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miércoles, 28 de octubre de 2009

Akenatón o Ajnatón (Amenhotep o Amenofis IV) Faraón egipcio de la XVIII dinastía

Akenatón o Ajnatón (Amenhotep o Amenofis IV)
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Faraón egipcio de la XVIII dinastía (?, h. 1380 - ?, h. 1362 a.C.).
Fue sucesor de su padre, Amenofis III.
Es recordado como un faraón herético o revolucionario,
por cuanto, en un imperio esencialmente inmovilista,
se atrevió a introducir un nuevo culto
basado en la adoración del dios sol, Atón.
Dicho cambio, que entrañaba importantes consecuencias
en todos los órdenes de la vida de un Estado teocrático,
tenía una intención política, pues permitió al faraón
recuperar parte del poder que había ido perdiendo
en beneficio de los sacerdotes y de la burocracia civil.
En consecuencia, levantó una fuerte oposición,
que daría al traste con la reforma tras la muerte de Akenatón.
Casado con la bella Nefertiti,
accedió al trono a los 18 años.
En el quinto año de su reinado decidió romper con el orden establecido,
imponiendo la nueva religión y
cambiando su propio nombre de Amenofis por el de Akenatón
(el que es grato a Atón);
la capital fue trasladada a una ciudad nueva,
Aketatón (Tell-el-Amarna),
situada a medio camino entre las dos capitales tradicionales del Imperio,
Tebas (en el Alto Egipto) y
Menfis (en el Bajo Egipto).
La religión que trató de establecer se basaba en la superioridad de Atón
sobre los demás dioses del panteón egipcio,
lo que implicaba una tendencia monoteísta,
incluso si el propio faraón seguía siendo adorado como un dios,
intermediario privilegiado hacia el supremo Atón;
los templos de los demás dioses fueron cerrados,
sus propiedades confiscadas y sus símbolos destruidos
(especialmente los dedicados a Amón-Ra,
deidad predominante en la religión tradicional,
cuyos sacerdotes habían acumulado poder y riquezas).
Aquella reforma provocó una honda crisis económica,
al desorganizar las actividades que giraban en torno a los templos locales
y absorber grandes recursos para la construcción de la nueva capital
y los templos de Atón;
la centralización económica consiguiente a la expropiación
de los templos se vio acompañada de corrupción
y caos en la gestión.
Absorbido por las dificultades internas,
Akenatón descuidó la acción exterior,
permitiendo que creciera en Oriente Medio la influencia de los hititas
en detrimento de la de Egipto.
En cambio, en el arte, las consecuencias del cambio fueron muy positivas,
pues abrieron una época de mayor libertad
creativa (conocida como periodo de Amarna),
que se caracterizó por un cierto realismo.
Akenatón tuvo seis hijas, pero ningún hijo varón.
Le sucedió su yerno Tutankamón, en cuyo reinado
se desmontaron las reformas iniciadas y los sacerdotes de Amón-Ra
recuperaron su poder.

Abderramán I (o ‘Abd al-Rahmán)

Abderramán I (o ‘Abd al-Rahmán)
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Primer emir independiente de Córdoba (Damasco, 734 - Córdoba, 788)
Nieto del califa Hisham de Damasco,
fue uno de los escasos miembros de la dinastía Omeya
que consiguieron escapar a la matanza de Abú Futrus,
que llevó al poder a los Abasidas en el año 750.
Durante cinco años viajó huyendo de un lugar a otro del norte de África,
hasta encontrar refugio entre los beréberes de la tribu Nafza,
cerca de Ceuta, de la que era originaria su madre.
Con el apoyo de los sirios que habían servido a los Omeyas y
aún permanecían en España,
consiguió pasar a la Península: en el 755 desembarcó en Almuñécar
(Granada) y un año más tarde derrotó al emir Yusuf al-Fihrí
y tomó Córdoba, en donde fue proclamado emir independiente de Al-Ándalus.
Sus 32 años de reinado fueron bastante turbulentos,
con continuas rebeliones: una de ellas, encabezada por el antiguo emir,
acabó con la ejecución de éste en el 759.
Otra, protagonizada en el 777 por varios jefes árabes del nordeste peninsular,
contó con el apoyo de Carlomagno,
quien dirigió una expedición contra Zaragoza;
la ciudad, aunque tomada por los rebeldes,
no se entregó al rey de los francos,
y en la precipitada retirada, éste perdió su retaguardia,
mandada por el duque de Bretaña, Roldán,
bajo el ataque de montañeses vascos en el desfiladero de Roncesvalles
(gesta celebrada en la Chanson de Roland);
las divisiones entre los rebeldes permitieron que Abderramán
realizara una espectacular demostración de fuerza,
con una campaña militar que recorrió Navarra, Aragón y Cataluña.
Abderramán consiguió mantenerse en el poder con el apoyo de un buen ejército,
formado en su mayor parte por mercenarios beréberes;
consolidó así a la dinastía Omeya,
derrocada en Oriente, al frente de un emirato español
cuya organización calcó del califato oriental;
e inició la construcción de la mezquita de Córdoba,
que quedaría para la posteridad como símbolo
de aquel primer esplendor de la España musulmana.

miércoles, 14 de octubre de 2009

RESEÑA BIOGRAFICA DE CHARLES BAUDELAIRE

RESEÑA BIOGRAFICA
CHARLES BAUDELAIRE

Charles-Pierre Baudelaire, nace en París el 9 de abril de 1821. Tiene 6 años cuando su padre sexagenario, un sacerdote que había colgado los hábitos convertido en funcionario, muere. Su madre se vuelve a casar poco después con Aupick, un oficial que llegará a ser general comandante de la plaza fuerte de París. Él siempre sintió aversión por este padrastro.
Después de su bachillerato, rechaza entrar en la carrera diplomática con el apoyo de su padrastro. No quiere ser sino escritor. En gran perjuicio de su familia burguesa, frecuenta la juventud literaria del Barrio Latino. Un consejo de familia, bajo la presión del general Aupick, lo envía a las Indias, en 1841, a bordo de un navío mercante. Pero Charles Baudelaire no desea más que la gloria literaria y durante una escala en la Isla de la Reunión, deserta y vuelve a París a tomar, puesto que ha alcanzado su mayoría de edad, posesión de la herencia paterna. Se une a Jeanne Duval, una actriz mulata de la cual, a pesar de frecuentes desavenencias y numerosas aventuras, seguirá siendo toda su vida el amante y el sostén. Participa en el movimiento romántico, juega a ser dandy, y contrae deudas. Sus excentricidades son tales que su madre y el general Aupick obtienen en 1844 del Tribunal que sea sometido a un consejo judicial. Baudelaire, herido, no se repondrá de esta humillación. Privado de recursos, no cesará desde entonces de evitar los acreedores, mudándose, escondiéndose en casa de sus amantes, trabajando sin descanso sus poemas intentando mientras tanto ganarse la vida publicando artículos.
Una primera obra marca sus comienzos como crítico de arte. Loa a su amigo Delacroix, critica a los pintores oficiales. Ese mismo año, una tentativa de suicidio le reconcilia provisionalmente con su madre.
En 1846, descubre la obra de Edgar Poe, ese maldito de Ultramar, allende el Atlántico, ese otro incomprendido que se le asemeja, y, durante diecisiete años, va a traducirla y revelarla.
Su salud comienza a deteriorarse. Se ahoga, sufre crisis gástricas y una sífilis contraida diez años antes reaparece. Para combatir el dolor, fuma opio, toma éter. Físicamente, es una ruina. En la soledad orgullosa donde él se ha encerrado, dos luces: los escritos admirados de dos escritores todavía desconocidos, Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine, sobre su obra que se resume en una única recopilación. Las Flores del Mal, a lo que hay que añadir los poemas en prosa del Spleen de París, ensayos, (Los Paraísos Artificiales, estudio sobre los efectos del opio y del hachís), sus artículos de crítica y su correspondencia.
En 1866, durante una estancia en Bélgica, un ataque lo paraliza y lo deja casi mudo. Agoniza durante un año; amigos, para ayudarle a sobrellevar el dolor, acuden junto a su lecho a interpretarle Wagner. Se apaga a los 46 años, el 31 de agosto de 1867, en los brazos de su madre.

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