cuya superficie será de unos 60.000 metros cuadrados y el coste del
proyecto asciende a unos 35 millones de euros, de los cuales las Generalitat aportará 8,5
millones y el resto se obtendrán mediante un crédito bancario hipotecando el propio
hospital.
El parc audiovisual tendrá entre otras cosas, 3 platós de entre 600 y 2.000 metros
cuadrados para realizar rodajes de películas de pequeño y mediano formato, además
contará con espacio para que otras empresas relacionadas con el sector puedan utilizar sus
instalaciones.
Además el ayuntamiento ya ha firmado decenas de preacuerdos con productoras y
empresas relacionadas con el sector audiovisual, pero sin duda el más importante ha sido
con la cinematográfica Filmax Entertainment.
La empresa Filmax contará con 7.000 metros cuadrados dentro del parc audiovisual,
donde dará cavida a sus oficinas y servicios de producción de cine y televisión, además
dispondrá de un centro de logística y podrá disponer de forma continuada de uno de los
platós del centro audiovisual.
Otra productora a tener en cuenta será Cromosoma s.a. la cual se a convertido en una de
las más importantes después de producir series como Las Tres Mellizas, Juanito Jones
,Pimpa, The Magi Lettes, Tom y MiniMan
Oriol Ivern, presidente de Cromosoma, tras firmar el acuerdo con el alcalde de Terrassa
Pepe Navarro, contará para su empresa con 2.000 metros cuadrados para centros de
producción, pero como contrapartida se compromente a participar en el estudio y diseño
de centros de divulgación relacionados con el formato de dibujos animados, dentro del
proyecto Terrassa ciutat audiovisual.
Según hemos tenido noticia en los años ochenta los miembros de seguridad del estado
investigaron varios casos de posibles sectas satánicas y santeras, ya que se encontraron
restos de animales por la zona con signos evidentes de haber sufrido rituales de este tipo,
incluso se comenta que la Guardia Civil investigó un posible sacrificio humano en las
explanadas de la parte trasera del hospital.
Nosotros hemos podido comprobar en alguna ocasión, que en la Iglesia habían signos
evidentes de que allí se celebraban posibles rituales de esta índole, incluso algunas
empleadas del centro la Pineda nos lo aseguraron.
Otras de las cosas que de las que hemos sido testigos en ese lugar es en la cantidad de
anomalías que sufren los aparatos que hemos llevado para investigar, esto es algo que
ocurre con frecuencia.
En la casa del Palomar hemos sufrido también dos altercados con una cámara fotográfica
y en la zona del Palomar hemos llegado a registrar la fotografías mas extraña a día de
hoy, ya que en otras estancias hemos registrado alguna más, pero no tan extraña como
esta, de la cual actualmente desconocemos el origen.
Justamente al lado de ese Palomar se encuentra el jardín que los internos apodaron la
jungla, donde hace no demasiados años tuvieron lugar numerosos suicidios.
Justo enfrente del jardín nos encontramos un muro con tres accesos, en el centro la
famosa Iglesia, a la izquierda la casa del palomar y a la derecha la segunda casa.
El edificio principal del hospital del Tórax de Terrassa, consta de nueve plantas y
alrededor de doscientas habitaciones, la planta baja se encuentra en absoluta oscuridad ya
que esa planta del edificio por fuera se encuentra enladrillada completamente,.
El interior del hospital nos muestra evidencias de que allí tuvo que ocurrir algo para que
desalojaran el edificio de forma apresurada, ya que nos encontramos todo tipo de
mobiliario y material médico, incluso archivos, radiografías o facturas del propio
hospital, pero sin duda lo que más nos llamó la atención fue coger al azar decenas de
archivos y algunas radiografías en tres zonas distintas que se encontraban repletas de
documentos y que todos pertenecieran a la misma persona, Manuel H. M., pero sin duda
hubo otra cosa muy significativa y de gran extrañeza, que la mayoría de esos archivos
pertenecían a una conocida clínica barcelonesa, el hospital valle de Hebrón, datando los
documentos médicos del año 1997 en su mayor parte y estando todos en un estado
lamentable, algunos incluso medio quemados.
En la planta baja lo más significativo que conocemos en cuanto a fenómenos
supuestamente paranormales, es la experiencia que la amiga de Guti sufrió allí, viendo
como unas sombras le ponían unas sabanas en la cabeza a una persona con la intención de
ahogarla, además la grabación de audio que realizamos entre la planta baja y la número
tres salió defectuosa, registrando un ruido constante que llegaba incluso a chafar nuestras
propias voces.
Luego nos acercamos hasta la planta número cinco para comprobar que el hurto que se
produjo en el año 2003 cuando un joven sustrajo un feto humano conservado en formol
del sótano, había dado paso a un rumor, que decía que en esa planta están escondidos el
resto de fetos humanos, lo que desconocemos es si es cierto o no, ya que nosotros no
hemos llegado a encontrar ningún resto humano en esa planta del hospital, solo tenemos
noticia de ello por terceras personas que aseguran que están allí.
Nos desplazamos ahora a la última planta y nos encontramos con una habitación que nos
muestra signos de que el lugar sufrió un incendio, en el techo encontramos algo sobre
cogedor, un circulo con varios Ángeles al rededor y en el medio varias fotografías tamaño
carne clavadas y aparentemente numeradas.
El rumor que existía sobre el origen de esta espeluznante escena es que eran fotografías
de niños que murieron en el hospital, pero lo que si hemos podido averiguar al analizar
las fotografías que tomamos de allí, es que no solo hay fotografías de niños, si no, de
adultos, lo que sería algo más razonable si el rumor fuese cierto, ya que en el hospital del
Tórax ingresaban en su mayoría personas adultas.
En esa planta nos ocurrió algo muy extraño, nuestra compañera Raque sufrió un ataque de
pánico repentino al llegar a la puerta de una habitación aparentemente normal, en la cual
dijo que no quería entrar, acto seguido Javi entró para realizar fotografías del lugar y la
cámara no le funcionaba, salía fuera y su funcionamiento era de lo más normal.
También en esa planta un grupo de trece personas se quedaron encerrados dentro de una
habitación, después de que la puerta se cerrara de golpe sin explicación aparente,
intentaron empujar y golpear la puerta con fuerza pero no había manera de abrirla,
entonces decidieron romper el cristal de la puerta y salir por ahí, el primero en hacerlo
intentó abrir la puerta desde fuera pero la maneta parecía que estaba pasada, así que
salieron todo entre los resto de cristales y una vez que estaban fuera empujaron levemente
la puerta y se abrió perfectamente.
Además de estos sucesos extraños, en dos ocasiones hemos escuchado pasos y gente, pero
en realidad nos encontrábamos solos, algo que sin duda concuerda con la sensación que
se siente dentro del hospital, ya que te notas acompañado en todo momento.
Tenemos testimonios de distinta índole, desde personas que aseguran que han vivido
momentos de autentico pánico, hasta otros que aseguran no haber vivido nada extraño,
solo la sensación de encontrarse observados, pero todos ellos coinciden en lo mismo, en
el lugar pareces estar acompañado, y es que esta es la sensación principal que se siente
dentro del hospital.
Yo no tengo ninguna duda a día de hoy de que allí ocurren fenómenos extraños, sería
absurdo negar la realidad después de tener en mi poder toda esta preciada información
detallada y contrastada.


CAPÍTULO 9

Era Sábado 28 de Octubre, días antes había estado revisando los archivos que tenía en mi
poder sobre el hospital del Tórax y contrastando algunas informaciones de testigos que
había recibido, pero en este Sábado ocurriría algo que otros podrán calificar de azar, pero
yo estoy convencido de que nada tiene que ver aquí el fruto de la casualidad.
Pasadas la una del medio día, me fui hasta casa de mi tía para comer allí junto con mis
hermanas, mi cuñado, mi tía, mi prima, su marido y sus niños, hacía unos días había sido
el cumpleaños de uno de ellos y lo íbamos a celebrar.
Durante la comida Dani, que es el marido de mi prima, empezó a hablar de atletismo, ya
que lo practica a nivel casi de élite, habiendo quedado campeón de su categoría en España
por equipos de cross.
Dani desconocía mis investigaciones en el hospital del Tórax, ya que solo nos veíamos en
comidas familiares y nunca había surgido el tema, así que me sorprendió mucho cuando
comenzó hablar del tema diciendo que iba a entrenar corriendo por esos bosques y que
muchas veces había visto gente en la puerta del sanatorio con unas furgonetas muy
peculiares, tiendas de campañas y unas antenas muy extrañas con grabadoras gigantescas
(de bobina abierta) en el techo.
Yo pensé que igual me lo decía de broma y que conocía de mis investigaciones en ese
lugar por que algún otro familiar le había dicho algo, así que pensaba que me quería
gastar una broma, sobre todo una vez que comenzó a contarme historias que algunos
compañeros de equipo le habían explicado a el mientras pasaban por delante de ese
hospital, pero sin duda estaba equivocado.
Tomando el café lo puse brevemente al día de mis indagaciones sobre ese lugar y me
propuso acercarnos al hospital, pero la verdad es que había tenido una semana muy
cargada y había decido tomarme el Sábado por la tarde de relax, para acudir al hospital el
Domingo por la mañana en plan de inspección, pero después de mucho meditar y pensar
sobre si acudir esa tarde o no, decidí acercarme con Dani, ya que el, no podría venir el
Domingo por que mi Tía y mi prima tenían competición de atletismo y el debía
acompañarlas.
Eran las cinco y media aproximadamente cuando salimos hasta el hospital, así que en
pocos minutos ya estábamos aparcando el coche en una zona habilitada.
Nos acercamos a la entrada trasera de la casa del Palomar y le enseñé a Dani su interior
mientras le explicaba nuestros incidentes en el lugar, acto seguido salimos al Jardín y sin
pararnos a mirar su vegetación entramos en la Iglesia y le enseñé el pentágrama invertido
mientras le comentaba también la cantidad de anomalías vividas allí.
Minutos después salimos al jardín y le conté la historia de los suicidios, entonces
escuchamos ruidos que provenía de la parte de arriba de la Iglesia, sin duda había gente
ahí, por lo que subimos para ver quien podría ser, ya que los gamberros suelen acudir a
menudo a ese lugar, pero al subir las escaleras estaba todo completamente vacío, no había
nadie y era imposible que alguien hubiera salido de allí sin que lo viéramos, además
tardemos apenas siete u ocho segundos en llegar arriba.
Después de esta anécdota, Dani me comentó que ese lugar le daba muy mal rollo, que
desde que habíamos llegado sentía la sensación de tener a alguien pegado en el culo y con
ganas de gastarle alguna broma pesada, decía que se sentía vigilado, pero de una forma
muy intenta, además comentaba que en el ambiente se respiraba mucha negatividad.
Lo cierto es que yo no le había querido decir nada hasta entonces para no sugestionarlo,
pero ese día estaba viviendo una sensación que jamás antes había sentido, ni siquiera en
el interior del hospital. Era una sensación de mal rollo, de angustia extrema, incluso tenía
unas ganas locas de salir de allí, me sentía como si estuviera haciendo las cosas mal al
estar en ese lugar, me sentía como una aguja en un pajar, pero en un pajar ardiendo, era
algo super extremo que jamás antes había sentido allí. Aun así pasamos por el Palomar en
busca de la entrada que había en la pared, pero los operarios la habían vuelto a enladrillar,
sin embargo justo a unos metros habían vuelto a abrir otra por una ventana, esta tenía
mejor acceso y se podía entrar perfectamente, pero nuestro objetivo ese día era solo
inspeccionar y hablar con el vigilante, queríamos entrar el próximo Martes por la noche,
ya que era Halloween, la noche de los difuntos y sería una magnifica ocasión para realizar
una investigación controlada y en profundidad.
Después de caminar un rato por las zonas externas al hospital, nos dirigimos hasta la
puerta y vimos con el vigilante acompañaba a un grupo de jóvenes a la salida, entonces
comenzamos hablar con el y le preguntamos que si podíamos entrar y amablemente nos
dijo que pidiéramos un permiso en el ayuntamiento que según para lo que fuese seguro
que nos lo concedían.
Después de esto comenzamos una agradable charla con el vigilante que nos puso al día de
la cantidad de problemas que tiene con los jóvenes que allí se acercan, incluso nos habló
de la contundencia policial en ese lugar, por lo que no aconsejo a nadie a que se acerque
allí sin un permiso escrito del ayuntamiento, ya que puede salir detenido y con una multa
sustanciosa a sus espaldas, han colocado incluso un cartel donde lo especifica con todo
detalle.
Durante la conversación el vigilante nos comentó que hacía dos semanas habían pasado
por allí Ronaldhino, Canavaro, Federe y algunos deportistas más, ya que la marca
deportiva Nike, suele contratar uno de los platós que hay en la parte habilitada del
hospital del Tórax, ya que es uno de los más grandes de Europa.
Entonces Dani dijo sonriendo "menos mal que no me gusta el fútbol" y el vigilante dijo "a
mi tampoco, pero son famosos y me hace gracia verlos, además Ronaldhino es muy majo,
aunque lo mio es el atletismo" entonces Dani le contestó "y lo mio, yo estoy en la
federación española" y el vigilante sonriendo le contestó que el había sido campeón de
Castilla León de cien metros lisos, pero que tuvo que dejarlo por una lesión de rodilla.
Pasaron casi una hora hablando de atletismo mientras yo no dejaba de salir de mi
asombro y preguntarme una y otra vez ¿la casualidad puede llegar hasta este extremo? y
es que me hacía la siguiente reflexión:
Con la última persona que jamás me habría imaginado acudiendo al hospital era con
Dani, sin embargo allí estaba y luego la casualidad de que en una conversación aparezca
un deporte como el atletismo, que a poca gente interesa y que ambos fuesen tan
aficionados que incluso lleguen a tener amigos y conocidos en común con los cuales han
entrenado, era algo fascinante, uno de esos momentos en los que te haces preguntas de las
que normalmente te sueles "reír" como ¿será cierto que somos marionetas o que el
destino está escrito?
La conversación se alargo tanto que se hizo de noche, entonces el vigilante nos dijo que si
queríamos nos enseñaba el hospital, pero Dani le dijo que era de noche y que no
llevábamos linternas por lo que este señor de bigote tan amable y simpático nos dijo que
él si tenía, pero Dani llevaba prisa, así que le dimos las gracias y decidimos pedir el
permiso para entrar el Martes sin tener que abusar de su confianza.
Durante nuestra visita este día a las zonas externas del hospital, grabé varios fragmentos
de audio tanto en la casa del palomar, la Iglesia, la Jungla o incluso el propio palomar,
intentando registrar alguna inclusión de tipo psicofónica, así que el próximo paso era
analizar esas grabaciones para comprobar si esa angustia extrema que se respiraba ese
Sábado 28 de Octubre en ese lugar había quedado reflejada en nuestras grabadoras a nivel
psicofónico o todo había sido causa de una sugestión que no llegamos a controlar y que se
nos fue de las manos, aunque si esto había sido así, sería la primera vez en una
investigación de campo que me ocurría a tan gran escala.
El Lunes día 30 me puse en contacto telefónico con el ayuntamiento de Terrassa para
solicitar el permiso, pero me dijeron que debería llamar directamente al Parc audiovisual,
por lo que me facilitaron otro número de teléfono, al cual llamé y un señor me dijo que le
enviara un correo electrónico con la propuesta de solicitud, para posteriormente
enseñársela a su jefe y ver que se podía hacer, así que todo parecía que sería casi
imposible que el permiso estuviese listo para poder pasar allí la noche de los difuntos,
aunque aun permanecía la esperanza, ya que teníamos dos días por delante que nos
podrían deparar alguna alegría, aun así decidí llamar de nuevo al ayuntamiento para
preguntar por unas oficinas donde me dijo el vigilante que daban los permisos, que está
precisamente en la calle Colón.
La operadora me facilitó un número de teléfono y me dijo que preguntara por el señor
P.C. que era el encargado de conceder los permisos, este señor después de pedirme varios
datos me facilitó otro teléfono de contacto donde me atendería la persona responsable del
Parc audivisual, con el cual mantuve una charla y resultó ser la misma persona con la que
había hablado por la mañana, cosa que nos hizo gracia y acto seguido me dijo que sería
casi imposible tener el permiso listo para el día siguiente, pero que no me preocupara que
hablaría con su jefe y buscarían una fecha para que lo antes posible pudiéramos hacer una
investigación controlada en el lugar.
La verdad es que este chico se mostró muy amable y por su voz creo que rondaría mi
edad. Por último me dijo que si pasan los días y no me llamaba que le diera un toque al
móvil para agilizar las cosas.
Sin duda todo marchaba viento en popa, en breve podríamos realizar una investigación
controlada dentro de ese inmenso edificio sin que nadie nos molestara, era hora de buscar
un buen equipo de investigadores para poder cubrir buena zona de ese edificio.
De momento contaba con la participación lógicamente de Dani y José, además de Mª
José, Daniel Izquierdo, Fran Recio y Ángel Gavilán.
El siguiente paso era terminar de crear el equipo físico para la investigación, así que
debería ponerme en contacto con más personas.
Llegó el esperado día 3, noche de Halloween y los permisos como nos había dicho José
no estaban listos y sellados, así que decidimos acercarnos al día siguiente, Miércoles 1 de
Noviembre, Fran Recio, Mª José y yo al hospital, más que nada para que lo conocieran y
pudieran vivir insitu alguna anomalía ya que estaba seguro que si pasábamos allí unas
cuantas horas viviríamos alguna anomalía, sobre todo con los aparatos que llevábamos
para investigar, así que después de recibir la llamada de Fran a eso de las siete de la tarde
quedamos en vernos en el hotel Don Cándido de Terrassa a las once de la mañana y pasar
tres o cuatro horas en el hospital.


Capítulo 10

Eran las nueve de la mañana cuando sonó el despertador y me levanté para darme una
ducha y preparar el equipo que me llevaría a la investigación.
Una vez lo tenía preparado, me baje al bar Star a desayunar, allí como anécdota tengo que
decir, que el día anterior por la noche conocí a un chaval que me dijo que su madre había
creado junto con Josep Guijarro la revista mítica Karma 7. Todo surgió de una
conversación que Javi, el propietario del bar inició sobre el hospital del Tórax, ya que
unos días antes había salido el caso en radio club 25, concretamente en un programa
matinal que hacen sobre las nueve de la mañana.
Después de comerme un bocadillo de lomo y tomarme mi coca-cola de lata, subí a casa a
recoger la mochila con todo lo que me llevaría al hospital.
Al bajar me paré en la librería que tengo justo debajo de casa y compré un cuaderno
cuadriculado, ya que el que usaba normalmente se había gastado, además compré la
revista Enigmas, que era la única que me faltaba de este mes por adquirir, ya que Más
Allá y Año Cero las había comprado hacía unos días.
Me monté en el coche y salí destino al hotel Don Cándido, lugar donde llegué un cuarto
de hora antes de las once, así que ojeé la revista por encima en el coche y a las once
menos cinco me fui hasta la puerta del hotel.
A los pocos minutos llegó Mª José y minutos después Fran Recio. Nos subimos todos al
coche de Mª José y en unos minutos ya estábamos entrando por la puerta del hospital.
Lo primero que hicimos fue visitar la casa del Palomar, donde realizamos una serie de
fotografías, acto seguido entramos en la Iglesia, lugar donde ocurriría la primera anomalía
de las tantas que vivimos allí en apenas tres horas.
Fran llevaba una cámara de fotografías con unas baterías de likert metal, que decía que
eran de lo mejorcito del mercado, por eso, su asombro cuando después de ponerlas
nuevas y hacer cinco fotografías, las baterías se gastaron de forma automática.
Llevábamos apenas unos minutos y lo absurdo ya nos había dejado ver su cara, aunque
solamente fue un reflejo de lo que nos esperaba ese día.
Después de salir de la Iglesia pasamos unos instantes en la Jungla y nos dirigimos hasta el
Palomar para llegar hasta la entrada que nos llevaría a una de las habitaciones de la planta
baja del hospital.
Una vez dentro del edificio nos pateamos la primera planta mientras realizábamos
fotografías, el lugar estaba completamente oscuro, por lo cual tuvimos que hacer uso de
las linternas que llevábamos.
Transcurridos unos minutos subimos a planta número uno, lugar donde yo sería testigo
directo de algo que dejó unos segundos mareado, confuso y trastornado.
Realizamos el típico recorrido para que mis compañeros vieran todas las habitaciones de
la planta y al llegar a la zona oscura donde también necesitábamos hacer uso de las
linternas me ocurrió algo a la salida, concretamente al llegar a la zona donde la claridad
ya era absoluta, vi y noté como una sombra sin forma definida se me echaba encima, fue
algo que me dejó mareado durante unos segundos y bastante aturdido, aunque no quise
decir nada a mis compañeros, para que no se sugestionaran o pensaran que me lo estaba
inventando, ya que como dijo después Fran Recio, incluso entre los que venimos a
investigar a estos sitios, nos da reparo expresar de forma abierta las experiencias que
tenemos insitu durante una investigación de campo.
En la segunda planta observamos muchos destrozos igual que en la primera, por lo que
pensamos que los gamberros habían dejado allí su sello, pero más adelante nos dimos
cuenta que aquello no era una gamberrada, ya que los destrozos parecían tener un sentido
lógico y es que la intención era sacar los tubos de la pared y algunos cableados, es más,
pudimos ver como habían numerosas puertas amontonadas en distintas plantas, parecía
que las obras en el interior del edificio habían comenzado o por lo menos intentaban
aprovechar algunas cosas del abandonado edificio.
Después de pasar unos minutos fotografiando la planta número dos, subimos a la tercera,
lugar donde hice algunas preguntas a mis compañeros de aventuras ese día, sobre las
primeras impresiones del lugar.
En la planta número cuatro continuamos fotografiando el lugar y haciendo comentarios de
algunas de las estancias que veíamos. Al llegar a la plante número cinco, les comenté a
Fran y Mª José que allí según los rumores de la gente se encontraban los fetos humanos,
que hacía años estaban en el sótano, lo cierto es que quizás esto pueda ser leyenda,
aunque una leyenda creada de una realidad, ya que hasta hace pocos años si era cierto que
yacían en el sótano los restos humanos.
En la planta número seis nos empezamos a percatar de algo anecdótico y curioso, las
puertas solo pegaban portazos cuando estábamos de espaldas, nunca lo hacían cuando
mirábamos de frente y fue algo significativo ya que ninguno de los tres vimos una sola
puerta cerrarse con violencia y pegar el portazo, pero si que lo escuchamos de forma muy
frecuente, incluso Mª José se dedicó en la última planta a observar estos detalles
minuciosamente.
Esto sin duda no lo podemos calificar de paranormal, pero las tres personas que
estábamos allí sabemos que fueron muchas veces, muchas coincidencias para ser algo
normal, por lo que calificamos este suceso de curioso.
Después de pasar por la planta número seis, llegamos a la número siete, lugar donde están
las fotos clavadas en el techo dentro la habitación quemada.
El edificio consta de bajos + 8, nosotros estábamos en la planta número siete, lugar donde
termina la escalera principal del edificio, pero si entramos en una zona de esa planta
número siete, podemos coger otra escalera secundaria que nos lleva hasta la última planta,
lugar donde vivimos experiencias paranormales de gran calibre.
Al llegar arriba descubrimos una zona que yo desconocía, ya que en anteriores ocasiones
se encontraba cerrada, era un lugar muy curioso, ya en la puerta ponía un cartel que decía
"Zona reservada..... La monja ..... Filmax" eran unos túneles que recordaban a unas
antiguas bodegas, pasamos un rato dentro haciendo fotografías y viendo el lugar, sin duda
era un sitio que llamó nuestra atención.
Al salir de allí cogimos el pasillo que había justo delante al salir de la habitación y nos
ocurrió algo insólito.
Mª José vio en el suelo una vieja botella de coca-cola de 2 litros y pensando que sería
calimocho dijo "mira vino" y a continuación los tres escuchamos una voz de hombre clara
y alta que provenía justo de al lado de Mª José que dijo "ES COCA-COLA" en ese
instante nos miramos los tres sorprendidos y atónitos a la vez, "habéis escuchado lo que
yo ... si si .... que es coca-cola ha dicho una voz" lo curioso es que todos coincidíamos en
lo mismo era como si alguien físico estuviera ahí con nosotros justo a medio metro de Mª
José, pero lo cierto es que estábamos completamente solos, así que enseguida sacamos
todos las grabadoras y empezamos a grabar, durante un buen rato hicimos preguntas a esa
voz y en dos ocasiones obtuvimos respuesta en viva y directa voz, aunque esta vez en
forma de susurros.
Hablamos mucho sobre esto que nos ocurrió y todos coincidíamos, era una voz clarisima
como la de cualquier persona y además sabíamos perfectamente del lugar exacto que
provenía, justo a medio metro de Mª José.
Somos conscientes que la gente podrá darle numerosos orígenes a esta voz, pero los que
estábamos allí sabemos lo que escuchamos y tenemos la certeza de que aquello fue una
voz inteligente de alguien que estaba allí con nosotros y al que no podíamos ver.
Después de estos momentos donde se mezcló la impresión y la felicidad, nos topamos
con algo que volvió "loco" a Fran Recio.
Estaba grabando con si mini-disc y lo primero extraño que le sucedió es que el aparto se
puso sin explicación aparente en función de puse, a lo cual Fran no encontraba ninguna
explicación, decía que eso era imposible, además al llegar a un punto determinado la
grabadora le marcó que la batería estaba gastada, a lo que Fran dijo "mira tío ahora se ha
gastado la batería de la grabadora y era nueva" mientras decía eso se movió unos pasos y
la batería le volvía a funcionar, entonces le dije que se paseara por el pasillo para
comprobar si le funcionaba solo en determinadas zonas igual que ocurría en la Iglesia.
Fran comenzó a moverse con la grabadora durante un rato y al final nos dijo, mirar que
cosa más curiosa, la grabadora funciona perfectamente en todo el pasillo, menos en un
cuadro de una baldosa del suelo, allí la grabadora marcaba que la batería estaba agotada,
se movía dos palmos y le volvía a marcar que estaba llena.
Durante más de veinte minutos estuvimos haciendo pruebas de todo tipo, cambiando de
sitio una y otra vez, variando los tiempos de estancia en los lugares para comprobar si el
fallo se producía cada determinado tiempo y era causado por la grabadora, pero que va,
era todo cuestión de es baldosa del suelo.
Después de comprobar esta anomalía más diez veces seguidas, Fran sacó la cámara de
vídeo y grabo uno de los recorridos para tener constancia de ese fenómeno tan extraño.
Yo saqué mi equipo de medición ambiental y coloqué los medidores a una distancia de
dos metros. La temperatura variaba un 0,5% y la humedad hasta un 6% pero lo más
curioso es que coloqué uno de los medidores encima de la baldosa que absorbía la energía
de la batería y la diferencia aumento a 0,9% de temperatura y 7% de humedad y eso que
la distancia de los medidores era menor aun, ya que estaban a menos de medio metro.
Allí grabamos y tomamos mediciones algo más de una hora y sobre las dos y media
decidimos irnos a comer algo, pero la "casualidad" aun nos tenía preparados otra cosa
curiosa.
Pero antes de eso, Mª José rebobinó un trozo de cinta al azar y escuchamos unos
segundos en busca de alguna inclusión psicofónica, entonces fuimos testigos de una voz
muy clara que decía algo así como "Guardar lo que hacéis"
Nos fuimos dirección a la escalera para bajar ya para abajo y aparecimos en la zona de la
cárcel, cosa que nos llamó la atención, aunque pensamos que igual nos despistamos ya
que estábamos hablando sobre lo ocurrido, así que volvimos coger el camino hacía la
escalera y después de andar unos instantes "sorpresa" volvíamos a aparecer nuevamente
en la cárcel, eso ya nos chocó bastante y comentamos que no podía ser, así que volvimos
hacía la escalera con la extrañeza metida en el cuerpo, pero en esta ocasión si llegamos
bien.
Esto quizás se deba a un despiste por nuestra parte, pero lo cierto es que nos pareció
curioso.
Al llegar a la planta baja comenté en voz alta que la voz de la coca-cola nos dijera algo o
se dejara ver, entonces me llevé el susto del año.
Estaba a punto de entrar en el pasillo central, donde reinaba la absoluta oscuridad y de
repente justo delante mio a un palmo aparece de detrás de la puerta dos caras de golpe
que me hacen gritar y saltar, a la vez que esas dos personas hacen lo mismo, nos llevamos
un susto de categoría.
Los muchachos escucharon nuestras voces y pensaron que sería el vigilante así que se
escondieron y al asomarse despacio y silenciosamente para ver si había alguien se toparon
con mi cara a un palmo de distancia, cosa que nos hizo asustarnos de forma alarmante.
Los chicos venían de Barcelona y según decían era la segunda investigación que se
disponían hacer, ya que se habían aficionado a esto a raíz de ver el programa de Iker
Jimenez, Cuarto Milenio.
Intercambiamos correos electrónicos y les aconsejamos que grabaran en la última planta
que seguramente sacarían algo.
Al salir del hospital comentamos las sensaciones vividas mientras caminábamos por la
Jungla destino al coche, sin duda había sido un día muy especial, a título personal los tres
teníamos la prueba evidente de que allí estábamos acompañados y que alguien que no
podíamos ver nos habló.
Ya había acudido al lugar con diez personas, todas habían sido testigos cuanto menos de
cosas extrañas, pero Fran y Mª José de mucho más, habían sido junto conmigo testigos
privilegiados de lo que allí acontece a gran escala, además ellos eran independientes a la
investigación, ya no eran ni mi primo, ni José, ni Raque, eran dos investigadores que nada
tenían que ver con esta investigación ni este libro que estoy escribiendo, los cuales se
habían encontrado con una realidad de la cual vengo hablando hace meses y que todos sin
excepción alguna de los que me han acompañado han sido testigos privilegiados de
alguna ellas. Por consiguiente vuelvo a invitar a todo aquel que de verdad quiera
presenciar fenómenos anómalos en su propia piel a que se ponga en contacto conmigo, ya
que cuando diez personas asisten de forma aleatoria a un determinado lugar y viven
experiencias de este tipo, no podemos catalogar eso como fruto de la casualidad, ni decir
que los fenómenos que allí acontecen sean esporádicos, si no, todo lo contrario, son de
una frecuencia reiterada.
Al salir del recinto nos fuimos hasta el restaurante chino que está justo al lado del hotel
Don Cándido, donde comimos mientras charlábamos de estos temas y quedamos en que
deberíamos volver en breve, una vez tuviera el permiso para organizar un investigación
nocturna con varios investigadores más, ya que sin duda el lugar era una mina de oro para
los investigadores y periodistas del misterio.


Capítulo 11

Al llegar a casa la emoción era de lo más notoria, habíamos conseguido ser testigos de
algo de lo que algunos investigadores o testigos hablaban, de algo en lo que hasta ese día
pensaba que eran solo fabulaciones y mentiras, pero estaba totalmente equivocado, el
misterio en ocasiones hace honor a su nombre y ese Miércoles 1 de Noviembre de 2006
marcaría sin duda un antes y un después en mi forma de entender estos fenómenos, pero
sobre todo a la hora de reflexionar sobre mis teorías, ya que me había dado cuenta de
algo, de que no sabía nada sobre el origen de los fenómenos paranormales, ya que esa
experiencia había tirado por tierra todas mis teorías con respecto a la impregnación, ya
que en el momento en que se manifiesta la inteligencia, como fue el caso, la teoría
impregnativa se va al traste.
Era hora de reflexionar mucho sobre lo ocurrido y de analizar las grabaciones ya que
podíamos haber registrado alguna cosa más interesante.
Me apresuré todo lo que pude para analizar las grabaciones de audio, pero mientras lo
hacía no dejaba de sorprenderme de algunas de las psicofonías que iba registrado, hasta
llegar a escuchar una que me puso todos los pelos de punta "no podía ser, aquello era
imposible, sin embrago ahí estaba grabado" tenía en mi poder una psicofonía inteligente y
clara que recordaba a Fran Recio el fenómeno de la Coca-cola "Fran vamos a anotar los
sucesos vividos hasta ahora que no se nos olviden" y una voz aparece en mitad de la
conversación para recordar que anotemos lo de la Coca-cola. " y la coca-cola"
También otra respuesta inteligente que contestan a Fran es cuando el dice de forma
incitadora a la voz que escuchamos en directo "si estas por ahí me voy a beber la
coca-cola" y aparece una voz muy clara que dice "nos estamos hiendo lejos" entre otras
psicofonías obtuvimos algunas significativas como " eah un termómetro" "no estaba
muerto" y "cierra" pero sin duda la psicofonía por excelencia era la de la coca-cola y
después le seguía la de "nos estamos yendo lejos". Estas dos junto con la de cierra la
envíe a Francisco del Toro para el programa de radio la Esfera, donde el Viernes día 3
hablaría de la investigación que estoy llevando a cabo.
Ahora el objetivo era volver al hospital, concretamente a esa planta número nueve y a ese
pasillo conflictivo, pero antes tenía que asistir a otro lugar, al Magik internacional 2006,
una feria esotérica que aunque nada tiene que ver con estos temas que investigo,
aprovechamos para reunirnos cada año investigadores de distintos puntos de España y
charlar un rato sobre la actualidad del misterio, además siempre suelen hacer alguna
conferencia de Parapsicología o investigación.
En el Magik nos juntamos viejos amigos y algunos desconocidos. Fran recio, Mª José,
Daniel Izquierdo, Juan Marsella, Pablo Moreira, David Garcia, José Antonio Roldán,
Marisol Roldán, Ángel Briongos, Luis Mariano Fernández y Ángel Trigero eran algunos
de los que estaban por allí, además del profesor Sinesio Darnell, quien dio ese Sábado
una conferencia sobre psicofonías.
Yo me marché sobre las nueve y media, quedé con Fran Recio, Mª José, Juan Marsella,
Daniel Izquierdo y Pablo Moreira que a las diez de la mañana nos veríamos en Terrassa
para ir al hospital, aunque me dijeron que me lo confirmarían, ya que se iban de cena y la
cosa igual podía alargarse, además Juan y Pablo volvían a Madrid ese mismo Domingo y
andaban justos de tiempo.
Pasada la media noche recibí un par de sms donde me decían que la cosa se alargaba y
que no vendrían al hospital, así que continué durmiendo y por la mañana me levante
temprano, atendí el correo electrónico y me preparé para acudir con José al hospital del
Tórax.
En esta ocasión solo me llevé dos grabadoras digitales y un medidor ambiental, la idea era
intentar buscar respuestas inteligentes en el mismo lugar donde sucedió días a tras lo de la
coca-cola, además de tomar algunas mediciones ambientales en determinados lugares.
Sobre las once de la mañana pasé a recoger a José, pero debido a mi mala cabeza tuvimos
que volver a mi casa en busca de la linterna, ya que nos vendría muy bien para la planta
baja.
A las once y veinte minutos estábamos entrando en el hospital del Tórax, hicimos un
recorrido rápido por la planta baja y en seguida fuimos hasta la escalera principal para
subir a la última planta aunque antes deberíamos hacer una parada en la número ocho
para que José viera las fotografías del techo.
Cuando íbamos por la planta número cuatro nos mirábamos con cara de cansancio y
coincidíamos en lo mismo, deberíamos haber traído una botella de agua, ya que se hacían
interminables las dichosas escaleras y la boca se nos estaba secando después de subir
unas cuantas plantas.
Al llegar a la planta donde se encontraban las fotos en el techo hicimos una parada que
nos sirvió para recuperar un poco el aliento, mientras José miraba atentamente las
fotografías.
A los pocos minutos subimos a la última planta, fuimos directos al pasillo donde esa
misma semana habíamos sufrido las incidencias.
Llevaba una grabadora digital, concretamente la Sannyo, en función de grabación desde
que habíamos llegado al hospital, la intención era que si se repetía alguna voz en directo
poder registrarla.
Pusimos en rec la otra grabadora digital mientras comentaba a José lo ocurrido insitu,
señalando con todo detalle como sucedieron los fenómenos, acto seguido comenzamos a
realizar una serie de preguntas con el objetivo de encontrar alguna respuesta inteligente,
bien fuese en nuestras grabadoras o a viva voz.
También tomamos algunas mediciones ambientales y comprobamos si las grabadoras
funcionaban bien en determinados lugares, lo que parecía indicar que si.
Durante estas pruebas realizamos varias fotografías con el móvil, ya que la cámara se me
había estropeado definitivamente.
Hicimos varios recorridos por la planta número nueve y finalmente decidimos grabar un
vídeo también con el móvil, para dejar registrado el lugar donde el Miércoles anterior
tuvimos esas experiencias.
Hasta el momento todo parecía ir bien, aunque la humedad y la temperatura variaban de
forma inexplicable, cosa ya habitual.
Durante la grabación del vídeo fuimos testigos de varios amagos. Yo denomino amagos a
esas situaciones donde escuchas, ves o sientes algo durante apenas unos instantes y que te
hacen dudar de si realmente eso era real, incluso escuchamos pasos que parecían provenir
del mismo pasillo donde estábamos nosotros y al acercarme con la cámara no había nadie,
este sin duda fue el amago más interesante que presenciamos, ya que los dos
coincidíamos en lo mismo.
Todo había sido más o menos normal, sin ningún fenómeno destacable aparte de las
temperaturas y la humedad, así que las esperanza de obtener registros psicofónicos o
presenciar fenómenos extraños, cada vez se venía más abajo, aunque eso aumentaba la
tranquilidad, sobre todo en mi, ya que los primeros minutos dentro del hospital fueron de
auténtica tensión, después de haber vivido las experiencias anteriores, sin embargo José
se encontraba tranquilo y sosegado casi desde el principio.
Cerca de las dos del medio día salimos del hospital camino a San Lorenzo, lugar donde
dejaría a José.
Al llegar a casa, mientras esperaba la comida, revisé el vídeo con la intención de observar
la calidad de la imagen y el sonido, pero en el minuto 3:39 presencié algo que me dejó
atónito, algo había pasado por delante mio sin que yo me percatara mientras realizaba la
grabación, era algo negro, parecía físico, a primera vista la silueta de una persona.
Revisé la grabación una y otra vez, hasta que al final fui al ordenador y trasferí la
grabación, entonces pude observarla con mayor detalle y se parecía a lo que días
anteriores había presenciado, era similar a la sombra que se me había echado encima y
que me dejó algo mareado.
Estaba completamente emocionado, en ese lugar había algo que me estaba dejando
pruebas de su existencia en cada ocasión que iba.
Después de estos dos últimos días y de haber hablado con las personas que han asistido al
hospital conmigo y a los testigos fiables que tengo, todos coincidíamos en lo mismo, ese
lugar va a dar mucho que hablar, es una joya muy grande.
Durante el día del Lunes varias personas sometieron a análisis la grabación sin encontrar
una explicación aparente, aunque coincidían en que era algo físico lo que pasó por delante
de la cámara y de lo cual yo no me percataba.
La posibilidad de que fuese algo paranormal seguía presente, la cuestión era someterla a
más análisis por parte de otros expertos, pero sin duda el objetivo más cercano era tirar de
la mensualidad y comprar una cámara digital, aunque la economía estaba mermada, pero
debería hacer frente a este gasto y suprimir otras cosas ya que la investigación así lo
requería.
Me acerqué hasta unos grandes almacenes y compré una cámara Cannon que me costó
349 €, no era de mucha calidad, pero se veía mejor que el móvil.
El siguiente paso era hacer lo que tenía pensado desde hacía algunas semanas, entrar
habitación por habitación y realizar grabaciones psicofónicas, de vídeo, medir humedad y
temperatura, controlar los ruidos con el detector de movimiento y hacer distintas pruebas
en busca de localizar las zonas más calientes del hospital para posteriormente hacer un
croquis del lugar (idea excelente que Dalmiro que propuso) y empezar a buscar el origen
de esos fenómenos, aunque para eso debería pasara cientos de horas investigando en el
lugar, ya que habría de cubrir las doscientas habitaciones que hay, además de los pasillos
y las zonas muertas.


CAPÍTULO 12

Durante varios días sucesivos continuamos visitando el hospital del Tórax obteniendo
resultados de lo más interesante, incluso registrando nuevos vídeos donde alguna extraña
presencia parecía volver a mostrarse, aunque aun deberíamos analizar esas imágenes
antes de dar un supuesto origen a las filmaciones.
Las psicofonías también seguían apareciendo en nuestras grabadoras de forma imperante
y las experiencias insitu con aparatos continuó en su línea de anomalía.
Había llegado el momento de empezar a buscar el origen de todos estos sucesos, ya que
consideraba concluida las dos primeras fases, "Búsqueda de testigos y recogida de
pruebas del lugar" ya tenía suficientes pruebas y había experimentado suficientes
vivencias como para saber que realmente sucedían fenómenos paranormales en el
hospital, además de gran consideración, también había contrastado datos y testimonios
entre la multitud de testigos que tenía, pero aun poseía algo más valioso que eso, era que
muchos de esos datos los había podido constatar en primera persona ya que yo había sido
testigo privilegiado de muchos de esos fenómenos, sobre todo en las últimas semanas.
Sería una tarea complicada por que ya de ante mano tenía fenómenos registrados y
situación vividas que se escapaban a toda lógica y entendimiento, pero aun así no debía
descartar nada y buscar las posibles conexiones lógicas entre los fenómenos y las causas
racionales.
Para llevar acabo este trabajo con toda la dedicación que se merece, debería concluir con
la edición del libro digital por capítulos, aunque una vez finalizada la investigación
dedicara ría un segundo libro para complementar la investigación o añadirle un anexo con
las conclusiones y las nuevas experiencias que puedan surgir.
Ahora voy hacer un breve resumen de los fenómenos más destacados que se suceden en
el antiguo hospital del Tórax de Terrassa y una pequeña reflexión de como estas últimas
semanas han cambiado mi visión de los fenómenos supuestamente paranormales.


SUCESOS MÁS REPETITIVOS QUE SE SUCEDEN EN EL HOSPITAL

- Anomalías en los aparatos (Cámaras de vídeo, cámaras de fotografías, grabadoras de
audio, medidores ambientales, detectores de movimiento, teléfonos móviles, etc..)

- Cambios bruscos de temperatura y humedad

- Descargas de baterías

- Sensación de estar acompañado, observado, vigilado, incomodidad, intranquilidad

- Escuchar pasos y actividad de gente sin que haya nadie

- Portazos y golpes de ventanas que se suceden cuando no estás mirando (esto ocurre sin
viento)

- Sombras espectrales deambulando por el edificio

- Contacto físico por parte de algo invisible o de sombras negras

- Grabaciones de vídeo con extrañas presencias

- Obtención de psicofonías impresionantes, claras, fuertes e inteligentes

Todas las personas sin excepción ninguna, que se interesan por estos temas relacionados
con el misterio, empezaron por que deseaban buscar respuestas a los misterios que rodean
al ser humano. Años después cada uno a seguido su camino, unos están ubicados en los
medios de comunicación, otros siguen con sus investigaciones en sus ratos libres y otros
cansados de buscar y no encontrar nada convincente, han optado por pasar las horas
delante del ordenador criticando las investigaciones de los demás, ya que son de la
opinión que si ellos han buscado pruebas y no las han encontrado, es por que no existen.
Esta opinión me parece respetable ya que cada uno es libre de pensar y opinar como le
venga en gana, sin embargo desde hace unas semanas no estoy de acuerdo, ya que yo
mismo era bastante escéptico con respecto a todo esto, aunque no por ello dejaba de salir
a buscar respuestas. Había registrado cientos de psicofonías, había vivido alguna
experiencia extraña relacionada con alguna aparición o fenómeno de tipo poltergeist, pero
siempre habían sido cosas de muy corta duración que con el paso de los días me hacían
volver a dudar y continuar con mi escepticismo, pero sin duda lo que me planteó serias
dudas fueron los acontecimientos relacionados con el hospital del Tórax, las anomalías
vividas con los aparatos eran impresionantes, pero aun así me mostraba escéptico durante
mis primeras intervenciones radiofónicas, pensando que podría tener una explicación
racional.
Todo se balanceaba entre el escepticismo y la duda, hasta llegar a las últimas semanas de
investigación en el hospital, donde presencié en primera persona y siempre acompañado
por otras, cosas impresionantes, respuestas a mis preguntas y pruebas a mi falta de fe,
algunas de ellas registradas en audio y vídeo para poder cerciorarme de que todo había
sido real, además contaba con varias personas más que habían sido también testigos de
los mismos fenómenos.
No tenía, ni tengo la menor duda de que hay inteligencias que conviven con nosotros en
determinados lugares o quizás en todos, no lo se, lo que si se es que hay determinados
sitios donde se manifiestan de una forma mucho más abierta que en el resto de lugares y
el hospital del Tórax de Terrassa es uno de ellos.
Se que habrá muchos incrédulos y no los juzgo por ello, yo también lo era antes y es
lógico que si nunca has vivido nada de este calibre no te creas este tipo de experiencias y
las califiques de un modo despectivo o incluso se rían de ellas, pero los que alguna vez
han vivido algo así sabrán a lo que me estoy refiriendo.
Nada puede cambiar la realidad ni lo que pasó en esas semanas en el hospital del Tórax,
por mucho que se quiera decir lo contrario, nosotros sabemos lo que vivimos y como lo
vivimos y eso nadie nos lo podrá quitar jamás, además hemos conseguido algo que no se
puede pagar con dinero ni con joyas y haber es encontrar respuestas a esas preguntas que
TODOS nos hacemos y que fueron el motivo por el cual empezamos a interesarnos por el
misterio, por lo tanto somos unos afortunados privilegiados que contamos con el más
preciado premio, que es el haber encontrado esas respuestas y pruebas que buscábamos y
aunque solo nos sirva a titulo personal, os diré una cosa amigos ¿acaso no es ese el
objetivo que todo buscamos, el de encontrar pruebas que nos convenzan a nivel personal?


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